Autor: Paula Leighton
Magdalena Araya: “Los viejos aún activos tenemos que entregar nuestra experiencia y devolver la mano”
A la cabeza de la Corporación de Apoyo al Celíaco y con una actividad académica y de investigación que no se detiene hace más de media década, la gastroenteróloga pediatra afirma: “Aún me siento con las mismas ganas, parto en la mañana con la misma energía”. Profesora titular de la Universidad de Chile y presidenta de Coacel Magdalena Araya mantiene, assus 81 años, la pasión por la medicina, la salud pública y la academia Magdalena Araya: “Los viejos aún activos tenemos que entregar nuestra experiencia y devolver la mano” veras que estoy vieja”... se me olvida”, dice riendo la doctora Magdalena Araya, cuya vitalidad y energía a los 81 años desafía cualquier estereotipo de edad. Y probablemente también se olvidan quienes trabajan con ella el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, sus alumnos de postgrado y educación cont medadcelíaca.
Atodosellos irradia hace más de 50 años su pasión por la medicina, la salud pú, la academia y la educación para una mejor calidad de vida. las personas con enferFormada como gastroenteróloga nta que siempre supo que estudi. cina. No sabe cuándo surgió esa vocación, pero que sus padres le decían que, con apenas seis años, les pidió de regalo un microscopio.
Ya como estudiante de Medicina en la Universidad de Chile, recuerda que su verdadera pasión era entender el porqué de las cosas: “Mientras mis compañeros se enfocaban. en el tratamiento, yo me preguntaba por qué una persona desarrollaba una enfermedad y otra no”. jano en 1970, junto a su marido decidieron partira vivira Australia. Aunque focósu trabajoen la práctica clínica, uncolegale sugirió tomar el camino académico, tras adverinicialmente e tir que, en paralelo ala atención de pacientes, la doctora había montado en solo 10 meses tres es tudios independientes. Motivada por este consejo, obtuvo una beca para cursar un doctorado en la Universidad de Sídney. “A mí me interesaba mucho investigar el intestino delgado, que es un aparato súper com¡ tor me dijo que el mejor modelo parasaber cómo funcionara la enfermedad celíaca”, rememora. Así comenzó su acercamiento a esta enfermedad crónica, de la que hoy ella es un referente.
Como profesora titular de la Universidad de Chile y jefa de la Unidad de Gastroenterología del INTA, hace investigación, publica papers y dicta clases y conferencias sobre este trastorno causado por una intolerancia permanente al gluten, proteína presente en el trigo, el centeno y la cebada.
Su vigencia y reconocimiento internacional llevó a que recientemente fuera invit: da a integrarse al directorio de la Sociedad Latinoamericana para el Estudio de la Enfermedad Celíaca (LASSCD). Un péndulo epidemiológico Durante su carrera profesional, ha sido t go y protagonista de cambios radicales en la salud de los chilenos. Tras volvera Chile a fines de los 70 se integró al INTA para doctor Fernando Mónckeberg. el foco institucional era la lucha contra la desnu¡ ción y la diarrea infantil. Sin embargo, a fines de los años 80, la diarrea aguda prácticamente desapareció, gracias a las campañas de prevención por la amenaza del cólera”, cuenta.
Emergieron entonces como preocupación sa66 Poco después de titularse como médico cirumetro y me digo: veces me dan el asiento en el trabajar con el “En esa época, “¡Chuta!, de nuestra nitaria las enfermedades del aparato gastrointestinal mediadas por el sistema inmune, como enfermedades autoinmunes, intolerancias y alergias alimentarias: “Antes, la enfermedad celíaca era una cuestión rara, afectaba a una entre2.000 23.000 personas. Ahora es a cerca del 1% de la población”. Fue entonces cuando volvió este trastorno. Su preocupación era el subdiagnóstico y a enfocarse en la dificultad de los pacientes var una época había bastante pobreza todavía. Y hacer para lledieta sin gluten. “Aquí en que un niño celíaco de la periferia de Santiago Chile, en esa no comiera pan era prácticamente imposible, Eso a mí me empezó a desesperar.
