Autor: CATERINNA GIOVANINI
Revolución tecnológica lleva a mayores de 60 a volver a estudiar para reimpulsar sus carreras
Revolución tecnológica lleva a mayores de 60 a volver a estudiar para reimpulsar sus carreras El 31 de marzo, Román Soto, de 67 años, se jubiló y quedó desvinculado de su trabajo en la Municipalidad de Osorno. Allí, durante años propuso incorporar tecnología al sistema de control de carga de combustibles, pero dice que nadie lo escuchó. Es que la electrónica que él estudió en los 80 “ya pasó de moda”, dice. Se mantenía actualizado leyendo y durante décadas postergó la idea de seguir estudiando. Primero por el trabajo, después por los hijos. Pero sus días de jubilado no son como se los había imaginado.
Hace un mes comenzó a estudiar Técnico en Automatización y Robótica en la sede de Inacap en Osorno y se dio cuenta de que, en realidad, “a esta edad no hay límite” y que todos estos nuevos conocimientos “se sienten como un rejuvenecer”. Incluso, cree que en los próximos años podría desarrollarse asesorando lecherías en sus procesos de automatización. En Chile, el número de personas mayores casi se ha triplicado en las últimas tres décadas. En consecuencia, en instituciones de educación superior como Inacap, la matrícula de alumnos nuevos desde los 50 años aumentó más de 1.000% entre 2018 y 2026. Decidieron ayudarlos y abrir las becas Dorada y Plateada, para personas desde los 50 años, con descuentos del 50% y del 100% para mayores de 60.
En su primera versión, 1.121 personas se matricularon en 34 carreras técnicas, y un 33% optó por áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática). Como Verónica Rivara de 62 años, quien leyó: “Si tienes interés en el Big Data o la IA, la carrera de Analista Programador es la elección ideal para ti”, y pensó que, en realidad, siempre le había interesado la computación.
Antes había trabajado en diseño gráfico y recientemente había llegado a la conclusión de que “sin título nadie te pesca”. Y, a pesar de no haber vuelto a estudiar en más de 40 años, se inscribió en la sede Valparaíso de Inacap. En el último tiempo, Rivara había estado trabajando en el rubro de los camiones, pero ni ella ni sus hijos querían que volviera ahí. “Es muy sacrificado y realmente es para una persona más joven”, dice. Durante cinco años hizo viajes entre Chiloé y Brasil, y luego entre Santiago y San Luis, en Argentina. Hoy trabaja como Uber, pero su sueño es “dejar de moverse tanto”, poder teletrabajar en un computador. Así que, cuando vio que podría estudiar gratis “la verdad es que no lo pensé dos veces”, cuenta. El entusiasmo no ha desaparecido. “A lo mejor, terminando lo que es analista programadora, puedo seguir a la informática biomédica, porque me gusta mucho esa área”, agrega. Otra mujer conductora que vio en estas carreras una posibilidad fue Myriam Steger, de 65 años, quien, sin querer cambiar de rubro, sintió la necesidad de actualizar sus conocimientos. Fue chofer de Chilectra, condujo taxis, trabajó en el Transantiago y manejó camiones. Desde que se independizó, maneja un furgón escolar y este año decidió entrar a estudiar Técnico en Mecánica y Electromovilidad Automotriz en la sede La Granja de Inacap.
“Toda la vida mi trabajo ha sido conducir, ha sido mi fuente de ingreso, entonces yo creo que lo mínimo que uno debe saber son cosas básicas de mecánica, como saber cambiar neumáticos, hacer mantenciones”, dice. Además, siempre le ha interesado entender cómo funcionan las cosas. “Cómo se eleva un avión, cómo se mantiene a flote un barco, qué tipo de motor tiene Son cosas que uno se pregunta y que nadie te explica bien”, comenta. No solo quienes sacan su primera carrera se sintieron atraídos por las áreas STEM. También los profesionales formados hace décadas.
