Cartas: Cerrar la brecha digital
Cartas: Cerrar la brecha digital Señor Director: Cada día, un mensaje, transferencia bancaria, clase en línea o alerta de emergencia, viaja a través de una infraestructura que casi no se ve. Más del 99% de los datos internacionales circula por cables submarinos de fibra óptica: verdaderas arterias de la vida digital. Sin embargo, mientras el mundo parece funcionar a un clic de distancia, millones de personas siguen fuera de esa conversación.
El Día Mundial de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información -también llamado Día de Internetrecuerda una verdad incómoda: la conectividad ya no es un lujo, sino una condición básica para estudiar, trabajar, informarse, emprender y participar en la vida pública. Por eso, la brecha digital no puede entenderse solo como falta de dispositivos o de señal. Es, sobre todo, una forma contemporánea de desigualdad. El futuro de la web dependerá de su capacidad para incluir y resistir. Incluir, porque una red que deja atrás a comunidades rurales, personas mayores, hogares de menores ingresos o territorios aislados, reproduce las mismas exclusiones del mundo offline. Resistir, porque internet también es vulnerable: desastres naturales, ciberataques, fallas técnicas o tensiones geopolíticas, pueden interrumpir servicios esenciales y generar efectos en cadena en la economía, educación, salud y seguridad. A veces se piensa que basta con ampliar la cobertura o reforzar la ciberseguridad. Ambas tareas son indispensables, pero insuficientes. La conectividad universal exige una mirada más amplia: infraestructura robusta, alfabetización digital, tarifas accesibles, políticas públicas sostenidas y colaboración entre gobiernos, empresas, la academia y la sociedad civil. No se trata únicamente de llegar con internet, sino de asegurar un uso seguro, significativo y útil. La telefonía móvil muestra el alcance social de esta agenda. Los sistemas de alerta temprana basados en celulares pueden salvar vidas durante incendios, inundaciones, terremotos u otras crisis. Pero esas herramientas solo cumplen su promesa si llegan también a quienes viven en zonas apartadas o enfrentan mayores barreras de acceso. La resiliencia digital no se mide solo por la rapidez con que una red vuelve a operar, sino por quienes quedan protegidos gracias a esta. Cerrar la brecha digital es construir una sociedad menos frágil.
La pregunta ya no es si internet será parte del futuro, sino qué tipo de futuro permitirá construir. ¿ Uno donde la conexión sea privilegio de algunos o uno donde funcione como derecho, puente y oportunidad compartida? El Día de Internet invita a elegir la segunda opción: una web más inclusiva, segura y resiliente, capaz de sostener la vida cotidiana sin dejar a nadie fuera. RICARDO MONGE Director Instituto de Matemática, Física y Estadística Universidad de Las Américas.