Cómo convertirse en una ESTAMPILLA BUTANESA
Cómo convertirse en una ESTAMPILLA BUTANESA C on menos de un millón de habitantes, Bután es un reino budista enclavado entre montañas y sin salida al mar. Es la tierra del dragón del trueno en el centro de una bandera amarilla y naranja. Lugares extraños, en los que se respira el ritmo de los Himalayas, con valles estrechos, pasos altos, caminos sinuosos y un bucólico transcurrir del tiempo, las ciudades y poblados de Bután no cuentan con semáforos. Aquí tampoco se tienen noticias de congestión vial ni de mataderos de animales. La televisión se encendió por primera vez en 1999 y, a decir verdad, se percibe que nada ha cambiado demasiado después de aquel hito.
A mis veinte años, cuando realicé mi primer viaje al Sudeste Asiático (sí, una de esas aventuras de juventud que marcan a fuego para toda la vida), mi padre, camino al aeropuerto, me regaló dos guías de viaje. En los noventa no había internet ni teléfonos celulares y esta clase de textos impresos eran aún la biblia de los viajeros. La primera guía trataba sobre Camboya y la segunda, sobre Bután. Todavía las conservo, ambas. La de Bután es además la primera edición que Lonely Planet hizo sobre ese país. Tristemente, aquella vez no pude cumplir el deseo de mi padre de conocer el exótico reino butanés. El costo de la visa que se pagaba por día lo transformaba en un destino de veras prohibitivo para un joven mochilero universitario. Incluso hoy sigue siendo complejo entrar, ya que se precisa de una visa que debe ser tramitada con antelación y su oneroso costo aleja a muchos turistas. La lógica detrás de estas restricciones, se dice, radica en limitar el número de extranjeros y en mantener el equilibrio interno. Bután se precia de ser el primer Estado carbono positivo del mundo, y su Constitución, en el artículo 5, consagra que al menos el 60 por ciento del territorio debe estar cubierto por bosques. Los escasos valles cultivables y la geografía montañosa, de difícil acceso, ayudan mucho al propósito constitucional. Quizás sea esa una de las razones por las cuales Bután nunca fue conquistado ni colonizado por ninguna potencia de Occidente.
Es conocido internacionalmente, asimismo, por considerar que la medición más relevante no es el Producto Interno Bruto (PIB) sino la Felicidad Nacional Bruta (GNH). Este índice se mide de forma rutinaria desde la década de los seTRONGSA. Este dzong (fortaleza-monasterio) encajado en una ladera es parte del paisaje budista de Bután. L O I F N A I T S I R C tos metros sobre el nivel del mar, y el trayecto se hace cómodamente en apenas dos horas. Lo más interesante para mí, aparte de la imponente fortaleza que colinda con la casa del rey y donde se sitúa la sede del gobierno, es su oficina de correos.
María, lo primero que haremos hoy será ir al correo le digo a mi mujer. ¿Al correo? ¿ Por qué quieres partir por el correo? ¡ Tenemos mucho tiempo para comprar postales y estampillas! responde María con seguridad y luego agrega. Tenemos que aprovechar de ir a ver el buda gigante sobre la colina. Tenemos que visitar sus templos, y el Memorial Chorten, donde los fieles circulan rezando. Esos sí que son lugares vivos que impresionarán a nuestros hijos. También tenemos que dejar espacio para ir a la Reserva Takin, ya que es el único lugar donde podremos ver ese raro animal y emblema nacional, el takin del Himalaya. Y solo cuando cumplamos con todo, y en caso de que nos sobre tiempo, vamos un minuto a tu oficina de correos.
