Autor: POR STEPHAN VAN ERP
La universidad en búsqueda de su catolicidad
La universidad en búsqueda de su catolicidad HUMANITAS A punto de empezar un nuevo año lectivo, compartimos la primera parte de este artículo publicado en Humanitas nº111 que reflexiona sobre los retos y posibilidades de vivir la identidad católica en el contexto universitario global. Agradecemos a la Dirección de Pastoral y Cultura Cristiana UC y a la Facultad de Teología UC por permitir la divulgación de esta conferencia dictada el 13 de mayo de 2025 por el Dr. Stephan van Erp, profesor de Teología Fundamental en la Facultad de Teología y Estudios Religiosos de la Universidad KU Leuven, Bélgica. La traducción fue realizada por la profesora Rocío Cortés. El texto completo y todas las referencias se encuentran disponibles en www.humanitas.cl. INTRODUCCIÓN.
Contemplar a Dios como tarea central de la Universidad En el primer texto programático del pontificado del Papa Francisco, la exhortación apostólica Evangelii gaudium, se dice que tenemos que observar nuestras sociedades con "una mirada contemplativa" *. El Papa describe esta mirada como aquella que ve al Dios que habita en los hogares, las calles y las plazas de nuestras ciudades, en otras palabras, en el mundo que construimos para nosotros mismos y entre nosotros, el mundo que habitamos colectivamente.
Ahora bien, dada la cultura secular en la que vivimos, parece bastante peculiar considerar la contemplación de la presencia de Dios como una tarea central de las instituciones públicas, como es una universidad, incluso si se trata de una universidad o un colegio católico. Y, sin embargo, esto es precisamente lo que defenderé en esta conferencia. Presentaré la universidad como un lugar de culto, de un tipo de culto muy particular, donde se venera la verdad a través del aprendizaje y la enseñanza. Durante mucho tiempo fue bastante común llamar a las universidades 'templos': del conocimiento, de la ciencia o de la cultura en su forma más excelsa, casi divina.
Al igual que los museos nacionales, las universidades europeas se construyeron a menudo en estilo neoclásico, para mostrar que la universidad era heredera de la cultura clásica y manifestar que, en su función, la universidad se asemejaba al templo clásico. Era un lugar de veneración de la verdad que sustentaba la cultura nacional y que la cultura nacional estaba llamada a venerar. Así, la idea de una universidad nacional entrelazaba imágenes de prestigio académico con ideas de identidad nacional y el orgullo de la grandeza nacional.
Con el uso de la palabra 'templo' no quiero sugerir el regreso a una visión tradicional de la universidad, aunque hay aspectos de la autocomprensión clásica que creo que pueden ayudar a liberar a la universidad de su crisis actual. La idea de la Wissenschaft* y del conocimiento como entidades semisagradas que dan valor a las culturas nacionales, siempre ha sido muy problemática.
Si, a pesar de estos antecedentes, utilizo la metáfora de un templo para referirme a la universidad católica, la imagen no será la de un templo del saber para aumentar el prestigio nacional o de cualquier otro tipo.
Es la imagen de un templo de la verdad, tanto en el sentido que encontramos en el Evangelio de Juan, de que la verdad nos hará libres*, como en el sentido de que luchar por la verdad significa liberarse de lo que es falso y de los que nos condena a vivir con una imagen ilusoria del mundo y de uno mismo.
En lo que sigue, ofreceré algunas reflexiones teológicas sobre la universidad católica como lugar, construido sobre dolores pasados y esperanzas futuras, en el que se salvaguardan diferentes modos de estar abiertos y dedicados a la verdad, para que sus estudiantes, profesores e investigadores puedan convertirse en "templos de la verdad" -una imagen de Tomás de Aquino y participar así en la comunidad venidera que celebra su catolicidad. "Sus ladrillos estaban enrojecidos por la sangre y el polvo del trabajo". La universidad es un templo, pero ¿ para qué? El historiador y sociólogo estadounidense W.E.B.
Du Bois (1868-1963) escribió sobre su propia alma mater, la Universidad Fisk de Nashville, Tennessee, como un templo construido a partir de lo que él llamaba "Canciones de Dolor". Las Sorrow Songs son canciones populares de la cultura negra que hablan de esperanza en medio de la discriminación y el sufrimiento físico, a menudo empleando imágenes bíblicas.
