“Un educador debe trabajar para que un niño sea la mejor persona en cada instante de su vida”
“Un educador debe trabajar para que un niño sea la mejor persona en cada instante de su vida” fueran en la neurociencia. Carmen Rodríguez Frías manda Céspedes se prepara para una nueva etapa. En Italia viven su único hijo, su nuera y su nieta próxima a umplir seis años. Está pensando en radicarse allá por un tiempo para estar cerca de ellos. Pero antes tiene que resolver varias cosas.
Aquí están su hermana gemela, María Ester; su casa con sus dos gatos y sus dos perros; su Fundación Fundación Educacional Amanda yios muchos pacientes pacientes que ha tenido y que la reconocen en la calle, la abrazan y le agradecen. A sus 78 años, constata todos los días las huellas huellas que ha dejado y que sigue dejando. Y no solo a través de su trabajo como neuropsiquiatra neuropsiquiatra infantil. También con la organización con la que ha intentado cambiar los paradigmas educativos. educativos. “La educación debe considerar el ritmo del desarrollo cerebral y afectivo de los niños”, dice. Para eso creó su fundación, con la cual ha recorrido Chile de norte a sur más de 20 veces, con capacitaciones para miles de profesores de todo tipo de colegios. Por su trabajo, ha recibido varias distinciones. distinciones.
Entre ellas, el Premio Eureka, otorgado en 2012 por el Consejo Mundial de Académicos Universitarios, por su libro “Educar las emociones, emociones, educar para la vida”. Publicado en 2007, fue el primero de 14 libros de divulgación, entre los que destacan “Educar las emociones”, “Educar para la vida” y “Niños con pataleta, adolescentes desafiantes”, editados en vanos países y con una docena de ediciones. También ha sido nombrada dos veces, en 2Olly 2022, entre las 100 Mujeres Líderes, reconocimiento reconocimiento otorgado por “El Mercurio” y Mujeres Empresarias. Y el año pasado estuvo entre los 100 Líderes Mayores de este mismo diario, Conecta Mayor UC y la U. Católica. Su amor por la educación le viene de familia porque se crió con cinco tías y un tío. Dos de ellas eran profesoras normalistas y una tercera, profesora de piano. Sus padres vivían en la salitrera salitrera Victoria y, cuando ella y su hermana gemela gemela tenían pocos meses, viajaron a Antofagasta Antofagasta para que la abuela paterna conviviera con las nietas.
Estuvieron un par de meses y, cuando llegó la hora de despedirse, la abuela dijo: “Estas “Estas niñitas están muy bien cuidadas acá, déjenlas déjenlas un tiempo más”. Y ese tiempo no tuvo fin, relata Amanda.
Hoy, Céspedes está preocupada por el espacio que ocupan las personas mayores en el país: “El edadismo sigue siendo muy fuerte IIF / e Amanda Céspedes, neuropsiquiatra inflmtil: “Un educador debe trabajar para que un niño sea la mejor persona en cada instante de su vida” Ha dedicado gran parte de su carrera a intentar que las escuelas ofrezcan una educación integral, que tome en cuenta el desarrollo cerebral de los niños y jóvenes.
