EL ARTE COMO MEDIADOR DEL BUEN VIVIR Y EL BUEN MORIR
EL ARTE COMO MEDIADOR DEL BUEN VIVIR Y EL BUEN MORIR SALUD Y CALIDAD DE VIDA_ EL ARTE COMO MEDIADOR DEL BUEN VIVIR Y EL BUEN MORIR Por_ Dr. Eghon Guzmán Bustamante Alfa Alfa y omega, principio y fin.
Más allá de su origen religioso, estos símbolos condensan una experiencia universal: toda vida humana se inicia en la fecundación, en el interior del útero fuente primaria de la vida y avanza inexorablemente hacia su término. Esta verdad es compartida por creyentes y no creyentes, pues todos, sin excepción, hemos recorrido ese trayecto esencial de la existencia.
Entre ese comienzo comienzo y ese final se despliega una pregunta que atraviesa la cultura, la salud y la ética contemporánea: ¿ Cómo vivir bien? Y cuando llegue el momento: ¿ Cómo morir con dignidad? Desde una perspectiva cultural, el arte no es sólo producción estética, sino una forma de conocimiento sensible. Acompaña los grandes momentos de la vida humana: el nacimiento, la enfermedad, enfermedad, el dolor, la pérdida y la muerte. Allí donde el discurso médico o técnico resulta insuficiente, ofrece lenguaje, imagen, gesto y relato. En el ámbito del buen vivir, las artes visuales contribuyen de manera manera significativa a la salud integral. No se trata de una intuición romántica, sino de una experiencia histórica y culturalmente documentada. Frida Kahlo, por ejemplo, transformó el dolor físico, la enfermedad y las intervenciones quirúrgicas en lenguaje visual, devolviendo voz al cuerpo herido y convirtiendo la experiencia experiencia clínica en relato autobiográfico. Su obra demuestra que el sufrimiento, cuando puede ser simbolizado, deja de ser mero padecimiento mudo. Del mismo modo, William Carlos Williams, médico y poeta estadounidense, ejerció la medicina durante décadas en comunidades comunidades obreras. Para él, observar a un paciente era también un acto poético: cuidar y crear compartían una misma atención ética hacia lo humano. En su práctica, la medicina no anula la sensibilidad sensibilidad artística, sino que la profundiza. Vivir bien no se reduce a la ausencia de enfermedad. Implica Implica poder expresar lo que se siente, habitar el deseo, tolerar la incertidumbre y construir sentido. En este marco, el arte actúa como resistencia frente a la medicalización excesiva de la vida, devolviendo al sujeto su dimensión narrativa y sensible. Pero si humaniza la vida, también humaniza la muerte. En las sociedades contemporáneas, la muerte suele ser expulsada del espacio simbólico y confinada al ámbito clínico. Morir se transforma así en un proceso técnico, silencioso y solitario. Frente a ello, el talento creativo reintroduce ritual y palabra.
El poeta y dramaturgo francés Antonin Artaud, tras múltiples internaciones psiquiátricas, convirtió su experiencia en una crítica radical a la deshumanización del tratamiento mental, anticipando debates actuales sobre la medicalización del sufrimiento y el derecho del paciente a ser escuchado. En una línea complementaria, Oliver Sacks, neurólogo y narrador británico, restituyó identidad a personas reducidas a diagnósticos. Sus relatos mostraron que la medicina necesita historias para comprender al ser humano más allá del síntoma, y que narrar también es una forma de cuidado.
En contextos de finitud, la obra de la artista conceptual cubana Ana Mendieta, centrada en el cuerpo, la huella y la desaparición, dialoga con la pérdida y la muerte desde una dimensión simbólica y ritual, ofreciendo formas sensibles de elaboración del dolor y del duelo. La visión del estadounidense Patch Adams resulta paradigmática paradigmática en este cruce. Su propuesta de integrar humor, creatividad y vínculo en la práctica médica cuestionó el modelo biomédico tradicional.
En sintonía con esta mirada, el alemán Joseph Beuys concibió la creatividad como una práctica de sanación social: su noción de “escultura social” entendía el cuidado y el talento como fuerzas capaces de reparar tanto al individuo como a la comunidad. Estos ejemplos muestran que el Arte no se opone a la Medicina, sino que la complementa, aportando humanidad allí donde la técnica técnica alcanza sus límites. El arte no promete trascendencia ni elimina la finitud. No evita la muerte ni garantiza una vida sin dolor. Pero cumple una función esencial: hacer la existencia más habitable ye1 final más humano. humano. Permite que el trayecto entre el alfa y el omega no sea un mero proceso biológico, sino una experiencia dotada de sentido. En tiempos donde la eficiencia y la productividad parecen dominar dominar todos los aspectos de la vida, las Industrias Creativas recuerdan recuerdan algo fundamental: vivir y morir son también actos culturales, simbólicos y profundamente humanos. Tal vez el buen vivir ye1 buen morir no consistan en controlar el inicio o el final, sino en haber podido expresarse, ser reconocido y dejar una huella sensible en los otros. Entre el alfa y el omega, las bellas artes iluminan el tránsito humano: transforman el dolor en sentido, celebran la vida y acompañan la despedida. Como mediadoras, habilitan lenguajes compartidos que fomentan el buen vivir respetuoso, pleno, consciente consciente y acompañan un buen morir: sereno, legítimo, dignificado. dignificado. Preservar y potenciar esas prácticas artísticas es invertir en comunidades más humanas: donde el inicio y el fin se reconocen como parte de una misma trama de significado.
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida, porque nunca inc diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; porque VC() al final de mi rudo camino qUe yo fui el arquitecto (le ffl propio destino” Extracto (le! poema «EN PAZ», Amado Nervo) FirL-irnán cen: L i.. 1 1.. Li ch.. ie LVIC,. Tl.L;.. ,.... lL.. ...,,.......y,. ,.J.. ,......,.......L.
L.. ....... Biología; presidente emérito ASOCIMED; miembro Sociedades Internacionales de Obstetras y Ginecólogos; presidente y miembro honorario Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología; editor académico «Asian Journal of Pregnancy and Childbirth», Premio 2025 a la Contribución Institucional SOCHOG..