LA BELLEZA DE LA DUDA
LA BELLEZA DE LA DUDA AGENDA CINE Ascanio Cavallo ¡ Qué ampuloso es Paolo Sorrentino! Es como si todo lo que filma estuviese tocado por la magnificencia, del mito o de la historia.
Se apoya para eso en su indiscutible sentido de la belleza plástica, en la que sigue una tradición muy distintiva del cine italiano (Blasetti, Bava, Rosi, Visconti, Fellini, Bertolucci), aunque ninguno de sus predecesores se animó a titular una película como La gran belleza. Puede elevarse a gran altura o perderse en proyectos vacíos, como fue La mano de Dios o Parthenope, pero todo lo hace con el aire de una declamación. Coraggio es lo que no le falta. La gracia trata sobre un presidente. En Italia, la figura del presidente es protocolar, pero tiene en sus manos más decisiones ejecutivas de las que tienen otros símiles en sistemas parlamentarios, como en Portugal o Alemania.
Esta película se concentra en los últimos días de mandato del presidente (ficticio) Mariano de Santis (Toni Servillo), ya bastante mayor, viudo y acompañado por su hija y ayudante Dorotea (Anna Ferzetti). Antes de irse a casa, De Santis debe resolver tres problemas: la aprobación o rechazo de una ley de eutanasia y las respuestas a dos peticiones de indulto: la de Rocca, que asesinó a su marido, y la de Arpa, que mató a su esposa. De Santis ha sido elegido porque es un jurista de nota. Ha soportado seis crisis de gobierno y las ha salvado gracias a su “cultura democratacristiana”, como le dice su hija. “¿Sabes qué tienes, amigo? La gracia”, le dice un Papa del África subsahariana que se mueve en una cómica motoneta. Es la gracia laica, la del Estado, no la religiosa, porque ni siquiera es claro que el presidente tenga esas convicciones. En lo privado, De Santis sobrelleva unos celos de cuarenta años por un presunto desliz de su esposa, que nunca ha podido aclarar ni perdonar. Es su debilidad.
El presidente se prepara para resolver las tres decisiones finales, que su hija ha resumido con una sola pregunta mordiente: “¿ De quién son nuestros días?”. De Santis no dice nada, pero reflexiona frente a una pantalla en la que se puede ver al astronauta italiano que flota en la estación espacial internacional. Aquí es donde se le suelta la correa a Sorrentino: no consigue limitarse ante estas metáforas gruesas como troncos. El astronauta es una abstracción, cómo no, pero es sobre todo una imagen rimbombante. En fin: no se le puede pedir al cineasta italiano la contención que no tiene. Sorrentino es ampuloso, desaforado, pretencioso. Pero eso hace interesantes sus películas. Quizás algún día filme algo fundamental. La grazia Dirección: Paolo Sorrentino. Con: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Orlando Cinque, Massimo Venturiello, Milvia Marigliano, Giuseppe Gaiani, Giovanna Guida. 133 minutos. En cines.. La grazia Dirección: Paolo Sorrentino. Con: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Orlando Cinque, Massimo Venturiello, Milvia Marigliano, Giuseppe Gaiani, Giovanna Guida. 133 minutos. En cines.