CARTAS: Dos heridas a la democracia
CARTAS: Dos heridas a la democracia Señor Director: Esta semana se produjeron dos hechos que no podemos dejar pasar en silencio.
Como chilena, periodista y directora de Somos Mujeres por Chile --fundación que trabaja por la libertad, la democracia y el servicio público-repudio estos actos que solo denigran y no contribuyen a construir el país que queremos. Un país que en octubre de 2019 ya vivió lo que significa caer a lo más bajo, y que no puede permitirse volver a ese camino. El primero ocurrió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, donde la diputada Javiera Rodríguez fue agredida y hostigada. Este episodio no puede opacar a quienes son esa facultad: jóvenes valientes que eligen estar ahí, se forman con vocación y sienten orgullo profundo por su casa de estudios. Son ellos la facultad. No quienes manchan su nombre. El segundo ocurrió en La Pérgola de las Flores, durante el Día del Patrimonio. Siento orgullo por ese público, esas autoridades y esos actores que celebraban con amor genuino lo que nos identifica como pueblo. Y repudio a quienes, con la misma miseria cívica, abuchearon a los ministros de Estado Ximena Rincón y Francisco Undurraga, convirtiendo un espacio de arte y libertad en un escenario de vergüenza nacional. Ambos hechos no los une la política: los une el desprecio por la convivencia.
Una facultad de Derecho y un teatro --dos lugares que simbolizan lo mejor de Chile-profanados por quienes confunden la rabia con la libertad, le fallan a la democracia y nos arrastran hacia la miseria cívica que ya nos costó tan caro.
Y que sirvan de recordatorio las palabras que Andrés Bello pronunció al fundar la Universidad de Chile en 1843: "Libertad en todo; pero yo no veo libertad, sino embriaguez licenciosa, en las orgías de la imaginación". MARÍA IRENE CHADWICK L. Moral artificial Señor Director: Si los inventores de la inteligencia artificial inventaran la moral artificial desparecerían los temores que despierta la primera.
DANIEL FURMAN Sangre de nuestra sangre Señor Director: La columna de Lucía Santa Cruz y las cartas que le siguieron nos han entregado el maravilloso regalo del testimonio de tantos que hemos enfrentado la partida, más temprano de lo esperado, de un hijo, una hija, un nieto o una nieta. La partida de un hijo es profundamente dolorosa. Nos desconsuela, no solo en el momento mismo de su muerte, sino que nos acompaña día a día. Sin embargo, Dios, en su infinita generosidad y justicia, nos regaló la esperanza con la llegada de los hijos que siguieron al primero. Así, el desconsuelo se va tranquilizando en el tiempo, aunque no nos deja completamente. Por esta razón, el matrimonio, la familia y su fin orientado a los hijos es tan necesario y reparador. Con ello logramos construir comunidad y trascender, finalmente. Debemos detenernos e intentar reflexionar en profundidad, invitando a nuestros hijos a conversar y comprender el verdadero sentido. - - - - - -