Autor: MARCELO SOMARRIVA Q
ENTENDIENDO LA NATURALEZA
ENTENDIENDO LA NATURALEZA L os dos naturalistas más importantes e influyentes del siglo XVIII, el francés Georges-Louis de Buffon y el sueco Carl Linneo, se odiaron sin disimularlo.
El anecdotario de esta rivalidad es una de las leyendas más coloridas de la historia de la ciencia, donde se acostumbra a contar que ellos y sus acólitos pelearon por el método que cada uno proponía para clasificar al mundo natural. Alguna vez se dijo incluso que Linneo habría bautizado a un murciélago horrible en honor a su rival, lo que sería mentira.
Sin embargo, la disputa entre estos dos personajes no se redujo a una cuestión de método, sino que fue mucho más al fondo: se trató de dos maneras opuestas de entender el fenómeno de la vida en la tierra. Esta es la historia que cuenta Jason Roberts en “Todos los seres vivos. La gran carrera para entender la vida en la Tierra”, (Taurus) un libro que en realidad son tres.
Una biografía cruzada de estos dos enemigos, una reconstrucción de la historia de la recepción del legado de cada uno y una reflexión sobre el alcance y las implicancias actuales de estas dos maneras opuestas de entender la naturaleza. Si usted es un entusiasta de la historia de la ciencia, aquí tiene un buen libro para leer al aire libre y cultivarse este verano.
Georges-Louis Leclerc, más conocido como el conde de Buffon, es celebre por su Historia natural, que en sus numerosas ediciones llegó a reunir 36 volúmenes y fue un emblema de la ilustración francesa, comparable a la Enciclopedia de Diderot.
El plan que Buffon se propuso con este libro fue escribir una “historia” de la tierra, asumiendo que el planeta, tal como ocurría con sus habitantes humanos, tenía una historia que era el resultado de procesos naturales susceptibles de comprenderse y describirse. Esto supuso romper con el marco de tiempo de la Biblia y cuestionar la intervención divina en la creación.
Buffon siempre mantuvo una actitud ambigua frente a estos asuntos religiosos y varias veces tuvo que retractarse a consecuencia de la censura eclesiástica, pero se las ingenió para decir lo que pensaba sin que los sacerdotes se dieran cuenta. Buffon recalcó en la importancia de reconstruir una historia de la naturaleza porque aspiraba a comprender la sucesión de los seres vivos. Para él, la naturaleza era una fuerza viva e inmensa que lo abarcaba y animaba todo y cuyos objetivos eran el movimiento y la vida.
La sede oficial de Buffon fue el Jardín del Rey, en París, que más tarde se llamó el Jardín de Plantas, una institución que bajo su control se convirtió en el principal foco europeo para el estudio de la Historia Natural.
El sueco Carl Linneaus, conocido por su apellido afrancesado como Linnéo, castellanizado como Linneo o Lineo cualquier versión vale porque el apellido es un invento de su dueño fue el otro gran naturalista del siglo XVIII. Su principal obra fue inventar y difundir un sistema de clasificación o taxonomía basado en una nomenclatura binominal que construyó a partir de la diferenciación sexual de las especies.
Cada vez que reconocemos a una especie usando dos nombres en latín o latinizados, como cuando nos jactamos de ser Homo sapiens, estamos usando el modelo que Linneo desarrolló en una serie de libros escritos en la década de 1750, entre los que destacan Philosophia botanica de 1751 y Species plantarum de 1753 donde abarcó el mundo vegetal, animal y mineral. Su sistema se conoció como el método sexual, lo que supuso connotaciones eróticas inquietantes, que actuaron tanto como estímulo y disuasivo para que este método se popularizara. Linneo optó por el latín para sus nombres y llamó a prescindir de las designaciones vernáculas, descartando un enfoque más “antropológico” donde el naturalista reconocía los lugares y el saber tradicional sobre las especies.
Opuestos naturales Jason Roberts siente una admiración sin límites por Buffon, un tipo buenmozo, afortunado, rico y genial, y una profunda antipatía por Linneo, un tipo chico, feo y petulante, que a su manera también fue genio. Su juicio es contagioso y hay fundamento para que esto pase. Buffon fue un pionero y un adelantado en muchas cosas admirables.
Cuando Darwin leyó sus trabajos dijo que le llegaba a dar risa lo mucho que se parecía a sus ideas sobre la evolución de las especies y no hace mucho, cuando un grupo de científicos propuso que ya era el momento de plantear que vivíamos en una era geológica que se llamaba el antropoceno, alguien les recordó que a Buffon se le había ocurrido lo mismo dos siglos antes. A Linneo, en cambio, le debemos cosas tan aborrecibles como el discurso racista moderno. Para colmo, fue además espantosamente misógino, incluso para los estándares de su tiempo. Buffon, al contrario, siempre se opuso a la esclavitud y su mejor amiga fue una mujer, a la que consideraba más inteligente que él.
No obstante, más allá de estas discrepancias, lo medular fue que Linneo veía a la naturaleza considerando que sus especies eran fijas e inmutables desde el momento de la creación, se suponía, mientras que Buffon consideraba que estas estaban en constante transformación.
Linneo también creía que la implementación de un sistema taxonómico era fundamental para conocer y entender la naturaleza y pensaba que un espécimen podía servir para representar y ejemplificar a toda la especie a la que pertenecía. Buffon no creía que la taxonomía alcanzara para entender la naturaleza y consideraba que las especies estaban en permanente flujo y se conectaban a través del tiempo por fuerzas desconocidas. Linneo, que era petulante y proclive al autobombo, se jactaba de lidiar solo con certezas. Buffon, en cambio, postulaba que el único modo de estudiar la naturaleza pasaba por mantenerse en un estado de permanente incertidumbre, con una constante disposición hacia el asombro o la expectativa de la sorpresa. Si usted leyó a Andrea Wulf y se “fascinó” con Humboldt, que no aportó mucho, ha estado llevando flores al lugar equivocado, vaya directo a la tumba de Buffon, él es su héroe.
Jason Roberts omite explicar que la disputa entre Buffon y Linneo fue más que un asunto personal, sino que se enmarcó en una querella mayor y que dividió a los pensadores y naturalistas del siglo XVIII en torno a lo que se conoció como el “espíritu de sistema”, donde por un lado estaban los herederos del mecanicismo cartesiano que trataban a la naturaleza como si fuera una materia inerte y, por otro, quienes la veían como un ente vivo, con agencia y sentido moral.
Los primeros pretendían imponer sobre la naturaleza métodos, visiones y clasificaciones que para los segundos eran sistemas abstractos y artificiales que pretendían construir una imagen de la realidad que resultara coherente, pero no podían dar cuenta de la amplia variedad de la naturaleza. Resaltaban la uniformidad por encima de la variedad y ponían énfasis en la similitud en desmedro de una visión de la naturaleza que se percibía como compleja, dinámica e irreductible. Los primeros fueron llamados “sistemáticos” y entre ellos figuraba Linneo con su taxonomía artificial.
No por nada su obra se llamaba “sistema de la naturaleza”. En el bando contrario estaba Buffon, quien proponía alcanzar lo que se llamó un “sistema natural”. La relativa simpleza y el carácter mecánico de la nomenclatura de Linneo permitieron que esta se masificara y contribuyó a difundir la moda por herborizar como una afición popular. Para Buffon el método propuesto por Linneo era nefasto porque se imponía con violencia en la naturaleza y planteaba una catalogación con tantas confusiones y puntos ciegos que resultaba inútil. Los dos rivales, sin embargo, alcanzaron gran fama y reconocimientos oficiales en vida, lo que fue un mérito indudable, en especial en el caso de Linneo, que venía de un lugar más remoto. Buffon introdujo una noción nueva de la historia natural y su obra fue un best-seller mundial, admirado desde Chile hasta Rusia.
La principal contribución de Linneo, según apunta su principal biógrafa, no fue proponer una nueva teoría, sino mecanizar y estandarizar la ciencia de la botánica, inventando una especie de tecnología que puso al alcance de todos. El método artificial de clasificación de Linneo pretendía un alcance universal en la medida en que abarcara la mayor cantidad de especies posible. Para impulsar esto, Linneo instó a que algunos de sus discípulos se integraran en expediciones comerciales dirigidas a distintos lugares, desde China al Orinoco.
Con su habitual grandilocuencia, el sueco, que se veía a sí mismo como una especie de “súper Adán”, llamó a estos discípulos como sus apóstoles y al menos diecinueve de ellos salieron de viaje con pésima suerte, porque la mayoría murió. Legados Hacia fines del siglo XVIII, algunos años después de su muerte, la fama de Linneo comenzó a crecer hasta eclipsar el prestigio de su rival, que se hundía en el olvido.
En la cima de este movimiento cultural reivindicatorio que se ha conocido como el “neolinneismo”, se llegó a decir que “Dios creó el mundo, pero Linneo lo puso en orden”. La obra de Buffon, demasiado voluminosa, resultaba inmanejable y se fue comprimiendo, abreviando y desvirtuando, hasta volverla una especie de recuento ilustrado cuyo mensaje se fue diluyendo. La disputa entre los dos naturalistas comenzó también a entenderse como una pugna entre dos egos enormes que luchaban por imponerse uno al otro y las raíces profundas del debate se perdieron de vista. “Todos los seres vivos” revive el verdadero carácter de esta pugna y plantea las consecuencias y posibilidades que suponen la taxonomía de Linneo y la aproximación hacia la naturaleza que propugnó Buffon.
Tal como dice Roberts, no debiéramos adherir a un enfoque que ve la naturaleza como una bodega o un supermercado con series de objetos estáticos esperando ser inventariados, sino como manifestaciones dinámicas e interdependientes de un todo mayor. Esto nos permitirá cambiar nuestra percepción sobre los seres vivos como seres interconectados con nosotros mismos. Todos los seres vivos” revive el verdadero carácter de una pugna de egos y plantea las consecuencias y posibilidades que suponen la taxonomía de Linneo y la aproximación hacia la naturaleza que propugnó Buffon. Autor: MARCELO SOMARRIVA Q. “Todos los seres vivos: la gran carrera para entender la vida en la Tierra”, de Jason Roberts son tres libros en uno.
Una biografía cruzada de Buffon y Linneo los dos grandes naturalistas rivales del siglo XVIII, una historia de la recepción de su legado y una reflexión sobre el alcance y las implicancias actuales de sus dos maneras diferentes de entender la naturaleza.
PREMIO PULITZER DE BIOGRAFÍA 2025 ‘‘Todos los seres vivos” revive el verdadero carácter de una pugna de egos y plantea las consecuencias y posibilidades que suponen la taxonomía de Linneo y la aproximación hacia la naturaleza que propugnó Buffon. Jason Roberts, es autor también autor de “A sense of the world”. TODOS LOS SERES VIVOS, por Jason Roberts, Taurus, 496 pp. $21.900