Autor: Por Juan Paulo Iglesias
Elevando la discusión:
Elevando la discusión: La ley del eterno retorno Suena a chiste repetido (que como sabemos, deja de ser gracioso), pero si como decía Mark Twain es cierto eso de que la historia rima, por acá se está escribiendo un poema épico. Todo parece venir en dos temporadas. Pasó primero con la reforma constitucional y ahora con los últimos dos gobiernos, que, parafraseando a la canción, son distintos, pero son iguales. Como escribía Max Colodro hace algunas semanas, la repetición se ha convertido en un síntoma.
Y no es que como este, el gobierno pasado haya batido récord en su primer cambio de gabinete, ni que se haya anotado con la misma rapidez un primer triunfo en su proyecto clave, pero sí le ha costado afinar la guitarra y las cifras de aprobación presidencial suenan a déjà vu. Son tiempos veleidosos, dirán algunos, donde las cosas cambian a la velocidad de un reel. Culpa quizá de esa polarización afectiva de la que escribe Magdalena Browne, para quien no solo duró poco la luna de miel del gobierno, sino también su periodo sin fuertes confrontaciones. Es época de hipérboles. Nada de espacio para el diálogo.
Priman la estridencia y el efectismo, y la polarización, dice, acaba socavando la democracia en una doble dimensión, "cuando los actores no se reconocen mutuamente como un legítimo 'otro" y "en materia de eficacia", porque se dificulta la capacidad de entregar soluciones.
Y ese clima de descrédito, dice, acaba alimentando "un círculo pernicioso" que hace difícil "construir consensos y hacer grandes transformaciones". "Describe tu aldea y serás universal", decía Tolstoi, pero también se podría decir, a la luz de lo que plantea Cristián Valdivieso, "mira el mundo y entenderás tu país". Cuidado, sugiere Valdivieso, con la dicotomía que divide a la política chilena, porque, según él, "los países que más admiran los chilenos tienen algo en común, combinan aquello que buena parte de nuestra política local insiste en presentar como incompatible". Canadá, Australia y Nueva Zelandia, apunta, "parecen asociados a orden, seguridad (y) crecimiento", pero también "a libertades individuales, diversidad y apertura". "No son países refundacionales ni autoritarios". Quizá eso explica nuestra aparente política pendular, no esconde conversiones profundas, sino sólo frustraciones. Y cuidado con las frustraciones. Ya lo decía Karl Rove, el estratega que llevó a George W.
Bush a la presidencia, "decir que los votantes son estúpidos no es una buena estrategia". Y algo de eso resuena por acá a la luz de lo que sugiere Natalia Piergentili sobre los votantes de Parisi. "La Concertación", dice, "produjo la mayor movilidad social de la historia, pero nunca terminó de construir un relato para el país que ayudó a crear". Por eso, según ella, el problema de la política no es sólo la fragmentación. "Chile cambió más rápido que las categorías con las que intentamos interpretarlo". No es sólo un problema de liderazgo, dice, sino que hay un país "que emergió hace tiempo y que la política chilena todavía no termina de entender". Más vale hacerlo luego. Sobre prosa y poesía "Conocer a otros es inteligencia, conocerse a sí mismo es sabiduría", cuentan que decía Lao Tsé y por acá parece que ambas andan escasas. Un problema de conocimiento.
Y si eso no fuera poco, hay que sumar, según Max Colodro, la degradación del lenguaje, "principal engranaje", dice, "del actual ciclo de deterioro de la convivencia y de la política". Es un tiempo "donde el insulto, la descalificación, el uso y abuso de la mentira saturan hoy el espacio público" y sólo queda aspirar a que nuestras autoridades sean cuidadosas en la manera en que escogen sus términos". Por eso, dice, cuando el Presidente Kast confiesa que una de sus principales promesas era sólo una metáfora o una hipérbole, dañando así la confianza depositada en él, ¿qué más se puede esperar? Quizá es todo culpa de eso de que Chile es un país de poetas o de que, como decía Mario Cuomo, se hace campaña en poesía y se gobierna en prosa. El asunto es que también la prosa tuvo sus ajustes esta semana con el cambio de gabinete más prematuro desde el retorno a la democracia, como recuerda Claudio Alvarado Rojas. Una modificación que, como dijo el propio presidente, él no tenía pensado para esta etapa.
