Un puntaje no es un destino
Un puntaje no es un destino Un puntaje no define una vida. Pero cada enero, en miles de casas, se vive como si lo hiciera. Padres revisando resultados, plazos y cupos con angustia; jóvenes sintiendo que una prueba dice más de lo que debería. En esa escena estuvo Rosemarie Castillo.
Aunque su hija Pía Sepúlveda ya había tomado una decisión antes del SUA, el día de los resultados igual removió dudas. «Pensé que si tenía buen resultado en la prueba podría cambiar de idea y estudiar algo más tradicional y eso me tenía nerviosa», reconoce. Rosemarie Castillo, mamá: «La veo feliz y eso es lo que uno olvida» Pía tenía un buen NEM, pasó todo el año en preuniversitario y antes de conocer los resultados ya sabía dónde quería estudiar. Incluso había postulado a una beca y obtuvo un 50% para matricularse en la carrera que le interesaba. Aun así, para su mamá, el resultado abría una pregunta difícil de esquivar. «Pensé: ¿ estará segura de lo que quiere? ¿ Será que puede optar a otra carrera mejor "remunerada" y "más segura"?», cuenta.
Más que el puntaje, la inquietud era otra: «Me preocupaba que tomara una decisión equivocada, por miedo, por apuro, por querer decidir luego y no esperar un poco». Rosemarie pone en palabras un temor extendido. «Uno como mamá quiere que sus hijos estudien algo que les permita tener herramientas para su futuro, para trabajar, sostenerse solos y proyectarse», dice.
Y admite la duda de fondo: «Muchas veces una carrera artística no da para pensar que esos deseos de futuro se vayan a cumplir». Pía Sepúlveda, hija: el miedo a fallar en público Desde la vereda de Pía, la presión se vivía distinto, pero no era menor. Aunque no esperó los resultados como muchos de sus amigos, sintió el clima que se instala en estos días. «Veía a mis amigos cada vez más nerviosos a medida que se acercaba la fecha. Estaba nerviosa por ellos también», dice.
Y reconoce que cualquier evaluación termina golpeando la confianza. «A pesar de haber entrado antes a la universidad, los resultados siempre te hacen pensar en tus capacidades, en qué dirán o en si tu esfuerzo valió la pena». La decisión que más ruido generó no fue administrativa, fue vocacional: estudiar diseño de moda. «Cuando decía que quería estudiar moda la gente ponía cara de duda y preguntaba: ¿ estás segura? ¿ No te gustaría otra cosa?», recuerda.
En el colegio, incluso algunos profesores insistían en alternativas más tradicionales. «Me decían que con las notas que me sacaba podría estudiar medicina o derecho, pero no me veo siendo ni médica ni abogada». Ese cuestionamiento caló hondo. «Siempre he tenido miedo a equivocarme, pero muchísimo más miedo a que se enteren de que fallé», confiesa. Con el tiempo, su mirada cambió. «Lo importante no es hacerlo todo perfecto ni hacerlo para enorgullecer a alguien más.
La única persona a la que debes enorgullecer es a ti mismo, y eso solo pasa si te permites equivocarte». UNIVERSIDAD UNIACC Temel Si quedaste fuera y no sabes qué hacer: UNIACC te acompaña Hubo un momento decisivo. A comienzos de cuarto medio, estuvo a punto de renunciar a su sueño. «Había decidido rendirme con la idea de estudiar moda», cuenta. La señal llegó en un concierto de Mon Laferte, durante su gira Autopoietica. «Participé en su concurso de outfits, gané y me subí al escenario con ella a modelar. Esa noche marcó un antes y un después». Desde ahí, algo se ordenó. «Fue la motivación que necesitaba para confiar en mi talento», dice. «Hoy me siento más segura y, sobre todo, en calma. Estar matriculada en un lugar donde realmente quieres ir es invaluable». Para Rosemarie, esa calma no fue inmediata. «Al principio dudé, los primeros meses fueron cruciales», reconoce.
Pero ver la exigencia cambió su percepción. «La carrera es tan profesional como cualquier otra: hay estudio, trasnoche, trabajo en equipo, esfuerzo, lágrimas y rabias». Hoy lo resume así: «La veo feliz y eso es lo que uno olvida». Para los papás que hoy deciden apurados Mirando el proceso con distancia, Rosemarie cree que el sistema deja demasiado fuera. «No ve habilidades, emociones, capacidades sociales ni historias», afirma. Su mensaje es directo: «Hay más posibilidades.
A veces sirve volver a intentar o esperar un poco». Pía lo dice desde otro lugar. «Una mente creativa no merece estar encerrada en las expectativas de los demás». Y lo aterriza en una pregunta simple: «Si tienes que quedarte estudiando hasta las 3 de la mañana un domingo, ¿qué prefieres repasar: moda o medicina? Yo prefiero mil veces estar dibujando figurines que aprendiendo las partes de la célula. ¿ Y tú?». Pía Sepúlveda estudia Diseño de Imagen, mención Moda, en UNIACC. Instagram: @bubble. gun. _ PUBLICIDAD.
En días marcados por los resultados de la PAES y la urgencia por decidir, una mamá y su hija cuentan cómo enfrentaron la presión de enero, por qué no eligieron "lo seguro" y cómo hoy miran ese camino con tranquilidad.