“Esta parte, que no tiene absolutamente nada que ver con toda mi formación anterior, es algo por lo que siempre tuve inquietud y, bueno, se me ocurrió que era el momento y se dio la posibilidad de poder hacerlo”, dice Ricardo Rojas, de 68 años. Químico farmacéutico de la Universidad de Chile, trabajó durante 45 años en su profesión. Sin embargo, recuerda que desde los años 80 arrastraba un interés persistente por la informática. “Siempre tuve esa curiosidad y hasta terminaba arreglando computadores en la farmacia, aunque obviamente no me pagaban por eso. Era un hobby”, cuenta. Cuando se jubiló, sintió que tenía que seguir haciendo algo. “En una carrera de esta área se aprende haciendo”, asegura. Hoy es el mayor de su clase en Técnico en Telecomunicaciones y Servicios Digitales en la sede Antofagasta, y ve en esta decisión una manera de combatir el edadismo. “No estoy muerto en vida”, comenta. Dice que esta forma de discriminación, de la que antes solo había leído, empezó a tocarle de cerca y no le estaba gustando. En este nuevo campo ve una oportunidad para seguir contribuyendo durante los próximos 10 o 15 años. VOLVER A ESTUDIAR Después de la inscripción, lo primero fueron las nivelaciones. “Nos enseñaron todo lo básico de computación: Windows, Word, Excel, Canva, PowerPoint”. También tuvieron una semana dedicada a técnicas de estudio con una psicopedagoga. “Fue una semana fantástica”, recuerda Rivara. Parece ser que el mayor temor en este grupo no es la tecnología, sino las matemáticas, el álgebra. Pero cuando los contenidos se conectan con la vida diaria y el trabajo, cambia la percepción. “Ahí las matemáticas aplicadas se ven como algo bonito”, dice Román. Con eso, Steger pide ayuda a sus hijas. “Ellas me ayudan un poco cuando tienen tiempo, pero ¿ sabes con quién más me apoyo? Con la inteligencia artificial, aunque tú no creas. Yo ocupo la inteligencia artificial para ver los resultados y lo compruebo con los míos. Me ayuda a seguir el ejercicio paso a paso”. Dice que ha tenido que aprender a usarla. No se maneja mucho en Excel, pero sí en PowerPoint y en Word, y en su trabajo recibe información por WhatsApp. Se siente orgullosa de no necesitar ayuda de sus compañeros para eso. En lo que sí destaca esta generación es en disciplina, coinciden todos.
Verónica se levanta a las 6:30 para ir a clases, almuerza en el casino de la sede y luego trabaja como Uber hasta las nueve de la noche: “Llego muerta”. Por eso, cuando piensa en sus compañeros jóvenes, a veces siente rabia. “Entramos a las 8:30 y llegan a las 10:30, con la almohada pegada”, afirma. Soto percibe lo mismo. En la sala, dice, los mayores llegan atentos; los más jóvenes, no siempre. “El mundo laboral nos exigió estar despiertos. Gracias a nuestra experiencia de vida llevamos un paso adelante”, asevera. “Ya sabemos lo que queremos hacer. Vamos a sacar la carrera en el tiempo que corresponde y no vamos a atrasarnos”, coincide Rivara. “En una carrera de esta área se aprende haciendo”, plantea Ricardo Rojas (68), alumno de Técnico en Telecomunicaciones y Servicios Digitales en la Sede Antofagasta del plantel. “Siempre me ha interesado la mecánica y entender cómo funcionan las cosas”, asegura Myriam Steger (65), quien cursa Técnico en Mecánica y Electromovilidad Automotriz en Inacap de La Granja. “El mundo laboral nos exigió estar despiertos”, afirma Román Soto (67), alumno de Técnico en Automatización y Robótica en Inacap de Osorno. Autor: CATERINNA GIOVANINI.
Personas que no habían asistido a un aula en décadas decidieron hacerlo, motivadas por las oportunidades que están abriendo las disciplinas STEM, ilusionadas con la posibilidad de tener un empleo donde poder teletrabajar y con el propósito de mantenerse actualizados ante los vertiginosos cambios que están ocurriendo.
INACAP OFRECIÓ UNA BECA ENFOCADA EN MAYORES Y RECIBIÓ MÁS DE MIL MATRICULADOS: “En una carrera de esta área se aprende haciendo”, plantea Ricardo Rojas (68), alumno de Técnico en Telecomunicaciones y Servicios Digitales en la Sede Antofagasta del plantel. “Siempre me ha interesado la mecánica y entender cómo funcionan las cosas”, asegura Myriam Steger (65), quien cursa Técnico en Mecánica y Electromovilidad Automotriz en Inacap de La Granja. “El mundo laboral nos exigió estar despiertos”, afirma Román Soto (67), alumno de Técnico en Automatización y Robótica en Inacap de Osorno. “Sin título nadie te pesca”, dice Verónica Rivara (62), quien estudia la carrera de Técnico Analista Programador, en la sede de Inacap en Valparaíso. “Sin título nadie te pesca”, dice Verónica Rivara (62), quien estudia la carrera de Técnico Analista Programador, en la sede de Inacap en Valparaíso.