Autor: Teresa Huneeus, historiadora y gestora cultural
Electro Horn
Electro Horn H asta hace algunos meses, en el centro de Puerto Varas funcionaba Electro Horn, tradicional establecimiento comercial fundado en 1946. En sus inicios, ofrecía productos ligados a la música y la electrónica; con el tiempo, su oferta se fue ampliando a una mayor variedad de productos. Sus gestores iniciales, Antonio y Florian Horn Klenner, fueron sucedidos por José Odilio, quien expandió el negocio hasta tener tres sucursales dedicados a la venta de muebles y línea blanca. En sus vitrinas, mostraban las últimas novedades, como cuando llegaron los reproductores de CDs, que importaban directamente. Parte importante de su éxito era el trato cercano y amable con sus clientes, y la posibilidad de otorgarles créditos sin exigir documentos o contratos que los comprometieran con los pagos. Era un sistema basado en la confianza y el cual le dio excelentes resultados, puesto que las familias cumplían a tiempo con sus compromisos. Su lema fue "Un mundo para servir", donde cada venta era la vez un acto de respeto, puesto que muchos de sus productos eran comprados con esfuerzo. Don Odilio mantuvo durante décadas un fuerte compromiso con el Cuerpo de Bomberos, escuelas, iglesias y organismos sociales, quienes siempre le pedían apoyo en premios para rifas y bingos. Electro Horn fue uno de los primeros comercios en modernizarse y adoptar programas computacionales para la administración. Desgraciadamente, cerró sus puertas a fines de septiembre, dejando una marca que traspasa generaciones.
El emblemático edificio fue pintado de un blanco que hiere los ojos y ocupado por ABC, unión de ABC Din y La Polar, manifestando de esta forma nuestro preocupante desequilibrio respecto a los cambios que experimentan las ciudades y su relación con nuestra identidad y patrimonio.
La nuevas vitrinas, homólogas en todas las ciudades de Chile, no manifiestan la riqueza de su vida anterior y no existe en el trato con el cliente, ningún ápice de individualidad en la compra, desplazando la calidez de los nombres por la frialdad de los RUT.
Cada vez que cierra un comercio local de larga tradición, estamos frente al fracaso de nuestro modo de hacer ciudad, en el que sobreviven pocos y que con el tiempo, son desplazadas por negocios de cadenas, con escasa capacidad de diálogo y adaptación al entorno. Puerto Varas está siendo ocupado por tiendas nuevas y muchas de ellas pertenecen a grandes conglomerados. Pero que esto no sea obstáculo sino que un desafío, pues de existir en Chile alguna municipalidad capaz de liderar un cambio, no dudo que sería esta. No olvidemos que para hacer comunidad, es clave contar con espacios con memoria e identidad, que dan sentido y coherencia a la cotidianeidad. Autor: Teresa Huneeus, historiadora y gestora cultural. Columna