Versus vino blanco: la ciencia enfría el mito "cardiosaludable" y pone el foco en el alcohol
Versus vino blanco: la ciencia enfría el mito "cardiosaludable" y pone el foco en el alcohol Durante décadas, el vino tinto ha tenido un lugar privilegiado en la conversación pública sobre salud.
En la mesa familiar, en la sobremesa de fin de año y también en discursos cotidianos, se instaló la idea de que una o dos copas podrían "hacer bien" al sistema cardiovascular, especialmente si se trataba de una variedad roja.
El relato se volvió tan persistente que terminó por diferenciar al tinto del blanco en una especie de competencia sanitaria informal: uno "protegía", el otro "acompañaba". Sin embargo, ese supuesto beneficio comparativo -la noción de que el tinto sería más saludable por definicióncomienza a desvanecerse bajo el peso Vino tinto de evidencia más reciente, según un análisis difundido por The Washington Post, que revisa el estado actual del debate científico. La discusión no es menor. No se trata solo de preferencias de consumo, sino de cómo una creencia cultural puede influir en hábitos y, por extensión, en riesgos sanitarios.
La pregunta, en apariencia simple, es la que vuelve una y otra vez: ¿ el vino tinto hace bien al corazón? La respuesta, de acuerdo con expertos citados en el reporte, es mucho menos amable que la tradición popular.
La frase del director del Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo de Estados Unidos, Humanos (HHS) sobre alcohol y riesgo de cáncer, refleja un cambio de tono: ya no se trata de discutir si el consumo moderado "podría" laboratorio y en determinadas condicioser útil, sino de reconocer nes, pueden exhibir efectos antiinflamaque también puede sumar torios y antioxidantes.
En el vino tinto, peligros medibles. esos compuestos suelen presentarse en En esa misma línea, la Ormayor concentración que en el blanco ganización Mundial de la por la forma de elaboración: el tinto se Salud, a través de su oficifermenta con hollejos, y en la piel de la na regional para Europa, uva se alojan varios de esos elementos. publicó una declaración caEn esa lista figuran nombres que se tegórica: no existe un nivel volvieron casi de consumo masivo: resde consumo de alcohol que veratrol, flavonoides, procianidinas y sea seguro para la salud. antocianinas, estas últimas asociadas al color profundo del tinto. El problema, según la revisión periodística, es que el salto entre el potencial bioquímico y el beneficio clínico real se fue acortando hasta casi desaparecer.
La explicación es directa: las cantidades presentes en una o dos copas serían demasiado bajas para George Koob, marca el tono: no habría provocar un impacto significativo en paun beneficio aislado del tinto por sobre rámetros de salud, salvo que el consumo aumente a niveles que, por el contrario, elevan daños conocidos. En otras palabras, el "principio activo" existe, pero no alcanza para convertir al alcohol en medicina. La formulación no apunta a moralizar hábitos, sino a subrayar que, desde la evidencia, incluso cantidades bajas pueden tener efectos adversos, especialmente en relación con cáncer. ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD el blanco ni sobre otras bebidas alcohólicas, y no se puede atribuir al alcohol un efecto físico positivo como tal. El origen del mito tiene historia y, sobre todo, contexto. Parte de su fuerza se apoyó en estudios observacionales La diferencia entre tinto y blanco, enque, al mirar poblaciones con ciertos El tema del cáncer es, precisamente, el punto más duro del nuevo consenso. La advertencia ha crecido en visibilidad pública y tonces, pierde su carácter de ventaja política, con llamados repatrones alimentarios, sugirieron una sanitaria. Y cuando esa ventaja se diluye, asociación entre consumo moderado lo que queda al centro es el denominacientes -incluyendo desde de vino y menor incidencia de eventos dor común: el etanol. Ese componente autoridades sanitarias estadounidensesa reforzar ingrediente irresistible para la cultura los riesgos. En los últimos años, la inetiquetados y mensajes de contemporánea: los antioxidantes. Allí cardiovasculares. A eso se sumó un está en ambos vinos, y es el que empuja vestigación ha movido el foco desde el riesgo.
Reuters informó, supuesto beneficio cardiovascular hacia aparecieron los polifenoles, compuestos vegetales con propiedades que, en una evaluación más completa del costo por ejemplo, que el Cirujano General de EE.UU. pidió han incorporado con mayor fuerza la idea de que beber poco no equivale necesariamente a "beber seguro". En Estados Unidos, por ejemplo, documentos oficiales han advertido que existe evidencia emergente que sugiere que incluso beber dentro de límites tradicionalmente recomendados podría aumentar el riesgo general de muerte por diversas causas, incluyendo ciertos cánceres y algunas formas de enfermedad cardiovascular. Esa frase, citada en un informe del Departamento de Salud y Servicios sanitario del alcohol incluso en consumos considerados moderados. Organismos de salud y guías públicas. Investigaciones recientes y nuevas advertencias sanitarias cuestionan que una copa diaria proteja el corazón; especialistas recuerdan que los polifenoles existen, pero en dosis insuficientes para compensar riesgos asociados a cáncer y otras enfermedades. Versus vino blanco: la ciencia enfría el mito "cardiosaludable" y pone el foco en el alcohol advertencias sobre cáncer en bebidas alcohólicas, destacando la asociación con múltiples tipos de tumores.
