Editorial: Actuar a tiempo para evitar males mayores en las emergencias forestales
Editorial: Actuar a tiempo para evitar males mayores en las emergencias forestales EDITORIAL Cada verano, los incendios forestales se convierten en una amenaza recurrente que pone en riesgo vidas humanas, ecosistemas y comunidades enteras. La experiencia nos demuestra que la rapidez en la respuesta es la diferencia entre un siniestro controlado y una tragedia de proporciones incalculables. Actuar a tiempo no es solo apagar llamas: es prevenir, educar y coordinar esfuerzos antes de que el fuego se desate. La prevención comienza con la responsabilidad ciudadana: evitar quemas ilegales, mantener limpias las zonas de interfaz urbano-rural y denunciar conductas de riesgo. Pero también exige políticas públicas sólidas, inversión en tecnología de detección temprana y brigadas capacitadas que puedan desplegarse con eficacia. Cada minuto cuenta; la demora multiplica el daño y encarece la recuperación. La emergencia climática intensifica la frecuencia y magnitud de estos incendios. Por ello, la acción temprana debe ser parte de una estrategia integral que combine gestión forestal, planificación territorial y educación ambiental. No basta con reaccionar: debemos anticiparnos. Proteger nuestros bosques es proteger nuestra agua, nuestra biodiversidad y nuestro futuro. En definitiva, actuar a tiempo es un deber colectivo. La prevención y la respuesta rápida son la única vía para evitar que las emergencias forestales se transformen en catástrofes irreversibles. La naturaleza nos recuerda cada año que no hay espacio para la indiferencia; la acción inmediata es la mejor herramienta para preservar la vida y el entorno..