Me preguntaba qué hacer para queestosniñossimplementeno vivieran pésimo, porque pasaban hospitalizados y recayendo una y otra vez”. Esa preocupación era compartida por gastropediatras de hospitales de niños de Santiago que la invitaron a formar un grupo de trabajo para abordar las dificultades diagnósticas y soa ciales de estos pacientes. En 1989 el grupo se convirtió formalmente en la Corporación de Apoyo al Celíaco (Coacel), organización sin fines de lucro que ella preside desde fines de la década de 1990.
Bajosu liderazgo, la corporación se enfocó en la investigación y docencia de la enfermedad celíaca, el acca eexásmenoes a través de Fonasa y enasesorar políticas públicas como la entrega de leche Purita Fortificada libre de gluten y la declaración de gluten en fármacos, entre otras. Al mismo tiempo, ella y su equipo entregan orientación y educación a los pacientes y sus faicta dieta y las complicaciones cotidianas de su enfermedad. Sellos negros Pero a las enfermedades inmunológicas se sumó otro gran cambio epidemiológico que a Magdalena le tocó enfrentar desde una posición de liderazgo. De la desnutrición infantil Chile pasó a una epidemia de obesidad, condiAutor: Paula Leighton. Magdalena Araya: “Los viejos aún activos tenemos que entregar nuestra experiencia y devolver la mano” ón que, paradojalmente, se alimentaba de resabios de la desnutrición. “Me acuerdo que era terrible. ños obesos de 8 meses, 10 meses fuerzo en el policlínico lograban que no subieran de peso en ese mes.
Pero llegaba una asistentesocial a regalarle un kilo de arroz y un kilo de leche y no sé cuántas cosas más, “porque el niño se podía desnutrir”” En 2010 la doctora Araya se convirtió en la primera mujer en dirigir el INTA. Ese mismo año la Encuesta Nacional de Salud revelaba que el 67% de la población en Chile tenía sobrepeso u obesidad.
Dentro de sus cuatro años a la cabeza del instituto lideró, junto a su antecesor, Ricardo Uauy, el hito de coordinaral equipo de expertos que, por encargo del Ministerio de Salud, determinó los límites rían origen a los conocidos “sellos negros” de la ley de etiquetado de alimentos procesados. 'ste desafío no estuvo exento de presiones y de una fuerte oposición de la industria alimen¡ Teníamos niy con gran esde nutrientes críticos que dataria, pero Magdalena asevera que haberlo enfrentado con rigor técnico ha permitido que hoy la población pueda elegir informadamente los alimentos que consume. “Hoy no solo hay más conocimiento, hay más conciencia de parte de la población y los profesionales. No cabe la menor duda de hemos mejorado. Hay un sector de la población que ya entendió que estábamos comiendo muy mal y que está tratando de volver a comer un poco más razonablemente”, sostiene. Una familia incondicional Magdalena Araya reconoce que en todo lo que ha emprendido su familia ha estado detrás, apoyándola incondicionalmente. “Mira, tengo un solo matrimonio y tengo la suerte de seguir casada con la misma persona. En Australia tuve dos hijas que son un siete y tengo cinco nietos, de entre 22 y 1l años. Somos una familia que no pelea, todos se quieren, somos felices”, cuenta orgullosa. ¿Cómo se lleva con sus nietos? “Yo realmente los disfruto muchísimo, soy muy amiga de todos. Con el mayor somos requeteamigos, porque le gusta mucho viajar, así que hemos viajado juntos.
Cuando era chico, con mi marido le dijimos: tengas 14 años, te vamos a invitar a viajar”. Y a los 14 Entonces, de ahí para adelante todos los otros estaban esperando cumplir los 14 años para ira Nueva York.