En el documento del HHS se recuerda, además, que el alcohol es clasificado por la agencia especializada en cáncer de la OMS como carcinógeno del Grupo 1, la categoría de mayor evidencia de causalidad en humanos.
En el debate social, esto suele chocar con una percepción instalada: "si es vino, es distinto". Pero la evidencia disponible insiste en lo contrario: los daños atribuibles al alcohol no dependen del envase, del estatus cultural o de la etiqueta, sino de la sustancia y de la dosis. Por eso, el Washington Post remarca que no hay un "premio" sanitario por elegir tinto sobre blanco. Lo que cambia, en rigor, es el perfil de compuestos secundarios; lo constante es el componente que genera riesgo. La conversación pública, además, se ha vuelto más compleja por un factor metodológico: durante años, parte de los estudios que sugerían beneficios del consumo moderado enfrentaron críticas por sesgos.
Entre ellos, el llamado "sesgo del exbebedor", donde se compara a quienes beben con quienes no beben, pero en el grupo de abstemios se incluyen personas que dejaron el alcohol por problemas de La discusión tambien tiene un capítulo menos visible, pero muy cotidiano: la tolerancia individual. Aunque la idea de "vino más sano" ha circulado como regla general, muchas personas reportan síntomas más intensos con vino tinto que con blanco.
Dolores de cabeza, congestión nasal, rubor, malestar digestivo y reacciones que parecen alérgicas se mencionan con frecuencia en testimonios, y la literatura divulgativa suele asociarlo a taninos, histaminas, sulfitos y otros compuestos presentes en mayor salud, lo que distorsiona resultados. Al ajustar diseños, separar perfiles y considerar variables socioeconómicas y de estilo de vida, la supuesta protección cardiovascular se vuelve menos sólida y, en ocasiones, desaparece. Hoy, varias instituciones sanitarias se mueven hacia mensajes prudentes.
La Asociación Estadounidense del Corazón, por ejemplo, recomienda evitar o limitar el alcohol y, para quienes deciden beber, sugiere no superar dos tragos al día en hombres y uno en mujeres, en el marco de recomendaciones vinculadas a manejo de presión arterial y salud cardiovascular. La guía no presenta el alcohol como terapia, sino como factor que conviene acotar. Lo que sí se rescata, y de forma consistente, es la existencia de los polifenoles como compuestos valiosos, pero no como justificación para consumir alcohol. La recomendación de expertos citados en la revisión es obtener esas sustancias desde alimentos sin el costo del proporción en algunos tintos. El Washington Post recoge esa observación como parte del contraste: además de no ofrecer una ventaja clara, el tinto puede resultar más problemático para ciertos consumidores.
En este punto, el debate se desplaza desde "qué vino conviene" a "qué conviene beber". Y ahí aparece un veredicto que incomoda a una industria global y a culturas donde el vino es patrimonio gastronómico: si el objetivo es salud, no beber alcohol es la alternativa con menor riesgo. Esa no es una consigna moral; es una conclusión que se repite en documentos sanitarios recientes.
La OMS fue explícita en que no hay un umbral seguro, mientras agencias estadounidenses han reforzado que incluso el consumo moderado puede aumentar riesgos comparado con abstenerse. etanol: frutos rojos, manzanas, cebollas, té o chocolate negro, que aportan antioxidantes y otros micronutrientes sin añadir el riesgo oncológico y cardiovascular asociado al alcohol. En términos prácticos, el cambio cultural que insinúa la evidencia científica es profundo. Durante años, el vino tinto ocupó el espacio simbólico del "alcohol aceptable" e incluso "beneficioso", una posición reforzada por relatos sobre dietas mediterráneas, longevidad y rituales sociales. Pero el panorama actual obliga a separar dos planos que muchas veces se mezclaron: el disfrute y la salud. Beber puede ser parte de una experiencia culinaria o social, pero ya no se sostiene con la misma fuerza la idea de que sea una decisión terapéutica. El debate seguirá, porque el alcohol no es solo un producto: es economía, cultura y política pública. Sin embargo, el mensaje que se consolida en informes, guías y análisis recientes es menos romántico que el mito. Ni el tinto ni el blanco constituyen un atajo para cuidar el corazón. Y cuando la conversación se traslada desde el color del vino a la evidencia, la conclusión se vuelve difícil de maquillar: los supuestos beneficios, si existen, no alcanzan para compensar los riesgos conocidos. ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD. ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD