Autor: JORGE BERMÚDEZ SOTO, EX CONTRALOR GENERAL DE LA REPÚBLICA
Columnas de Opinión: Dejemos de soñar con el Valparaíso de 1900
Columnas de Opinión: Dejemos de soñar con el Valparaíso de 1900 CRÓNICAS DE CIUDAD ace un par de semanas recibí un tremendo regalo de un buen amigo: el libro "Valparaíso, Auge y Ocaso del Viejo Pancho 1830-1930", del recordaH do historiador porteño Rodolfo Urbina (un aplauso cerrado, por cierto, a la Editorial Puntángeles de la UPLA por tan cuidada edición). Es una joya infaltable para los que nos apasiona la historia de nuestro puerto. Pero, al pasar las páginas, a uno le va quedando esa sensación media amarga de que, con Valparaíso, "todo tiempo pasado fue mejor". Yo estoy en completo desacuerdo. Llevamos demasiado tiempo atrapados en el debate de cómo recuperar la ciudad que fuimos. A estas alturas del partido, tal vez llegó la hora de preguntarnos, con un poquito más de ambición (y de personalidad), qué ciudad soñamos llegar a ser. Nadie tiene una venda en los ojos: Valparaíso enfrenta forados profundos. Deterioro urbano, éxodo de vecinos, inseguridad, proyectos que se eternizan y esa molesta sensación de estar pedaleando en el aire.
A veces pareciera que vivimos atrapados entre la nostalgia del siglo XIX y la resignación del presente, como si nuestro único horizonte fuera "administrar el deterioro". Pero el mismo libro nos da la clave: "Valparaíso sorprende, encanta y estimula la sensibilidad desde la perspectiva que se le mire". Y es que, con todas sus pifias y dificultades, pocas ciudades en Chile tienen la "madera" para transformarse en un polo de innovación y creatividad como la nuestra. ¡Pero atención! cuando hablo de innovar no me refiero a crear la próxima gran aplicación de celular desde un café de especialidad. Innovar también es desarrollar nuevas formas de habitar el cerro y el plan, de revivi otras ciudades buscan con billetera y no encuentran: identidad.
Tenemos excelentes universidades concentradas en un par de kilómetros; una escala humana envidiable; una geografía rebelde que te obliga a pensar fuera de la caja; y, sobre todo, una tremenda cantera de talento joven que muchas veces termina agarrando sus maletas porque siente que acá no hay espacio para armar su futuro. Entonces, el tema no es si hay potencial. Hay, y harto.
La verdadera pregunta es: ¿ Por qué seguimos administrando la ciudad con el manual del siglo pasado? Aceptémoslo: el futuro de Valparaíso no está en intentar disfrazarnos del gran puerto industrial que fuimos hace cien años. El mundo cambió, la economía giró y los barcos a vapor no van a volver. Hoy, las ciudades más dinámicas son las que atraen conocimiento, cultura, tecnología y creatividad. Ciudades que entienden que el desarrollo no es solo echar cemento, sino generar lugares amables donde den ganas de vivir y no solo de ir a sacarse una foto el fin de semana. Y aquí aparece un desafío institucional. Valparaíso. rrios, de mejorar los servicios públicos y de generar oportunidades reales para los que seguimos "resistiendo" en el puerto. En primer lugar, Valparaíso tiene de sobra lo que necesita algo que nos cuesta asumir: liderazgo. Hoy la ciudad parece un archipiélago de oficinas públicas compitiendo entre sí, proyectos que no conversan y autoridades apagando incendios urgentes sin un norte común. Una ciudad innovadora requiere justamente lo contrario: colaborar, dejar los egos de lado y ejecutar de una buena vez. La innovación tampoco consiste en llenar la ciudad de pantallas LED o mandarse discursos grandilocuentes sobre "smart cities", algo que no pega ni junta con el alma porteña. Una ciudad inteligente es, antes que todo, una ciudad digna. Una donde el transporte funcione, donde la calle esté iluminada en la noche, y donde armar un proyecto no implique años de papeleos kafkianos. Tal vez Valparaíso tiene hoy una segunda oportunidad. No para convertirse en una fotocopia de Santiago, ni en un parque temático o un museo al aire libre, sino para transformarse en una ciudad viva, del conocimien to y de la innovación urbana.
Porque las ciudades que sobreviven no son necesariamente las que se congelan en su pasado, sino aquellas que logran convertir su enorme identidad en el mejor combustible para el futuro. @ Aceptémoslo: el futuro de Valparaíso no está en intentar disfrazarnos del gran puerto industrial que fuimos hace cien años. El mundo cambió, la economía giró y los barcos a vapor no van a volver. Autor: JORGE BERMÚDEZ SOTO, EX CONTRALOR GENERAL DE LA REPÚBLICA. Aceptémoslo: el futuro de Valparaíso no está en intentar disfrazarnos del gran puerto industrial que fuimos hace cien años. El mundo cambió, la economía giró y los barcos a vapor no van a volver.