Cuenta que de niña quería ser profesora, pero las circunstancias hicieron que sus inicios /r, “ r ¡ y Amanda Céspedes (izquierda), junto a su hermana gemela, María Ester, en Antofagasta.. “Un educador debe trabajar para que un niño sea la mejor persona en cada instante de su vida” 1 26 DE ENERO DE 2026 flfllfl(lOMa\ or 3 No solo la abuela se había enamorado de las gemelas. También las tías y el tío. Cuando la abuela falleció, los tíos se mudaron a Santiago con las niñas, que ya tenían 5 años. Entraron a estudiar a un colegio privado, el instituto Santa María. Pero a los dos años, cuenta Amanda, no pudieron seguir pagando la colegiatura y las matricularon en el Liceo Ii de Niñas, en Macul con Los Plátanos. “Un liceo excelente. Varias de nuestras profesoras hacían clases también en el Pedagógico”, recuerda. Amanda creció con la idea de estudiar Pedagogía, Pedagogía, pero un día se encontró con una prima que era nutricionista y trabajaba en el Hospital José Joaquín Aguirre. “Me tomó del brazo y me invitó a conocer la Escuela de Medicina, que estaba estaba al lado del hospital. Este va a ser tu lugar, me dijo. No hay un médico en la familia. Tú vas a ser la primera”. En primer año de la carrera, Amanda reprobó Química, que era requisito para los ramos que venían. Al año siguiente, además cursar química, química, buscó trabajo. En el HospitalJ.J. Aguirre consiguió consiguió un puesto de cajera del policlínico de Oftalmología. Oftalmología. “Iba a almorzar a un casino al frente a la Clínica Psiquiátrica de la U. de Chile. Ahí conocía una chica que trabajaba en esa clínica y me comentó que le cargaba su trabajo. A mí también, le dije, ¿por qué no intercambiamos? Y fuimos a Personal y pedimos el cambio”. El nuevo trabajo le cambió la vida. Era en el Laboratorio de Psiquiatría Experimental, al cual ella llegó a desempeñarse como secretaria. “En realidad era un laboratorio de neurobiología neurobiología muy avanzado para la época”, relata. Estaba a cargo del neurofisiólogo Mario Palestini, quien al poco tiempo la invitó a ser parte de las investigaciones clínicas con pacientes psiquiátricos. psiquiátricos. Y siguió avanzando y aprendiendo en el laboratorio al mismo tiempo que cursaba los ramos ramos de medicina. “Mario Palestini, era un docente innato. Estaba Estaba todo el día enseñándome, me hacía leer papers, papers, libros; ir a la biblioteca. Yo era una esponja aprendiendo neurociencias. Tenía 20 años y nunca más me detuve”, recuerda.
Cuando egresó de medicina, se interesó en la psiquiatría porque en el laboratorio del doctor Palestini se habla enamorado del cerebro: “Yo quería entender más el funcionamiento del cerebro cerebro sano, y para eso sirve más la psiquiatría que la neurología”. También postuló a una beca de formación académica, relata, “porque quería poloo poloo Líderes Mayores RECONOCIMIENTO ANUAL A PERSONAS 75+ QUE IMPACTAN EN LA SOCIEDAD Amanda (al centro) el día de su titulación titulación como médico, junto a su tía María y a su prima nutricionista Victoria Gallardo. der enseñar todo lo que estaba aprendiendo”. Al poco tiempo les estaba enseñando a sus compañeros compañeros becados y a algunos profesores lo aprendido aprendido en el laboratorio.
“Corrían los años 70 y la neurociencia estaba recién tomando vuelo”. Después de la beca de Psiquiatría, postuló a una beca en el extranjero y se fue a Turín, Italia, a hacer un posgrado en psiquiatría, neurología infantil y neuropsicología, “que era la gran ciencia del cerebro que estaba surgiendo”. Cuando volvió a Chile, dos años después, ya sabía sabía que lo que quería: trabajar en el cerebro de los niños, aplicado a la educación. Sin embargo, no pudo hacerlo de inmediato. Llegó a trabajar como psiquiatra infantil al Hospital Hospital Calvo Mackenna. Contaba con un box pequeño, pequeño, un recetario y no más deis minutos para para atender a cada paciente. “La mayoría de los niños que llegaban no eran pacientes psiquiátricos, psiquiátricos, sino que tenían problemas emocionales derivados de sus problemas escolares.
Y yo quería conversar más tiempo con sus mamás para entenderlos mejor”. Entonces, redactó un proyecto de un equipo multidisciplinario de profesionales que recorriera recorriera los colegios de la comuna para detectar casos y así descomprimir el servicio de psiquiatría. psiquiatría.