Se estableció inmediatamente como una tradición”. Cuando crezcas y que quería ira Nueva York ¿ Y sumarido logra seguirle el ritmo o a veces le pide que pare un poco? “En realidad, solo puedo dar las gracias, porque tengo un marido que me ha dado todo el apoyo.
Yo toda la vida he estado corriendo para allá y para acá, que tengo que hacer esto o lo otro y él siempre estuvo ahí: “Anda, haz lo que te gusta, no te preocupes, que yo me encargo de lacasa”. No, no me puedo quejar. Lo mismo con mis hijas”. 'ómo se siente envejeciendo? “Envejecer es toda una experiencia. Uno se siente igual, yo me siento con las mismas ganas, parto en la mañana con la misma energía.
Pero de repente me dan el asiento o en una reunión alguien dice: “Es que había una vieja o un viejo” y que yo conozco y ¡ tiene 10 años menos que yo! Entonces me digo: 'Si ese es un viejo, entonces ¡ ¿que soy yo?! ”, cuenta riendo. -¿Se veía trabajando y haciendo docencia pasados los 80? “La verdad es que yo tomé conciencia de esto hace dosaños, cuando seenfermómi marido. Él siempre estuvo para mí y ahí me correspondió estar yo para él. Entonces ahí tomé conciencia: ¿ por qué estoy trabajando tantas horas afuera y viajando? No tiene sentido. Y ahí empecé a hablarde queme tengo queretirar. Desde 2024 ya no recibo ningún alumno de postgrado.
Esa ha sido mi manera de prepararme para poder ir saliéndome de la universidad sin dejar un hoyo difícil de tapar”. ¿X que pasará con Coacel? “De Coacel no me voy a retirar, quisiera dejarlo parado en sus propios pies económicamente hablando.
A mí me encantaría poder dejar eso andando sin que se note que yo estoy desapareciendo”. Vejez con responsabilidad Para Magdalena la vejez no es un libro que se cierra al llegar al último capítulo, sino un libro de consulta, que debe permanecer abierto para social que otros puedan aprender de sus páginas. “Hay muchos adultos mayores que siguen trabajando por necesidad, porque la pensión no les alcanza. Pero hay otro grupo, que son gente profesional, que trabajó toda su vida y no tiene la urgencia económica. Para ellos seguir trabajando es una forma de retribución, pero se tienen que retirar solamente porque llegaron a la edad.
Eso lo encuentro absurdo”, reflexiona ¿ Cree que se solucionaría aumentando la edad de jubilación? “En realidad, creo que no se trata solo de cambiar la visión de la población hacia el viejo, sino también de cambiar la visión que tiene el viejo de sí mismo. ¿Por qué, por ejemplo, colegas míos de universidad que hacían bien su pega dejaron de ver enfermos por jubilarse, siendo que hay colas por todos lados? Encuentro que es como penca irse para la casa y dedicarse solo a plantar plantitas o a jugar golf.
Creo que los viejos que aún estamos activos tenemos la responsabilidad de entregar nuestra experiencia y devolver la mano”. 100 Líderes Mayores RECONOCIMIENTO ANUAL A PERSONAS 75+ QUE IMPACTAN EN LA SOCIEDAD Autor: Paula Leighton. 100 Líderes Mayores RECONOCIMIENTO ANUAL A PERSONAS 75+ QUE IMPACTAN EN LA SOCIEDAD Magdalena se reconoce muy amiga de sus nietos, cuatro hombres y una mujer, Aquí con dos de ellos. Su marido, Lincoyán Petzold, ha sido un puntal en su vida profesional. Junto al equipo de Coacel, que preside hace tres décadas. Entre sus tareas, apoyan a pacientes celíacos y asesoran a la industria que produce alimentos libres de gluten. Como docente, ha organizado cursos de postgrado y ditigido a numerosos tesistas de magíster y doctorado.