Autor: Mariajosé Soto
"La nueva ministra de la Mujer no debe sintonizar con su sentimiento religioso"
"La nueva ministra de la Mujer no debe sintonizar con su sentimiento religioso" Javier Castro: CC La mitad de los evangélicos son profesionales", explica Javier Castro, historiador de la Universidad San Sebastián, quien por estos días investiga el rol de los liderazgos religiosos en América Latina durante la segunda mitad del siglo XX.
En medio de las críticas -especialmente de sectores de la centroizquierda y del mundo progresistaa la designación de Judith Marín como futura ministra de la Mujer del Presidente electo José Antonio Kast, Castro sostiene que, pese a la existencia de personas que practican la religión altamente calificadas en distintas áreas, aún persisten espacios donde se les discrimina.
A su juicio, no se les reconoce como parte de la élite cultural ni política: "Es un estereotipo que funciona mucho en espacios mediáticos", advierte este doctor y magíster en Historia por la Universidad de los Andes. -Usted escribió recientemente una T GUERRA EN EL VIENTRE: ----- ---columna ("Canutofobia en el debate político chileno", en radio Bío-Bío) sobre el importante porcentaje de chilenos que hoy se sienten evangélicos. ¿ Se justifica en esa línea una ministra con esa creencia? -El último Censo indica que el 16,4% de la población se declara evangélica, y según un análisis de Faro UDD, en las comunas con alta concentración de población evangélica, el apoyo promedio a José Antonio Kast fue de alrededor del 70,15%. Por tanto, hay una representación de identidades.
La batalla cultural es inevitable y para los evangélicos, Kast es un símbolo de sus ideas y de su forma de entender el mundo, por tanto, la adhesión es ineludible. -¿ Cuál es la batalla cultural? -El estallido social fue uno de los momentos más álgidos donde vimos de forma más aguda esta batalla cultural o choque de ideas totalmente distintas en nuestro país. Respecto al mundo evangélico, desde 2015 hay una participación activa de jóvenes profesionales de distintas MIGUEL ENRÍQUEZ.
Mario Amorín DEMOCRAZIA B Rovira Kaltwasser, Taggart, Ochoa Kaprjo, and Ortiguy antony beevor. sony beevor CRÍTICA Sobre Jose Antonio Meters Los interinos LE 2010 carreras, y un llamado a la participación pública en temas que, en su antropología, desde sus valores, son urgentes: familia o el derecho a la vida. Tal como el FA tuvo sus dirigentes estudiantiles desde hace años, los evangélicos también han tenido dirigencias sociales, estudiantiles, eclesiásticas que ahora tendrán un espacio de mayor protagonismo.
Como el FA, los evangélicos también formaron liderazgos políticos. "La batalla cultural es inevitable" -Usted habla de un clasismo que vincula a los evangélicos con el mundo popular, sin formación educativa y lejos de la elite. -Resulta muy interesante observar que, desde figuras tempranas como el educador británico Diego Thomson -activo durante el gobierno de Bernardo O'Higgins y promotor de un sistema de alfabetización basado en lecturas bíblicas -, la participación evangélica en Chile ha sido objeto de debate. Desde entonces, se FOTOGRAFÍA: DRAGOMIR YANKOVIC/ ATON Autor: Mariajosé Soto. El historiador de la U.
San Sebastián sostiene que el nombramiento de Judith Marín es el resultado de años de formación de cuadros evangélicos jóvenes, pese a que aún persisten sesgos culturales y de clase con respecto al credo. "La nueva ministra de la Mujer no debe sintonizar con su sentimiento religioso" instala un estigma que los presenta como extranjeros en un país de tradición católica, lo que genera desconfianza, episodios de intolerancia e incluso persecución religiosa.
