El trabajo por el rescate de las costumbres italianas
El trabajo por el rescate de las costumbres italianas a identidad de la Región de Coquimbo es un tejido donde se cruzan la herencia diaguita, el pasado colonial español y las oleadas L de buscadores de fortuna de todo el globo. Sin embargo, existe una hebra particular que transformó de manera definitiva el paisaje urbano, agrícola y social de esta zona: la inmigración italiana.
A través de un viaje temporal que consolidó sus cimientos entre finales del siglo XIX y mediados del siglo XX, la comunidad peninsular no solo se integró, sino que refundo sectores enteros, legando un patrimonio inmaterial que hoy define el pulso diario de los coquimbanos y serenenses.
Aunque los primeros navegantes y comerciantes italianos pisaron la costa de Coquimbo a mediados del siglo XIX atraídos por el auge minero y el movimiento portuario, el verdadero punto de inflexión demográfico y cultural ocurrió el 19 de mayo de 1951, cuando el barco Américo Vespucio arribó al puerto de Coquimbo con 153 migrantes de la región alpina del Trentino (al norte de Italia). Familias enteras desembarcaron en una tierra árida pero prometedora. Traían consigo el trauma de la posguerra, pero también un capital invisible y sumamente poderoso: un conocimiento agrícola milenario, una ética de trabajo inquebrantable y un arraigo profundo a sus tradiciones locales. Lo que para muchos era un secano indómito, para los ojos de estos inmigrantes fue el lienzo perfecto para replicar los huertos de sus infancias. Tras años de trabajo, esta comunidad siempre tuvo una especial preocupación por mantener sus costumbres y que las nuevas generaciones no solo mantuvieran su lengua nativa, sino que también su tradición culinaria y celebraciones.
Es así, por ejemplo, que el 2 de junio es una fecha especial y muy importante para Italia, ya que desde 1946 se celebra la proclamación de la República, donde a través de un referéndum se decidió esta forma de gobierno.
Es un día de fiesta nacional no solo en el país, sino que también para las familias inmigrantes italianas que viven en la Región de Coquimbo y que hoy mantienen vivas las tradiciones y el espíritu italiano, pese a estar lejos de sus raíces. "En general, cuando llegaron, se empezaron a reunir, se organizaron a través del círculo trentino y empezaron a mantener siempre las fiestas típicas del territorio, la celebración del Día de Italia, Navidad, el día 15 de.
A su llegada, los inmigrantes provenientes de Trento se encontraron con un panorama de terrenos de difícil cultivo, con suelos salinos, los que debido a su esfuerzo y tenacidad fueron convirtiendo en fértiles parcelas donde se comenzaron a producir diversos tipos de hortalizas. Aspectos culinarios y religiosos se cuentan entre su influencia El trabajo por el rescate de las costumbres italianas agosto, el Día de la Virgen.
Todas esas fiestas fueron como las típicas tradicionales de los italianos y se transformaron en fiestas típicas de la de la colectividad trentina", detalla Giovanni Bonani, presidente del directorio de la fundación educacional Scuola Italiana, Alcide De Gasperi, y parte del directorio de la Sociedad Italo-trentina Un aspecto importante, señala el representante de esta colectividad, ha sido reunirse en torno a la buena mesa. La costumbre de la pasta fresca del domingo, elaborada pacientemente en casa con huevos frescos y semola, s e mi meti zó con la mesa chilena. Las panaderías y pastelerías locales adoptaron técnicas de la panificazione italiana; el pan dulce, los helados artesanales de base láctea y la valoración del aceite de oliva como elemento central de la salud. Hoy, el comer en Coquimbo tiene un innegable acento peninsular en su matriz más casera y afectiva. "Siempre ha mantenido la comida y todo lo que son los platos típicos italianos. Como llegaron los inmigrantes los abuelos con los hijos, papá e hijo, ellos mantuvieron siempre sus tradiciones, sus costumbres y la fueron y difundiendo en sus descendientes y en la comunidad en general. Por eso que hacemos la celebración una vez al año la de la llegada y con la comida típica, música, canto y todo lo italiano", especificó Bonani. La religiosidad es otro puente indestructible entre ambas culturas. La profunda devoción católica de los inmigrantes italianos encontró un eco perfecto en las festividades de la región, particularmente en el culto a la Virgen de Andacollo.
Asimismo, valores fundamentales como la centralidad de la familia extensa, el respeto por los ancianos como custodios de la memoria y la sobremesa como un ritual sagrado de conversación y debate, se amalgamaron con la hospitalidad chilena. El concepto del vivere bene -disfrutar de las cosas simples, el arte, la buena conversación y el trabajo bien hechocaló hondo en los habitantes de la Región de Coquimbo.
A más de siete décadas de los hitos colonizadores más masivos, la herencia italiana es una cultura viva que respira en los apellidos de profesionales, autoridades y agricultores de los valles del Elqui y Limarí; habita en el aroma de las cocinas locales y se mantiene firme en las fachadas que resisten el paso del tiempo. Los inmigrantes que alguna vez miraron con incertidumbre el horizonte desde el puerto de Coquimbo, hoy descansan sabiendo que transformaron esta franja de tierra en su verdadero e irrenunciable hogar..