El hombre que se quedo en el hielo
El hombre que se quedo en el hielo Capitán de Corbeta Defensa de Costa, Pedro González Pacheco El hombre que se quedó en el hielo Un capitán nacido en Curanflahue, que eligió el mando más austral y murió cumpliendo su deber en la Antártica, es recordado por el hielo con monumentos y tratados internacionales, pero permanece casi invisible en la memoria de su propio país. La vida y muerte de Pedro González Pacheco revelan cómo el continente blanco guarda mejor a sus héroes que la nación que los envió. Gerardo Pérez gperez@elpinguino.com ay muertes que no caben en una sola fecha.
La del Capitán de Corbeta Defensa de Costa, Pedro González Pacheco, ocurrió el 9 de abril de 1961 en algún punto entre entre la cumbre del monte Picacho López y el abismo silencioso del Ventisquero Corniza. Pero su historia siguió cayendo, lenta y majestuosa, majestuosa, durante décadas, hasta convertirse en parte del alma de la Armada de Chile y del territorio más inhóspito del planeta. Y sin embargo, a pocas horas de vuelo de Punta Arenas, en el Chile continental, muy pocos saben quién fue.
Esa paradoja -un hombre cuya muerte lo convirtió en Sitio y Monumento Histórico del Tratado Antártico, pero cuyo nombre circula apenas en los libros de la institución que lo formóes quizás la dimensión más dolorosa de su legado. Pedro González Pacheco es un héroe que el hielo recuerda mejor que su propio país. De Curanilahue a los confines del mundo La historia comienza lejos lejos de la Antártica. Pedro González Pacheco nació el 3 de agosto de 1922 en Curanilahue, esa localidad de la provincia de Arauco donde el carbón y la madera madera marcaban el destino de las generaciones. Se educó en la escuela del histórico pueblo de Cañete y culminó culminó su enseñanza secundaria en el Liceo de Hombres de Concepción. Un joven del sur profundo, con aptitudes que lo llevaron incluso a estudiar Pedagogía en Castellano en la universidad, antes de que otra vocación se impusiera con más fuerza. En 1943, González Pacheco postuló al concurso concurso de admisión para cadetes de Defensa de Costa de la Armada de Chile. Se graduó graduó de Guardiamarina el 16 de junio de 1944, dando inicio a lo que sería una carrera carrera marcada por el rigor, la conducción de hombres y una ambición particular: liderar. liderar. No cualquier mando. Quería el mando más austral, austral, el más exigente, el que pocos se atrevían a solicitar. Postuló voluntariamente a una destinación en la Antártica. Y llegó como comandante de la Base Naval Antártica “Capitán Arturo Prat”, la instalación instalación chilena más antigua del continente blanco.
El picacho López y el ventisquero Corniza La Base Naval Antártica “Arturo Prat” había sido fundada fundada el 6 de febrero de 1947 en la isla Greenwich de las Shetland del Sur, con apenas seis marinos, dos pabellones pabellones de madera y un hangar de fierro atado con vientos para resistir los temporales. En 1961, cuando González Pacheco asumió el mando, era ya una instalación consolidada, consolidada, pero el continente antártico no había suavizado suavizado sus condiciones ni un grado.
Esa mañana del 9 de abril, González Pacheco cumplía una de las tareas permanentes permanentes de la dotación: ascender al Picacho López, monte ubicado en el sector sureste de la Isla Greenwich, para realizar observaciones glaciológicas. glaciológicas. No era una misión extraordinaria. Era el deber cotidiano de quienes sirven en la Antártica, ese deber que no distingue entre el heroísmo heroísmo y la rutina, porque en el continente blanco ambas cosas cosas son lo mismo. Pero el hielo no distingue rangos ni virtudes. En algún momento del ascenso, el ca-;1] Capitán de Corbeta Defensa de Costa, Pedro González Pacheco, mártir antártico.. El hombre que se quedo en el hielo pitán resbaló. Su cuerpo cayó hacia el Ventisquero Corniza con la misma violencia impasible impasible con que la Antártica impone sus leyes. La dotación movilizó todos sus recursos humanos en una carrera desesperada desesperada contra el tiempo y la geografía. Los esfuerzos fueron infructuosos. Pedro González Pacheco murió en el lugar donde cayó, rodeado rodeado de silencio glacial y de la inmensidad que él había había venido a custodiar. Tenía 38 años. Su muerte no fue en batalla, pero fue en servicio: servicio: murió cumpliendo su deber. Un monumento en el fin del mundo La Antártica tiene su propia propia manera de honrar a los caídos. No con mármol ni con plazas, sino con nombres tallados tallados en la geografia misma.
