Autor: POR CARLOS ANDRÉS AVILA AVILA
Columnas de Opinión: Los gobiernos pasan, pero el Estado queda
Columnas de Opinión: Los gobiernos pasan, pero el Estado queda E n política, el azar no existe; en política, la estrategia es todo. El diseño y el horizonte son parte de un mismo relato que busca un mismo fin: mantener el poder y establecer las condiciones para que este se mantenga en el lado del vencedor. La estrategia es parte del juego del poder, pero su único adversario real se encuentra fuera de los márgenes del relato, más conocido como la realidad.
Esto es lo que podría describir, reflexivamente, lo que está pasando en la interna del actual gobierno: el peso de la responsabilidad ya no radica en ganar una elección, sino en movilizar el aparato público para cumplir con las expectativas de las personas que confiaron en un cambio. Sin embargo, el cambio no es sinónimo de cercanía ni de certezas. Hoy en día, ese cambio está cruzado por las crisis globales, con lo que es tendencia y marca la pauta de la agenda nacional e internacional. La lucha contra los que piensan diferentes sirven para crear algoritmos que no contribuyen en nada al debate público serio, responsable y transparente. En este sentido, la discusión de lo público se traduce en una práctica mediática pero sobre todo simbólica. Reducir el gasto público y empezar a traspasar los costos de la agenda económica a las familias incentiva un fuerte debate sobre el rol del Estado y el alcance que tiene en las políticas sociales.
Durante la época de campaña electoral del actual mandatario, se promovió el relato del Gobierno de Emergencia, un enganche mediático que funcionó y que ayudó en la victoria, pero durante los primeros días de gestión se vieron enfrentados a las contradicciones de la administración pública, que termino de socavar la idea de emergencia en un plano operativo y político pero no discursivo.
Al mismo tiempo, el gobierno está en una situación incómoda, pero está comprometido con sus ideales: el crecimien to a toda costa, vender los inmuebles fiscales, reducir los impuestos a las grandes empresas, no contener el precio del petróleo, permitiendo la mayor alza en 30 años.
Cabe mencionar que todas estas medidas se enmarcan en las 40 que están planificadas para un solo objetivo: "Crecimiento que va a generar empleo". Es decir, existe una tesis, la más tradicional y convencional del modelo neoliberal. Como para comprender, la demanda de trabajo no responde directamente a la carga tributaria de las empresas, sino a cuánto venden.
Por consiguiente, la demanda de trabajo depende de los bienes y servicios que los trabajadores producen, no es un deseo directo de contratar personas, pues las fluctuaciones en los productos son los que activa el mercado laboral. Por lo tanto, existe una mirada ideológica que tributa al crecimiento pero no al desarrollo. El problema es que todavía no se vislumbra las iniciativas que resguarden la integridad y los intereses de la clase media que pregonaron mediante el programa de gobierno que propusieron al país. En la actualidad, existe ese vacío, esa brecha y desconexión con las problemáticas colectivas, que, aunque se intente individualizar la responsabilidad por voluntad política del ejecutivo, solo intensifica el malestar.
De hecho, las medidas hablan de aquello: subir la bencina, perseguir a los deudores del CAE, recortar becas y mentir sobre la caja fiscal son parte de una estrategia que debilita la confianza entre la ciudadanía y el aparato público, desconociendo los problemas de fondo que son compartidos por millones de compatriotas a lo largo del país Por un lado, ¿Sabe el gobierno que quiere gobernar en un terreno inestable, en el que las izquierdas y las derechas no tienen respuestas ante el desencanto y la irritación que tiene la población con la política institucional? Es allí donde es necesario asumir otros desafíos en términos políticos, donde la prudencia y la humildad son virtudes necesarias para tener estabilidad social y poder gobernar en un Estado democrático.
Lo que deja como sensación estos días de gobierno del presidente José Antonio Kast es una tendencia a reinstalar el estilo de la campaña electoral, una especie de resistencia a no abordar la realidad de los hechos, pero sobre todo a no aprender las lecciones de los últimos años. La batalla ideológica puede ser permitida en shows televisivos y confrontaciones en redes sociales, pero no para gestionar ni movilizar la política pública ni mucho menos el Estado.
En efecto, la falta de rigurosidad en las comunicaciones del gobierno es el resultado de un enfoque que está centrado más en gestionar la batalla cultural que la gestión misma del Estado, lo que se agudiza con el tiempo debido al desconocimiento de las tensiones entre las urgencias de la gestión diaria y la agenda ideológica. El Gobierno de Emergencia para muchas personas tiene sentido, por algo el actual gobierno ganó de manera sólida en todo el país.
Sin embargo, la interrogante que resalta es ¿ hasta dónde llegará el estilo de gobernanza ?. El relato de orden y seguridad es un discurso que se desgasta y sus resultados dependen de otros temas que van más allá del orden público.
Habitar en la república también es aprender que seguir y reconocer los errores son un signo de madurez y no de debilidad; la batalla cultural es para las campañas y pretender extenderla en la gestión y administración del Estado traerá problemas que profundizan el daño a la credibilidad de las instituciones, pero también a la misma democracia. Pensar en la gestión es pensar desde el Estado, desde sus servicios y unidades técnicas que componen un cuerpo institucional que cumple sueños y anhelos a millones de chilenos a lo largo del territorio nacional. Los gobiernos pasan, pero el Estado queda y es de todos. Autor: POR CARLOS ANDRÉS AVILA AVILA.