Por supuesto que en todos los viajes, y en especial aquellos que son largos e incluyen a niños, uno debe aprender a ceder, a postergar intereses personales en función de la armonía familiar Pero esta no era la ocasión: Partiremos por el correo. Ya verás por qué lo hago le respondo con firmeza y, al parecer, sin dar espacio a mayores negociaciones. La modesta oficina se halla al costado de una galería de arte que vende thangkas cuidadosamente pintadas y bordadas, y de otra tienda que se especializa en textiles antiguos. Todo esto viene en mi auxilio, ya que María ocupa parte de su tiempo en esos lugares. Durante años los intercambios de correspondencia, y sobre todo de documentos oficiales, se hacían con corredores humanos y mulas entre los poblados. Eso cambió en el año 1962 cuando se estableció formalmente una alianza con India y se creó el departamento de correo dependiente del Ministerio de Comunicaciones. Posteriormente, en 1969, se conectó al sistema global. Hoy se llama Buthan Post y es una corporación autónoma. ¿Qué me trae a esta oficina? Una razón muy poderosa, desde luego. En este reino uno puede imprimir estampillas que circulan válidamente con el rostro de uno mismo. Es un culto extremo al ego. Compro entonces un puñado de veinte o treinta postales y me mando a confeccionar estampillas usando dos fotografías de mi rostro. Para un amante de la filatelia y los billetes, es el paraíso, y justificaría perder de vista al takin y ausentarse del fuerte desde donde gobierna el rey de Bután. Obvio que ni María ni mis hijos Delia y Nicanor tienen por qué entenderlo. Afortunadamente el trámite es muy expedito, aparte de económico, y nos permite llevar adelante la agenda con holgura. Por la tarde presenciamos el cambio de guardia de la fortaleza y logramos ver cómo van arriando, centímetro a centímetro, la bandera mientras el día se recoge con ella. La casa real luce pequeña ante el imponente dzong, pero la figura de su majestad, el rey dragón, prolifera por todas partes, en todas las oficinas, en todos los restaurantes, hoteles, billetes y letreros camineros. Aparece a veces en solitario; otras, junto a su padre, y en la mayoría de las ocasiones en compañía de la bellísima reina y sus tres hijos. Si bien desde 2008 es una monarquía constitucional democrática, el rey es el jefe de Estado y una figura omnipresente, querida y admirada. Casi una deidad. El primer ministro y el poder político, al menos de cara a los turistas como nosotros, brillan por su ausencia. De Thimpu continuamos a Punakha, antigua capital del reino. El camino, como era de esperar, se muestra angosto y de curvas infinitas. Algunos monos se divisan en la ruta, y por las ventanas del vehículo uno puede observar villorrios construyéndose en las cumbres de los cerros. El ser humano no deja nunca de sorprender. Cuánta capacidad de adaptación, de energía y resiliencia albergamos. El camino cruza el paso de montaña de Dochula: dos grados Celsius bajo cero y un paisaje neblinoso. Ahí, sobre las colinas, se erigen 108 estupas en homenaje a los guerreros que vencieron a insurgentes indios en 2003. El número no es azaroso. En el budismo butanés todo se relaciona con el 108. En los templos son 108 molinillos los que giran; el rosario budista tiene 108 cuentas; 108 son las impurezas mentales 36 del pasado, 36 del presente y 36 del futuro. Más que un número mágico es un entrenamiento espiritual. Al llegar a Punakha, junto a la confluencia de dos ríos, está el que probablemente sea el más bello de todos los dzongs butaneses. Es domingo y abundan los campos de arquería colmados de equipos de hombres jóvenes y mayores que se reúnen para competir, celebrar y convertir cada tiro en una fiesta. Luego los días se suceden visitando el valle de Phobjikha