Autor: Laura Bertolotto Navarrete Rectora Santo Tomás Valdivia
Columnas de Opinión: Tecnología y trabajo
Columnas de Opinión: Tecnología y trabajo n la actualidad la conversación sobre tecnología dejó de ser técnica para volverse profundamente humana.
En este sentido, desde la formación técnico-profesional y uniE versitaria, en vínculo permanente con el mundo productivo, resulta evidente que la industria ya no se pregunta solo qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué debería hacer. Este giro marca un punto de inflexión: la ética dejó de ser un complemento y pasó a ser una condición para competir. Hoy, hablar de innovación sin responsabilidad es insuficiente. Bajo esta mirada, las empresas enfrentan un escenario donde los algoritmos inciden en decisiones concretas, desde diagnósticos hasta procesos de selección. En ese contexto, la "caja negra" dejó de ser aceptable. Se exige transparencia y profesionales capaces de explicar el impacto de las soluciones que desarrollan. Es por ello que, más que cumplir normas, emerge una ética operativa, que responden a criterios integrados en cada decisión. La privacidad, los sesgos y la seguridad forman parte del estándar. Pero este escenario también redefine el talento requerido. Durante años se privilegió la especialización técnica, pero hoy eso no basta. El desafío es formar personas que no solo ejecuten, sino que comprendan el impacto de su trabajo. Saber hacer sigue siendo clave, pero entender por qué y para qué hacerlo marca la diferencia. Hoy la industria es categórica: las tareas repetitivas están siendo absorbidas por la inteligencia artificial. Lo que se valora es la capacidad de resolver problemas complejos, pensar críticamente y adaptarse. En este punto, junto con la alfabetización en datos e inteligencia artificial, cobran fuerza habilidades como la empatía, la comunicación y la resiliencia. Mientras más avanza la tecnología, más relevante se vuelve lo humano. También cambia el rol de la educación. Ya no basta con entregar un título; se requiere formar personas capaces de aprender de manera continua. En entornos dinámicos, esa capacidad se convierte en la principal competencia. Frente a esta realidad, el perfil que emerge es concluyente: profesionales de enfoque integral, capaces de conectar tecnología y con impacto social. Desde la industria -y el trabajo conjunto impulsado en la Región de Los Ríosel mensaje es claro: la tecnología es el motor, perolo humano es el volante. Ignorar esta relación no es una opción, es un riesgo. Como región, existe una oportunidad concreta de formar talento pertinente, fortalecer la confianza y avanzar hacia un desarrollo productivo que combine competitividad con responsabilidad. Porque hoy la diferencia no está en tener más tecnología, sino en saber usarla con criterio y propósito humano. Autor: Laura Bertolotto Navarrete Rectora Santo Tomás Valdivia. C Columna