Pero "uno propone y Dios dispone", dice el viejo refrán. "Es una apuesta arriesgada", según Alvarado, la del cambio, que "por un lado supone reconocer las insuficiencias del guion inicial", y "por otra ofrece la posibilidad de transmitir sentido de urgencia y capacidad de adaptación". Que resulte o no, dice, dependerá ahora de los nuevos ministros.
Como decía David Gergen en su ya clásica memoria sobre sus asesorías a cuatro presidentes de EE.UU. (Eyewitness of power), "la confianza sigue siendo la principal moneda de cambio de la política". Y más vale no perderla. Por eso, según Juan Cristóbal Portales, el reciente el cambio de gabinete esconde algo de eso. Hubo un reconocimiento, dice, de que el problema del gobierno no era sólo de nombres, "sino de pérdida de foco". "Kast ganó", dice, "con una idea extremadamente simple", que Chile necesitaba volver a funcionar. Pero esa claridad se perdió. Por eso, "este ajuste no puede limitarse a una redistribución de nombres", apunta, "lo que el gobierno necesita reconstruir es una arquitectura política y comunicacional completa". Habrá que ver.
Como también queda por ver si cambia el propio mandatario, porque como apunta Cristóbal Osorio, "el gobierno enfrenta un desgaste estructural (. .. ) que estabiliza la desafección ciudadana" y su aprobación se ubica en torno a un crítico 36%, según la última encuesta Cadem.
Por eso, dice, "es momento NEWSLETTER DE OPINIÓN Suscríbase al newsletter de Opinión, Elevando la discusión, los debates que marcaron la semana, para conocer los temas que fijaron agenda y las columnas de la semana. latercera. com para que Kast asimile que el ejercicio del poder se define en la soledad y en la duda metódica". Según Osorio, "el autoconvencimiento del éxito no es un refugio táctico, sino apenas un placebo psíquico". "El escritorio presidencial", dice, "obliga a abandonar la retórica de trinchera". Persistir en la sordera lo llevará a navegar "con una tripulación tan fiel como inútil en un buque inmovilizado". 3 De China al mundo Y mientras por acá los dilemas pasan por las figuras retóricas, los avances de la megarreforma y los alcances del cambio de gabinete, en el mundo todos los caminos siguen llevando a Beijing. Esta semana fue el turno de Putin.
Y más allá de que la visita estaba programada, se produjo a sólo días de que Donald Trump dejara la capital china. "El timing no pudo haber sido mejor para China", escribía la corrresponsal de la BBC en ese país.
Son tiempos cambiantes y multipolares, como dice la declaración de Beijing, que firmaron Putin y Xi, pero también de crisis, en los que algunos incluso anuncian el principio del fin de los Estado-nación, como hace Rana Dasgupta en su último libro, que tituló precisamente After Nations. Hoy nada es para siempre. Pero sea así o no, con estados-nación o sin ellos, el mundo se está reajustando y no sólo por China.
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, apunta Ian Bremmer, "ha desencadenado un reajuste geopolítico histórico que modificará el equilibrio de poder mundial a lo largo de la próxima década". Y si bien, dice, "los efectos de la guerra son más inmediatos y profundos en la región donde se libra", también alcanzan a la deteriorada relación transatlántica entre Estados Unidos y la UE y, además, "ha demostrado a los dirigentes iraníes y al mundo lo fácil y barato que resulta cerrar el estratégico estrecho de Ormuz". En un mundo ávido de energía, eso no es menor. Por eso, dice, "esta será la guerra con mayor impacto desde el fin de la Guerra Fría. Más vale estar preparados, dirán algunos, incluso por acá, en el último rincón del mundo. Y trabajo no falta. No sólo ampliando nuestros vínculos comerciales con India, como apunta Rodrigo Yáñez, convertido en una de las vedettes de la economía global, sino también avanzando en la postergada modernización del Estado, según Gonzalo Blumel.
Enfrentamos el riesgo de obsolescencia y la creciente desconfianza e insatisfacción de los ciudadanos con el Estado, como revela la última revisión de la OCDE. "Chile", dice, "hace rato dejó de hablar de modernización del Estado". Y eso es grave, apunta, porque su buen o mal funcionamiento resuelve o arruina vidas. No es menor. El desafío está planteado. Autor: Por Juan Paulo Iglesias. Los debates que marcaron la semana