Editorial: El valor de quienes enfrentan el fuego
Editorial: El valor de quienes enfrentan el fuego Ayer, como cada 15 de febrero Chile se conmemoró el Día del Brigadista Forestal, una fecha que tiene su origen en la tragedia ocurrida en 2009 en el sector Polhuin, comuna de Chanco, cuando un accidente aéreo costó la vida a trece brigadistas que se dirigían a combatir un incendio forestal. Desde entonces, esta jornada no solo honra su memoria, sino que releva el rol permanente de quienes enfrentan una de las amenazas más recurrentes y complejas que azotan a nuestro país.
Este año la conmemoración realizada en Coronel tuvo un significado especial debido a las recientes emergencias que afectaron a comunas como Penco y Tomé, registrando pérdidas humanas y materiales que evidencian el impacto social de los incendios forestales. En ese escenario, el trabajo de los brigadistas volvió a situarse en el centro de la respuesta institucional. El rol del brigadista forestal exige preparación técnica, coordinación y capacidad de operar en condiciones extremas.
Las cuadrillas de CONAF, junto a equipos de empresas forestales, voluntarios de Bomberos de Chile y las Brigadas de Refuerzo del Ejército de Chile, conforman una estructura que actúa de manera articulada para proteger vidas, viviendas y ecosistemas. Su labor no se limita a la contención del fuego: incluye prevención, planificación y trabajo comunitario. En las recientes emergencias se conoció el caso de quince brigadistas de CONAF que, pese a haber sufrido daños en sus propias viviendas, retornaron a sus funciones en la línea de combate. El hecho no requiere adjetivos para dimensionar su significado. Habla de una ética de servicio que trasciende lo individual y E que sostiene la capacidad de respuesta del Estado y del sistema de protección civil. El contexto también ha cambiado, el avance del cambio climático ha extendido la duración e intensidad de las temporadas de incendios, generando escenarios más complejos e impredecibles. Esta realidad obliga a fortalecer la coordinación público-privada, incrementar la inversión en prevención y mejorar las capacidades técnicas y logísticas. La experiencia reciente en Biobío demuestra que la articulación institucional es un requisito básico para enfrentar eventos de gran escala. Reconocer a los brigadistas no es solo un gesto simbólico, es asumir que la prevención de incendios forestales es una responsabilidad compartida. La denuncia oportuna, el manejo responsable del fuego y el respeto a las restricciones en zonas forestales son acciones concretas que respaldan su trabajo y reducen el riesgo para las comunidades. El 15 de febrero instala una reflexión necesaria: el combate a los incendios forestales no comienza cuando se declara la emergencia, sino mucho antes, en la planificación y en la conducta cotidiana de la ciudadanía. Los brigadistas representan la primera línea de esa respuesta, pero su labor requiere el compromiso activo de toda la sociedad. En una región que ha enfrentado temporadas exigentes, el reconocimiento a quienes combaten el fuego debe ir acompañado de decisiones sostenidas que fortalezcan la prevención y la gestión del riesgo. Esa es la mejor forma de honrar su trabajo y de proyectar un territorio más seguro para las próximas generaciones..