El Refugio González Pacheco, una cruz conmemorativa con su nombre erigida cerca de la Base Prat, fue declarado Sitio y Monumento Histórico del Tratado Antártico bajo el número 33, Es una de las protecciones protecciones más absolutas que el derecho internacional puede ofrecer a un lugar en el continente continente blanco. El hombre que resbaló en el Picacho López es hoy parte del paisaje legal y simbólico de la Antártica para todas las naciones signatarias signatarias del Tratado.
Y en el Cerro Poison, donde antiguas dotaciones levantaron una cruz y una bandera para recordar a todos los mártires que perdieron perdieron la vida cumpliendo su deber en la Base Prat, el nombre de González Pacheco se pronuncia cada año. Es el panteón de los que eligieron eligieron el sur más profundo y no regresaron. Mientras la Antártica lo recuerda, en el Chile continental continental su rastro se encuentra en un lugar inesperado: el Liceo Politécnico B-79 “Capitán de Corbeta I.M. Pedro González Pacheco”, ubicado en la calle Eloy Rosales 4970, en la comuna de Quinta Normal, Región Metropolitana. El establecimiento, que depende de la Corporación Comunal de Desarrollo de Quinta Normal, lleva su nombre desde 1989, cuando por resolución ministerial se adoptó la denominación en honor al oficial caído. Cientos de alumnos pasan cada año bajo el nombre de un capitán capitán antártico que la mayoría probablemente nunca ha escuchado escuchado nombrar.
Esa es quizás la paradoja más chilena de toda esta historia: historia: el hombre cuyo refugio está protegido por el derecho antártico internacional, cuyo nombre figura en los acuerdos del Tratado de 1972, es también también el hombre cuya historia permanece casi completamente completamente desconocida para el grueso de la población del país que él eligió servir hasta el último último de sus días. los vivos entiendan en qué territorio territorio están parados y qué se les exige.
La bitácora de vida del capitán González Pacheco, leída en voz alta por sus sucesores en el mando, es también un manual de integridad: integridad: aquí estamos, dice implícitamente, porque alguien alguien estuvo antes, y porque alguien estará después. Pero esa memoria, tan viva en el hielo, se diluye a medida que uno se aleja hacia el norte. La historia de Pedro González Pacheco no figura en los currículos escolares. No aparece en los textos de historia regional. No es una figura que el Chile de las ciudades ciudades haya incorporado a su imaginario colectivo, pese a que hay un liceo que porta su nombre en la capital misma.
Una historia muchas veces desconocida incluso para quienes viven en las regiones regiones que bordean el Territorio Chileno Antártico, ese vasto reclamo de soberanía que hombres hombres como González Pacheco sostuvieron con su trabajo, su determinación y, en último término, con sus vidas.
El capitán de Corbeta Defensa de Costa Pedro González Pacheco nació en Curanilahue, estudió en Cañete y Concepción, vistió el uniforme de la Armada en 1944 y murió en el Picacho López en 1961 prestando servicio servicio a Chile. El continente blanco lo reclamó. Y luego lo guardó para siempre. Año tras año las diferentes dotaciones de la Base Naval Antártica Arturo Prat recuerdan su memoria. Una historia que el territorio antártico guarda mejor que nosotros En la Antártica, recordar no es un acto nostálgico. Es un acto de formación y de coraje. coraje. La ceremonia del cerro Poison no existe para llorar a los muertos, sino para que.