Un símbolo de ello es la inscripción ubicada en el cerro Santa Lucía que, para este grupo, los define como "despatriados del cielo y de la tierra": una marca cultural que los sitúa sin pertenencia, ni en lo divino -por ser considerados herejes desde una mirada doctrinalni en lo terrenal, donde se les percibe como ajenos a la cultura católica dominante. -¿ Y eso es lo que va cambiando? -Sí. Cambia de una forma muy rotunda: Según estudios del CEP en los 90, el 5% de los evangélicos entre 18 y 35 años tenía formación profesional. Al 2024, esa cifra ya estaba cerca del 35%. Actualmente, más de la mitad de los jóvenes evangélicos son profesionales. Vas a encontrar a científicos, economistas, artistas que no sufren de ese prejuicio, porque están totalmente integrados. Eso demuestra todo el proceso de democratización que vivió Chile con el retorno de la democracia, que también afectó a los evangélicos.
Por eso, es necesario superar ese estigma, porque es una cuestión asociada a la cancelación. -Pero también hay un temor asociado a enfrentar retrocesos en las libertades individuales. -Hay temor a eso, pero es paradójico que la ministra ni siquiera haya asumido el cargo. Eso muestra el problema de la «canutofobia», que proviene de un pastor español llamado Juan Canut de Bon, a finales del siglo XIX, que leía la Biblia en las plazas públicas. En una época donde las lecturas se hacían en latín y dentro de los templos católicos, era muy polémico y vulgar leerlo en español. Entonces se construye la figura del "canuto", la de un tipo rupturista al que se busca expulsar. Por cierto, aquí también hay es un sesgo de clase. -¿ Y cómo define la «canutofobia» en Chile? -El sociólogo Miguel Ángel Manzanilla planteó el término hace un par de años. La «canutofobia» es un rechazo a una doctrina religiosa y a un lugar social del Evangelio, según el imaginario nacional. Es un estigma sociocultural que la descalifica. El evangélico es visto en Chile como una rareza cultural de periferia. No puede ser parte de la élite cultural, no puede ser parte de la elite política, porque se le acusa de vulnerabilidad y poca formación educativa. Es un estereotipo que funciona mucho en espacios mediáticos. El Pastor (Javier) Soto, es producto de ese estereotipo torcido, donde se realza esa idea de una religión que no encuentra un lugar prominente. Escuchaba a la diputada Karol Cariola (PC) decir que la nueva ministra de la Mujer llegará al gabinete a "exorcizar" el ministerio. Se olvidan que el Presidente Gabriel Boric "exorcizó" la religión tradicional con un sahumerio pachamámico que se realizó el 12 de marzo de 2022 en La Moneda.
Fue algo en total sintonía con los rituales realizados en la Convención Constituyente. -¿ Cómo conviven esas dos miradas? -Pienso que la batalla cultural es inevitable y el desafío será si vamos a tener más conflictos identitarios, o logramos pasar a una convivencia cívica más sana. "Marín debe hablarle a la mujer que necesita apoyo" -Más allá de la reflexión sobre los prejuicios y esta idea de "inhabilidad civil" asociada al solo hecho de ser evangélica, usted plantea que la polémica en torno a la futura ministra termina desplazando el foco de lo central: la evaluación de su gestión ministerial. ¿ A qué se refiere exactamente? -El diputado Vlado Mirosevic (PL) planteaba en los matinales de televisión que Judith Marín es una fanática religiosa, pero ella todavía no ha asumido el cargo. La vara de medida debe estar asociada al cumplimiento que la ministra debe hacer a la institucionalidad. En base a eso debiera ser juzgada y examinada. Dejemos que habite el cargo -como dicen algunos-, y que tenga espacio para llevar adelante las metas asociadas al programa del Presidente Kast. Insisto, el mundo evangélico se siente representado por este Gobierno.
Se levantan prejuicios antes que medir su eficiencia en el gabinete. -Pero su gestión no será solo para los evangélicos. ¿ Cuál es el límite entre usar la fe para un proyecto ideológico y no pasar a llevar la necesidad de políticas públicas transversales, para todas las personas? -Sin lugar a dudas, ella es ministra de todos los chilenos. A ningún otro ministro se le ha increpado por ser católico, judío o ateo. Todo el mundo tiene una perspectiva de vida interna, pero debe ir de la mano de los espacios de convivencia cívica, tolerancia y proyectos que vayan más allá del plano personal de la fe.
