Autor: Patricio Peñailillo Sociedad Chilena de Filosofía Jurídica y Social
Columnas de Opinión: Las universidades chilenas y el cáncer identitario
Columnas de Opinión: Las universidades chilenas y el cáncer identitario a semana pasada en TL La Tercera, Pablo Ortúzar escribió una columna titulada "Las universidades enfermas". Días después impugnó las afirmaciones de Ortúzar por el mismo medio escrito el director del Instituto de Sociología de la Universidad Católica de Chile, don Matías Bargsted al considerar que en aquella columna el diagnóstico del antropólogo social acerca de las facultades de Humanidades y Ciencias Sociales en las universidades chilenas era muy amplio y con generalizaciones carentes de validez.
Y a continuación sostuvo que en su instituto y facultad universitaria, se promovía un ambiente "donde las ideas se evalúan por su mérito intelectual". Bien por la UC, pero dudo que aquellas virtudes intelectuales y éticas de la Pontificia estén bien repartidas en la Educación Superior. Ciertamente que la defensa de Bargsted se justifica porque la columna de Ortúzar cae en la generalización y también salpica a la PUC.
En todo caso, sugiero a los lectores leer la columna de Ortúzar en https://www.latercera.com/opinion/noticia/universidades-enfermas/ para que se formen una opinión del texto que dio origen a este cruce de apreciaciones de la actual realidad universitaria si es que así lo desean.
Por lo tanto, lo que a continuación sigue es evidente que no corresponde a palabras de un estudio sociológico como esperaría algún científico social ni referencia al estado de cosas como ocurre en el Instituto de Sociología de la UC, sino a la captura de un elenco de hechos cuya visibilidad mediática me permite opinar respecto de aquellos asuntos que suceden y siguen ocurriendo en un número no menor de universidades de nuestro país.
Dicho lo anterior, en algunas universidades [estatales privadas] y principalmente en las Facultades de Humanidades y Ciencias Sociales siguen cultivando aquello que llamo "el cáncer identitario" que en un proceso de extravasación y colonización de "células malignas" invaden otras partes del organismo y lo transforman en una máquina al servicio de un "amo" supra universitario, como lo fue en la década del 70 la "universidad comprometida" en la Unidad Popular o "la universidad vigilada" bajo el régimen militar y la "universidad empresa" de los últimos años.
Hoy es "la universidad identitaria" que con múltiples rostros como el feminismo extremista, las minorías sexuales, la promoción de un lenguaje inclusivo con una estética de la fealdad y la ideología de género, entre otras, han fragmentado la institución universitaria asumiendo su conducción algunos estudiantes, académicos y directivos que en torno a una hoguera de la aniquilación danzan al ritmo de un himno fascista con rostro humano.
Todo aquello lo hace posible una cultura de la cancelación que es violenta y permite agredir a autoridades como recientemente ocurrió en la Universidad Austral de Valdivia con la ministra Ximena Lincolao o con José Antonio Kast en 2018 en la Universidad Arturo Prat cuando fue agredido en aquella oportunidad por unos estudiantes con malos hábitos, tanto es así como en otros casos de violencia física y psicológica que han ocurrido por más de una década en la Educación Superior siendo afectado un elenco importante de académicos y también de estudiantes por unas jaurías capturadas por el aire de época imperante.
Aquella violencia no proviene de grupos con un ideario de derecha sino de anarquistas y de la izquierda extrema que en el dominio económico fue derrotada en el siglo XX y que, ante el fracaso de su causa originaria, hizo suya una agenda cultural para defender e imponer mediante el uso de la violencia física y psicológica su ideología mediante prácticas barbáricas como las funas y la llamada cancelación cultural. Autor: Patricio Peñailillo Sociedad Chilena de Filosofía Jurídica y Social. C Columna