LA SAGRADA Paciencia
LA SAGRADA Paciencia O z D.. Ir 1 r. 1_ Barcelona 2026: LA SAGRADA Paciencia LA CIUDAD ESPAÑOLA, NOMBRADA CAPITAL MUNDIAL DE LA ARQUITECTURA 2026, RECUPERA SU PROTAGONISMO GLOBAL TRANSFORMANDO EL CENTENARIO DE ANTONI GAUDÍ EN UN LABORATORIO DEL FUTURO BAJO EL SELLO DE LA UNESCO. EN UNA CONVERSACIÓN QUE CRUZA LA TÉCNICA CON LA MÍSTICA, LOS ARQUITECTOS FELIPE ASSADI Y CAZÚ ZEGERS REFLEXIONAN SOBRE LA VIGENCIA DE ESA OBSESIÓN ORGÁNICA QUE DESAFIÓ LOS LÍMITES DE LA DISCIPLINA.
ENTRE LA DEFENSA DEL TIEMPO COMO EL MATERIAL MÁS VALIOSO Y LA ESCUCHA PROFUNDA DEL TERRITORIO, ESTE HITO MARCA EL FIN DE UNA ESPERA HISTÓRICA Y EL INICIO DE UN NUEVO DIÁLOGO ENTRE LA OBRA DE ARTE Y SU PAISAJE. POR ROMMY BUCHHOLZ S.. LA SAGRADA Paciencia ANTONI GAUDÍ ENTENDIÓ LA ARQUITECTURA COMO UNA EXTENSIÓN DE LAS LEYES NATURALES. Su genialidad residió en la capacidad de trasladar la eficiencia de las formas orgánicas a la piedra, desarrollando un lenguaje estructural que hoy define el horizonte de Barcelona. En el epicentro de este legado, la Sagrada Familia funciona como un ecosistema de ingeniería donde las columnas se ramifican para distribuir el peso y los arcos siguen la lógica de las catenarias. Esta visión transformó la construcción en una disciplina dinámica, logrando que los edificios resolvieran sus propias tensiones físicas mediante una geometría que la tradición había ignorado.
El 2026 marca un punto de inflexión en esta historia: se con memora el centenario de la muerte del arquitecto, ocurrida tras un trágico accidente en 1926 cuando tenía 73 años, dotando a la culminación de sus torres centrales de un profundo simbolismo de cierre y homenaje. La Basílica, cuya primera piedra se asentó en 1882, ha sobrevivido a guerras, incendios y la pérdida de los planos originales, transformándose en una epopeya de ingeniería que atraviesa tres siglos. El hito que hoy movilizo al mundo es la culminación de sus torres centrales.
Tras décadas de incertidumbre, la implementación de tecnología de vanguardia, desde el diseño asistido por computadora hasta la impresión 3D y la piedra teselada, ha permitido que la Torre de Jesucristo, el punto más alto del templo con sus 172.5 metros, se prepare para ser finalizada en 2026. Este avance representa el triunfo de la visión gaudiana sobre el tiempo, convirtiendo lo que muchos consideraban un sueño imposible en la silueta definitiva del horizonte barcelonés.
LA NATURALEZA COMO MANIFIESTO: EL LEGADO DEL “PRECURSOR” Para la arquitecta Cazú Zegers, la vigencia de Antoni Gaudí reside en la profundidad de su mirada: “Su visión fue construida a partir de la contemplación de la naturaleza; todas sus formas y estructuras están inspiradas en ella, y creo fundamental volver a conectar con esa esencia”, afirma. Esta conexión constituye el eje fundacional de su propio quehacer, distanciándose de cualquier interpretación meramente teórica para volverse una práctica tangible. Zegers identifica esta revelación en el origen de su trayectoria, específicamente durante el desarrollo de la emblemática Casa Cala.
Aquella obra, que en 1993 obtuvo el Gran Premio Latinoamericano de Arquitectura y que hoy define como su “Casa Tesis”, dio paso a la sentencia que marcaría su carrera: “La nueva plástica está en las formas de la naturaleza”. Para la directora de Estudio CazO Zegers este concepto, que hoy emerge como una urgencia contemporánea, fue materializado por Gaudí un siglo antes, consolidándolo como el gran precursor de una arquitectura que respiro. Sin embargo, esta libertad orgánica encuentra hoy un límite en las métricas de la industria contemporánea. Para el arquitecto Felipe Assadi, Gaudí pertenece a ese grupo de figuras que reimaginó y redefinió la disciplina.
