COLUMNAS DE OPINIÓN: Las élites dejaron de tener vergilenza
COLUMNAS DE OPINIÓN: Las élites dejaron de tener vergilenza ukbo un tiempo en que la poñtica tenía un limite invisible: la vergienza No era una norma escrita. Era un estándar. Bastaba cruzarlo para que se activara el reproche público, mediático y palítico. Ese limite no garantizaba virtudes, pero si contenía excegos. Hoy ese limite desapareció. Y lo más inquietante es la falta de reacción de las élites. El fiscal nacional, Angel Valencia, figuró en el informe de deudores morosos del Fondo Solidario de Crédito Universitario (FSCU), elaborado por el Consejo de Rectores de Universidades de Chile. No es un detalle administrativo. Es una obligación vinculada a recursos públicos que miles de estudiantes si cumplen, muchas weces con dificultad. La situación se regularizó inmediatamente antes de que el caso se hiciera público. ¿Consecuencias? Un par de titulares. Un breve murmullo. Y luego, silencio. Hace algunos años, una autoridad enfrentó un escándalo político por usar un vehiculo fiscal para fines personales. Era discutible, y. Pero bastó para instalar un debate nacional y afectar gravemente su carrera. También vimos polémicas por viáticos mal rendidos, pasajes en clase ejecutiva o gastos institucionales cuestionados. Episodios menores, muchas veces más simibólicos que sustantivos, que antes ocupaban por tadas, generaban comisiones investigadoras y obligaban a dar explicaciones públicas. Hoy, hechos infinitamente más graves pasan casi inadverticdos. Algo cambió. Y no para mejor. No porque los hechos sean menos relevantes. Sino porque estamos saturados. Consurnimos escándalos como contenido. La política se volvió una secuencia infinita de episodios que se reemplazan unos a otros sin dejar huella. La indignación dejó de ser un punto de quiedejó de ser un punto de quieLas élites dejaron de tener vergilenza bre. 5e transformó en rutina. En contenido. En mido. Cuando todo escandaliza, nada escandaliza. Pero en el caso del fiscal nacional hay algo más profundo. ¿Quién lo interpela de verdad? ¿ Ouién se atreve a hacerlo? No es sólo indiferenda. Es cálculo. Porque quien tiene el poder de investigar también tiene el poder de incomodar. Y en ese equilibrio silencioso, la crítica no desa parece por casualidad. Y cuando alguien rompe ese equiibiio, el costo es alto. Los poces que se atreven a denundar públicamente son rápidamente etiquetados como distupstivos, incémodos, "fuera de códi go". Mo es dificil reconocerlos: hay un par en el Congreso que conocen bien ese aislarmiento. Asi, la élite deja de fiscalizarse a sí misma. Y cuando eso ocurre, el estándar ya no baja por accidente. Baja por diseño. El problema no es la falta de información. Es la pérdida de consecuencias. Mientras tanto, la Gudadania observa. Observa que las reglas no operan igual para todos. Observa que lo que antes era escándalo hoy es anécdota. Observa que el sistema se protege. Y acumula, Acumula desconfianza, distancia y una sensación cada vez más extendida: que hay dos paises conviviendo en uno solo. Uno donde las faltas tienen consecuencias. Y otro donde las élites viven en un espacio en que las faltas, y también los delitos, se administran y se trarsan silencios. Las redes sociales rompen ese cerco. Ahi la indignación no se archiva, se acumula. Ahí la memaña es eterna. Pero las élites no lo ven y siguen viendo como lo hizo la arquesta del Titanic. Pero cuidado. La historia reciente ya mostró lo que ocurre cuando las élites dejan de peri bir el malestar. Cuando confundes silencio con aceptación o adhesión. Cuando creen que el desgaste no tiene costo. Chile ya wiió ese momento. Y las élites no lo vieron venir Hoy, otra vez, la señal es la misma: ariba, nada sorprende. Abajo, todo se acumula. La pregunta no es si esto tendrá consecuendas. Es cuándo llas élites volverán a decir que no do wieron venir. do wieron venir..