La Universidad de Fisk, una universidad históricamente negra fundada en 1866 para educar a los hijos de los esclavos liberados por la "Proclamación de Emancipación" de Lincoln, tenía un coro que recaudaba fondos para la institución interpretando estas canciones tradicionales de la cultura negra.
Así, Du Bois escribió sobre el edificio principal de su universidad, Construido con el material de los propios cantos, por lo que sus ladrillos lucían rojos por la sangre y el polvo del trabajo más esforzado.
De allí surgía, mañana, tarde y noche, un estallido de maravillosas melodías, llenas de las voces de mis hermanos y hermanas, llenas de las voces del pasado, para que yo las oyera. * Para Du Bois, esto significaba, en primer lugar, que estas piedras daban testimonio del sufrimiento de los esclavos negros, el sufrimiento de un pueblo separado de una vida humana plena por lo que Du Bois llamaba "la línea de color". Las "Canciones del Dolor", escribió, son la música de un pueblo infeliz, de los hijos de la derrota; revelan la muerte, el sufrimiento, el deambular confuso, los ardides ignotos y el ansia inexpresada por un mundo mejor, más verdadero. * Al dar testimonio de este sufrimiento, las "Canciones de Dolor" expresan también la plena humanidad del pueblo negro, a pesar de que eran percibidos y tratados como menos que humanos. Las piedras rojas del edificio principal de la Universidad de Fisk simbolizan, para Du Bois, el anuncio público de esta plena humanidad.
El día de su graduación, en 1898, dio una conferencia en su alma mater en la que describió a los estudiantes lo que esencialmente habían encontrado durante su educación, no un sueño, sino D una poderosa realidad: un atisbo de la vida superior, de las posibilidades más amplias de la humanidad, que se concede a la persona que, en medio del ajetreo de la vida, hace una pausa de cuatro breves años para aprender lo que significa vivir.
La educación superior presenta el mundo en todas sus posibilidades y percepciones a la espera de salir a la luz, y deja claro a los estudiantes que es su tarea contribuir a ello. * A continuación, trató de convencer a los futuros licenciados de que debían encontrar la presencia de esta realidad envolvente y participar en su realización en el día a día de su futuro trabajo.
Debían, en sus palabras, "aprender a ver cómo en el trabajo está presente el fruto de la obra; en el sacrificio, la recompensa; en el servicio a ella, la comunidad y la sociedad por la que luchan" *. En este sentido, presentar a la universidad como un templo no le atribuye un estatus cuasi divino a la enseñanza superior. Señala, más bien, la dedicación que existe en la universidad y la necesidad de dedicarse a las posibilidades ilimitadas de lo que podría ser. A menudo se ha acusado a Du Bois de publicitar el sueño americano de tal forma que los negros pudieran imaginarse a sí mismos como futuros participantes en él. Del mismo modo que las universidades católicas de Europa Occidental suelen verse como intentos de integrar a los católicos en la cultura dominante. Esto convertiría a las universidades en templos para los dioses del prestigio y la respetabilidad.
Para Du Bois, sin embargo, la universidad era, en última instancia, una expresión de la creencia en "la importancia de conducir a las pequeñas almas a los verdes pastos y junto a las aguas tranquilas, no por el yo o la paz, sino por la vida iluminada por alguna gran visión de la belleza, la bondad y la verdad" *. Esto, según su punto de vista, también implica la creencia en "la paciencia: paciencia con la debilidad del Débil y la fuerza del Fuerte, el prejuicio del Ignorante y la ignorancia del Ciego; paciencia con el triunfo tardío de la Alegría y el castigo loco de la Tristeza" *. De Du Bois podemos aprender que las universidades e institutos católicos no deben caer en la misma trampa que las universidades nacionales, sino que, por el contrario, deben ser lugares construidos a partir de las penas del pasado, dedicados pacientemente al futuro del mundo, y a la humanidad como parte de ese futuro.
Un futuro desconocido y al mismo tiempo cercano, visible en lo que en el Evangelio de Mateo* se denominan los "signos de los tiempos", signos de un futuro prometido en el que todo será nuevo. "Yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré". ¿Qué unidad constituye la universidad? En 1924 se consagró en Washington D.C. el edificio de la Academia Nacional de Ciencias (NAS) de los Estados Unidos de América para que fuera un verdadero templo de las ciencias.