y, después, otros monasterios, fuertes y templos dedicados al Gurú Rimpoche. Más tarde, un pueblo fálico dedicado al dios de la fertilidad, y Trongsa, un fuerte que controlaba el este del territorio. Y enseguida más pasos cordilleranos, yaks pastando, mujeres vendiendo textiles y quesos secos, para finalmente llegar a Jakar, en el valle de Bumthang. Ahí se ubica el famoso monasterio de Kurjey Lhakhang, construido al lado de una cueva donde la leyenda cuenta que el Gurú Rimpoche meditó y dejó su huella marcada sobre la piedra. Es el Santo Sudario del budismo. En el patio del lugar, cómo no, son 108 estupas las que sirven como muro perimetral. El viento helado azota y traspasa las parkas, levanta el polvo y nos recuerda que estamos cerca del techo del mundo, donde cada cumbre parece una oración inmóvil. El olor a leña de las salamandras nos trae a la memoria el invierno de nuestros abuelos. Todo parece dicho a media voz, como si las montañas mandaran. Quienes puedan pagar la visa no titubeen en venir a Bután, la tierra de la felicidad y del dragón del trueno. Este es uno de esos países que, por más que se resistan, inexorablemente van a cambiar. Viajar hasta acá ya no será lo mismo. Si la extensión de esta crónica me lo permitiera, les daría 108 razones para convencerlos. D. Bután en las alturas es el reino budista donde la “felicidad” es un indicador del bienestar social, y donde un visitante bien enterado sabe que puede convertir su propia cara en una estampilla. En una estampilla real, de curso legal. No un souvenir. Y eso, que no es poco, es solo una parte de los atractivos del país. TEXTO Y FOTOS: Guillermo García, DESDE BUTÁN. ESTUPA. O chorten. Estas construcciones son similares a las que se encuentran en Katmandú, Nepal. MIRADOR. Frente al monasterio de Taktsang (Nido del Tigre), es la postal más conocida del país, cerca de Paro. PHOBJIKHA. Uno de los muchos valles estrechos que se abren entre montañas. PAISAJE. La vida religiosa es visible en todos los rincones. PUNAKHA. Aquí está Chimi Lhakhang, el monasterio de la fertilidad. Los símbolos fálicos también se ven en el pueblo cercano. NIEBLA Y MONTAÑA. Con el mágico monasterio del Nido del Tigre en su cima. FORTALEZA DE THIMPHU. Junto a la casa del rey, es la sede del gobierno. KURJEY LHAKHANG. El hijo del autor, Nicanor, en el famoso monasterio. ARQUERÍA. Equipos se reúnen a competir un domingo en Punakha. SÍMBOLO. Las banderas de oración, aquí tendidas en el valle, están por todos lados. TENIDA TRADICIONAL. El país tiene menos de un millón de habitantes. ARQUERÍA. Equipos se reúnen a competir un domingo en Punakha. FORTALEZA DE THIMPHU. Junto a la casa del rey, es la sede del gobierno. Cómo convertirse en una ESTAMPILLA BUTANESA. ESTUPA. O chorten. Estas construcciones son similares a las que se encuentran en Katmandú, Nepal. MIRADOR. Frente al monasterio de Taktsang (Nido del Tigre), es la postal más conocida del país, cerca de Paro. PHOBJIKHA. Uno de los muchos valles estrechos que se abren entre montañas. PAISAJE. La vida religiosa es visible en todos los rincones. PUNAKHA. Aquí está Chimi Lhakhang, el monasterio de la fertilidad. Los símbolos fálicos también se ven en el pueblo cercano. NIEBLA Y MONTAÑA. Con el mágico monasterio del Nido del Tigre en su cima. FORTALEZA DE THIMPHU. Junto a la casa del rey, es la sede del gobierno. KURJEY LHAKHANG. El hijo del autor, Nicanor, en el famoso monasterio. ARQUERÍA. Equipos se reúnen a competir un domingo en Punakha. SÍMBOLO. Las banderas de oración, aquí tendidas en el valle, están por todos lados. TENIDA TRADICIONAL. El país tiene menos de un millón de habitantes. ARQUERÍA. Equipos se reúnen a competir un domingo en Punakha. FORTALEZA DE THIMPHU. Junto a la casa del rey, es la sede del gobierno.