Autor: Rodrigo Barrera Martínez Administrador Público
Columnas de Opinión: Antofagasta y el taco que dejó de ser estacional
Columnas de Opinión: Antofagasta y el taco que dejó de ser estacional ada año repetimos la misma escena: filas interminables, bocinazos, atrasos y estrés. Y volvemos a decir que es "por marzo". Pero en Antofagasta el problema no es estacional. El taco dejó de ser una molestia pasajera y se transformó en parte de la rutina. Durante enero y febrero la presión baja y parece que la ciudad respira. Sin embargo, el resto del año los puntos críticos siguen ahí, en distintos horarios y sectores. Basta que llegue marzo o que se realice un evento masivo como Exponor para que la fragilidad del sistema vial quede en evidencia. Los tiempos de traslado se disparan y la ciudad completa se tensiona. Antofagasta creció con fuerza hacia el norte y el sector alto. Más viviendas, más familias y, naturalmente, más vehículos. Pero las vías estructurantes siguen siendo prácticamente las mismas. Cuando una se bloquea o se satura, el efecto se expande rápidamente. No existe hoy una alternativa real que conecte el norte y el sur sin depender casi exclusivamente del eje costero. Esa falta de redundancia es lo que transforma cualquier aumento de flujo en un colapso generalizado. En invierno la situación se vuelve aún más compleja. Con mayor circulación y condiciones menos favorables, el sistema funciona al límite. La ciudad completa lo resiente. Esto demuestra que no estamos frente a un problema circunstancial, sino estructural: nuestra infraestructura vial no tiene capacidad suficiente para absorber una demanda creciente. También hay un componente de convivencia. La doble fila en colegios, los accesos bloqueados y la falta de criterio al estacionar agravan un escenario ya complejo. La educación vial debe ser permanente, porque las calles son un espacio compartido que exige responsabilidad. Pero sería cómodo quedarnos solo en ese diagnóstico. Aunque todos manejáramos perfecto, la infraestructura seguiría siendo insuficiente. El desafío de fondo es avanzar en una vía estructurante por el borde cerro que una el norte y el sur. Una conexión alternativa, moderna y planificada, que distribuya mejor los flujos y quite presión a la costanera. No es una obra simple ni barata. Implica estudios serios, inversión sostenida y decisiones políticas difíciles, incluso eventuales expropiaciones. Sin embargo, postergarla solo encarece la solución futura. Aquí la articulación público-privada es clave. El desarrollo inmobiliario del sector norte y alto debe ir acompañado de infraestructura vial acorde. Municipio, Gobierno Regional, ministerios y sector privado no pueden planificar por separado. La ciudad necesita una mirada común y de largo plazo. Podemos seguir discutiendo cada marzo sobre el taco, o asumir que el desafío es estructural. Antofagasta no necesita más excusas ni diagnósticos repetidos. Necesita decisiones.
Porque cuando una ciudad normaliza el colapso vial, lo que realmente está aceptando es su propio estancamiento. "El desafio de fondo es avanzar en una vía estructurante por el borde cerro que una el norte y el sur". Autor: Rodrigo Barrera Martínez Administrador Público. C Columna "El desafio de fondo es avanzar en una vía estructurante por el borde cerro que una el norte y el sur".