Pidió reunión con el director y le presentó el proyecto: “Usted está loca?, me respondió. ¿Quiere sacar a cinco mujeres del hospital? ¿ Adónde van a ir? ¿ A vitrinear?”. Al día siguiente, renunció al hospital e inició su camino propio: “Empecé mi consulta particular, particular, en la que hacía las cosas a mi modo y hacía hacía investigación aplicada”. Instaló la consulta en su casa y atendía largamente a cada paciente. Paralelamente, se convirtió en docente de la U. Católica, donde hizo clases en Educación y en Psicología. Cómo era la investigación que hacía con sus pacientes? “El cerebro de un niño tiene distintas habilidades habilidades intelectuales. Pero si no hace una adecuada adecuada administración de esas inteligencias, estas no van a brillar. Esa administración se llama función ejecutiva y está en la corteza prefrontal. Yo traje desde Italia instrumentos neuropsicológicos neuropsicológicos que me permitían estudiar la función ejecutiva. Empecé a ver que niños muy brillantes brillantes eran un desastre en la escuela por una mala administración de su inteligencia.
Y vimos que si se intervenía la función ejecutiva, con un enfoque psicoeducativo además del farmacológico, farmacológico, las cosas mejoraban”. A los 37 años, tuvo a su único hijo, Stefano, fruto de una larga relación con el profesor Mario Mario Palestinti, quien falleció en 2017. Además de ser el maestro que marcó sus comienzos, ella lo recuerda como un hombre sabio, erudito y muy jovial. “Hasta los 75 años escaló los cerros cercanos a Santiago con nuestro hijo. A los 75 también tenía un proyecto de investigación en la Antártida sobre sobre depresión estacional. Y a esa edad aprendió a esquiar. “Mi hijo sacó de él la impronta intelectual, cultural y ética. Yo formé ami hijo hijo para que tuviera un ética incombustible, incombustible, para que tuviera responsabilidad, proyectos; y que fuera respetuoso de la diversidad diversidad y los escuchara a todos”, afirma. Hoy Stefano es sociólogo y músico (violinista), doctor en ciencias políticas y académico de la U. de Trento, en Italia. Amanda dice que en su educación educación aplicó los principios de su fundación: “Hay que acompañar a un niño en su desarrollo, desarrollo, con un conjunto de intenciones y con un propósito. Un profesor tiene una tarea formativa formativa que es enorme”. Cree el sistema educacional chileno está comprendiendo esa tarea? “No, no lo ha entendido. Y tampoco a nivel alto. Las autoridades siguen porfiadamente agarradas a la idea de que educar es lo académico académico y solo hablan de los aprendizajes.
En la fundación fundación tenemos el propósito de que un educador educador debe trabajar para que el niño sea la mejor persona en cada instante de su vida y que eso se exprese en su futuro”. La sociedad ha tomado conciencia del cambio que viene en un mundo en que habrá más personas mayores que jóvenes? “Yo pienso que no.
Se habla mucho de la baja de natalidad, pero ¿ qué le está ofreciendo la sociedad sociedad chilena al nacimiento de más niños? Muchos Muchos matrimonios jóvenes jamás van a poder pagar una vivienda propia”. Jrente a este cambio, se está considerando considerando más el aporte de los mayores? “Hay muy poca conciencia, a nivel laboral, de todo lo que puede aportar una persona mayor. mayor. Hay puestos de trabajo que son ideales para para personas mayores, pero no se las considera. Ha habido un movimiento, desde muchos ángulos, ángulos, para incorporar a la tercera y a la cuarta edad, y mostrar su vigencia. Pero si miramos a la sociedad en su conjunto, el edadismo sigue siendo muy fuerte”. _ ___ “mf. ÁL ARCHIVO PERJPHAL Tres de las tías que criaron a las gemelas Céspedes: Juana Elba, María (al centro) y Berthila.
Amanda Céspedes cursó la enseñanza media en el Liceo N u de Niñas de Nuñoa. rl -, 1 María Ester (izquierda) y Amanda (derecha) junto a su madre biológica, Cristina Calderón (sentada), (sentada), y a su otra hermana, Victoria Noelia..