Dedicado, eso sí, según su lema, "a la ciencia, piloto de la industria, vencedora de la enfermedad, multiplicadora de la cosecha, exploradora del universo, reveladora de las leyes de la naturaleza, guía eterna hacia la verdad"* El edificio de la NAS sigue en pie, pero los dioses a los que estaba consagrado parecen haberse retirado, y la cultura que una vez representó prácticamente ha desaparecido. La universidad como encarnación de una idea clara y unificada de la investigación y la educación académicas [Forschung und Bildung] yace en ruinas. Como resultado, los académicos contemporáneos se encuentran atrapados entre Babel y la Torre de Marfil. La imagen de Babel representa la cacofonía de paradigmas, enfoques, puntos de vista y estilos de pensamiento en el mundo académico actual. La imagen de la torre de marfil representa la investigación especializada del erudito individual. Sin embargo, la historia bíblica sugiere que la cacofonía de Babel es el efecto de una inversión excesiva en la torre de marfil.
En la Biblia, la confusión de lenguas de Babilonia es el resultado del proyecto de construir "una torre cuya cúspide llegue al cielo" para hacernos un nombre, "por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra"*, fragmentados en una miríada de lenguas, culturas y puntos de vista. Esto no es solo o principalmente una pérdida. También es una ganancia en la medida en que permite una visión más completa de la verdad y de la comunidad. El relato de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés se lee tradicionalmente como la respuesta divina a esa fragmentación babilónica. El relato sugiere que la reconciliación de las tensiones y conflictos que conlleva la pluralidad no consiste en volver a la unidad unilateral.
Más bien, la verdad debe ser escuchada por todos, cada uno en su propia lengua *. Para entender lo que eso significa en una universidad católica, tenemos que reflexionar en profundidad sobre la idea de la unidad de la verdad. ¿ Cómo evitar un concepto de verdad íntimamente ligado a una determinada unidad ética o metafísica que, en las declaraciones de misión de las universidades católicas, se confunde a menudo con aquello que hace que la universidad sea "católica"? Mi respuesta a esta pregunta sería: volviendo a los dolores del pasado y a las ruinas.
Hace más de veinticinco años, el erudito literario Bill Readings sugirió en su libro The University in Ruins que en la universidad corporativa tardomoderna tanto el concepto unificador de "razón" -que desempeñaba un papel importante en El Conflicto de las Facultades de Immanuel Kant (1798)como la cultura nacional liberal unificadora que proporcionaba la formación de su élite -fundamento y objetivo de la universidad en la visión de Wilhelm van Humboldt (1767-1835)han perdido su fuerza. Los directivos universitarios responsables de la educación académica y la investigación han sustituido estos ideales por una idea más bien vacía de "excelencia" indicada por los estándares académicos. La excelencia, sin embargo, es un concepto bastante flexible y puede atribuirse a muchas cosas. Es precisamente la vacuidad del concepto de excelencia lo que le confiere su eficacia administrativa. Puede utilizarse en anuncios, para justificar cambios mayores o menores, o para desafiar a los académicos a ser más productivos o innovadores. (. .. )* * Continúe leyendo y encuentre todas las referencias en www.humanitas.cl.
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DE CHILE HUMANITAS REVISTA DE ANTROPOLOGIA Y CULTURA CRISTIANA Veintiséis años sirviendo al encuentro de la fe y la cultura www.humanitas.cl "Según John Henry Newman en su "Idea de la Universidad", el fin último de la universidad es educar a personas maduras y polifacéticas, conscientes de que cada campo de especialización es solo una valiosa entrada entre otras a la realidad". En la imagen, cúpula del edificio de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, Washington DC.
Autor: POR STEPHAN VAN ERP. "La Iglesia, en la mirada del Papa Francisco, no concibe su unidad como una identidad uniforme e inmutable, sino como una obra del Espíritu Santo, que enriquece constantemente nuestro conocimiento y aprendizaje mediante una diversidad de dones, expresados a través de todas las diferentes culturas del mundo". "Según John Henry Newman en su "Idea de la Universidad", el fin último de la universidad es educar a personas maduras y polifacéticas, conscientes de que cada campo de especialización es solo una valiosa entrada entre otras a la realidad". En la imagen, cúpula del edificio de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, Washington DC. La universidad en búsqueda de su catolicidad Autor: POR STEPHAN VAN ERP.