La democracia implica moverse con frenos y contrapesos que marcan ciertos límites y esto también afecta la gestión de la ministra, que tendrá que atender la institucionalidad, la legislación vigente, distintos credos y formas de pensar. -¿ Eso incluye la agenda feminista? -El feminismo es parte de ese espacio y le tocará resolverlo de forma inteligente. -¿ Cuáles cree que serán los principales desafíos en ese sentido? -La ministra no es una novata, tiene una trayectoria política. Ha sido concejala, dirigente dentro de un partido político y parte de una coalición. No va a trabajar por primera vez en un espacio público.
Su principal desafío será salir de la batalla y crear puentes de diálogo para impulsar el programa de gobierno hacia temas verdaderamente importantes: la dignidad de la mujer, el desarrollo comunitario o la mujer violentada. -¿ Entonces debe sintonizar con las necesidades urgentes? -El gran desafío de la ministra será no sintonizar con un segmento ideológico, tampoco conectar con su propio sentimiento religioso, sino superar las barreras identitarias y hablarle a la mujer que realmente necesita el apoyo del Estado. Hay cifras vinculadas a la salud mental, donde la mujer que trabaja necesita ese apoyo.
No se trata de llevarles su ideario de fe, sino plantear una agenda de Estado en los temas críticos. -¿ Entonces debe alejarse de temas identitarios o ligados a la agenda valórica, como el aborto o la interrupción del embarazo en tres causales? -Totalmente. Ella ya no tendrá un rol desde la dirigencia política pura y dura, su rol ahora es distinto: le tocará liderar programas que busquen avances institucionales. No sé si el eslogan de un gobierno feminista -como lo fue con este Gobierno-, trajo crecimiento en la calidad de vida de la mujer.
Más que enfocarse en banderas de lucha que están en la arena parlamentaria, a ella se le va a exigir llevar adelante programas sociales que apunten al fortalecimiento integral de la mujer, creando mecanismos de apoyo para su cuidado social, ayudar a que existan espacios de seguridad que impliquen sanidad, apoyo con las adicciones, empleabilidad femenina, salas cunas, natalidad.
Hay muchos otros temas que realmente importan; hay que saltar el muro de lo ideológico. -¿ La fe no debe entonces guiar su accionar? -Si uno ve la antropología de una ministra conservadora, el cristianismo tiene entre sus preceptos el rescate de la dignidad de la mujer y la pone como protagonista del desarrollo de su casa.
No es fácil disociar la perspectiva de fe de una ministra en los debates públicos, pero si eso se presenta de una manera inteligente, estratégica y nunca desde la imposición, sino exponiendo ideas, será un aporte. Ya hemos tenido muchas cancelaciones en el actual Gobierno; es un modelo que no funciona y además, hay que evitar el péndulo.
Se puede pensar distinto, pero tender puentes de diálogo y analizar de forma racional las propuestas políticas para satisfacer las demandas sociales de las mujeres, puede ser más eficiente en la evaluación de la gestión de la próxima ministra, que estar poniendo la lupa todo el tiempo en su fe. -¿ Cómo evalúa que los propios funcionarios del ministerio criticaran su designación? La acusan de querer eliminar o fusionar la cartera por declaraciones hechas en 2025. -Es una respuesta que puede surgir del genuino interés de conocer el futuro del ministerio, pero la forma en que se plantea la inquietud es típica del sindicalismo de izquierda que busca arrinconar y amedrentar a la autoridad. Plantear exigencias a una ministra que aún no asume, deja al descubierto estas prácticas propias de operadores políticos.
No es fácil disociar la perspectiva de fe de una ministra en los debates públicos, pero si eso se presenta de una manera inteligente, estratégica y nunca desde la imposición, será un aporte". El evangélico es visto en Chile como una rareza cultural de periferia. No puede ser parte de la élite cultural, no puede ser parte de la elite política". Autor: Mariajosé Soto.
No es fácil disociar la perspectiva de fe de una ministra en los debates públicos, pero si eso se presenta de una manera inteligente, estratégica y nunca desde la imposición, será un aporte". El evangélico es visto en Chile como una rareza cultural de periferia. No puede ser parte de la élite cultural, no puede ser parte de la elite política".