El arquitecto sostiene que el genio catalán “[desplazó] los límites disciplinares hacia fronteras nunca antes exploradas [1 propuso un modo absolutamente distinto de pensar y, por lo tanto, de hacer arquitectura”. No obstante, advierte que esa misma obsesión, aunque inspiradora, choca con los imperativos tecnológicos y económicos del presente. Desde su perspectiva, la realidad actual se ha volcado hacia una síntesis rígida, impulsada por factores evolutivos que vuelven impracticable replicar hoy la metodología y la libertad de hace un siglo. EL RIGOR DEL TIEMPO FRENTE AL MERCADO La culminación de la Sagrada Familia en 2026, tras casi un siglo y medio de trabajos, abre un debate necesario sobre la inmediatez de la era actual. Mientras la industria exige plazos vertiginosos, la obra de Gaudí se erige como un manifiesto a favor de la decantación. Para Zegers, esta extensión cronológica es una condición de su propia naturaleza.
Ella sostiene que 144 años son, en realidad, “la medida adecuada para una obra de la magnitud de la Sagrada Familia, sobre todo si tomamos en cuenta que las catedrales tomaban varias generaciones para ser construidas”. Esta visión de la arquitectura como un proceso vivo y pausado choca con la urgencia contemporánea. Zegers advierte que la premisa de la rapidez que domina la construcción hoy impide la reflexión profunda necesaria para alcanzar la síntesis de una obra de arte. Para Felipe Assadi, esta brecho temporal es un recordatorio de que la arquitectura exige tiempos de desarrollo que la industria actual intenta omitir. “En arquitectura lo inmediato es mediocre”, sentencia el arquitecto, estableciendo una distinción crítica entre el acto de proyectar y la simple fabricación en serie. Desde su perspectiva, operar en un contexto menos industrializado permite mantener una relación estrecha con la materia y el territorio, condiciones que no admiten la inmediatez constructiva. Respecto a los 144 años de la Sagrada Familia, Assadi introduce un matiz pragmático: aunque plantea la posibilidad.
LA SAGRADA Paciencia o z D \l íinal, la paciencia de l3arcelona se transíbrma en una lección dlobal: la arquitcduiu que trasciende es aquella que se permite el tiempo necesario para alcanzar su propia síntesis ¿ Y. ,. T”. 1.. . « 1. _. -1 1 de que la demora responda a una lógica turística más que conceptual, sostiene que el paso del tiempo opera siempre a favor de una obra de tal envergadura. Al final, la paciencia de Barcelona se transforma en una lección global: la arquitectura que trasciende es aquella que se permite el tiempo necesario para alcanzar su propia síntesis.
EL TERRITORIO COMO MONUMENTO: LA LECCIÓN PARA AMÉRICA El nombramiento de Barcelona como Capital Mundial de la Arquitectura 2026 trasciende el homenaje; funciona como un recordatorio de la potencia del paisaje frente a la intervención humana.
Para Cazú Zegers, también fundadora de la Fundación para el Patrimonio +1000, la lección de este hito reside en una distinción que planteó ante el propio Colegio de Arquitectos de Cataluña: “El Territorio es a América, como los monumentos a Europa”. Bajo esta premisa, nuestro mayor patrimonio es el paisaje mismo, y cualquier intervención debe nacer de una contemplación profunda donde el entorno se escucha antes de ser intervenido. Esta visión de respeto absoluto encuentra su anclaje en la responsabilidad ética que defiende Felipe Assadi. Para el arquitecto, el éxito de Barcelona se almea con el modelo europeo de vanguardia conservacionista, una convivencia entre patrimonio e innovación que requiere una curatoria rigurosa del talento.
“Eso solo es posible convocando a los mejores, sobre todo vía concurso público o por invitación, que a mi juicio es la única forma de obtener los mejores edificios y solo así hacer mejores ciudades”, afirma con determinación. Es en esta intersección, donde el rigor técnico se pone al servicio de la sensibilidad pública, donde la arquitectura trasciende su función básica para convertirse en un legado ciudadano. Esta filosofo alcanza su máxima expresión en el premiado Hotel Tierra Patagonia, obra que Zegers describe como una “historia de amor” entre el edificio y la geografía. En este vínculo, el diseño actúa como el elemento revelador: mientras que el lugar por sí solo posee una belleza innegable, es la arquitectura la que le otorga una identidad única. Bajo esta mirada, la práctica profesional se aleja de la mera ocupación del suelo para transformarse en un gesto de delicadeza donde la obra y el territorio se potencian mutuamente en una simbiosis atemporal.. -4.