LA TRAVESÍA FOTOGRAFÍCA DE Guy Wenborne
LA TRAVESÍA FOTOGRAFÍCA DE Guy Wenborne LA TRA ESÍA FOTOGRAFICA DE Guy WenborneU U U. LA TRAVESÍA FOTOGRAFÍCA DE Guy Wenborne LEEVA?MAS DE 36 ANOS. DEDICADO A LA FOTOGRAFÍA Y, EN PARTICULAR, AL TERRITORIO CHILENO. CON. EA"MIRADA PUESTA EN LA INIA AAN Y EL DESARROLLO, ASEGURA BEPREFIERE MANTENER SU RABAJO LO MAS. VERAZ==»; POSIBLE.. SOBRE-SU DECISIÓN DE EDITAR LO MENOS POSIBLE MORIA AA "NO ME CONSIDERO-UN FOTOGRAFO ARTISTA, SOY UN ARTESANO DE LA FOTOGRAFÍA DE NATURALEZA": Por Juan Toro. Fotos: Gentileza Guy Wenborne. Fotos: Gentileza Guy Wenborne. Fotos: Gentileza Guy Wenborne. Las fotos podrían ser también un diario de viajes. Y la siguiente aventura está por comenzar.
El fotógrafo Guy Wenborne está en Punta Arenas un miércoles de agosto esperando a quienes serán sus compañeros en un viaje en velero hasta Puerto Willlams, una ruta que ha recorrido y capturado en su cámara desde hace más de 25 años: --Es un lugar remoto, lejos, prístino.. . solo se puede acceder vía náutica. Y es un territorio que está muy expuesto a la rudeza del clima del Pacífico, enfrenta todo el choque de los climas. Cadá' vegetal, cada árbol, cada brizna de pasto hace un tremendo: esfuerzo por estar viva y crecer ahí. Esa rudeza hace que sea un paisaje muy austero, pero bello por el esfuerzo que hace dice Wenborne al otro lado del teléfono mientras espera que'el clima mejore para zarpar. Este es-un nuevo tipo de viaje. Esta vez el lente de su cámara no es el prioritario, sino más bien un guía. Hoy trabaja en expediciones con la iniciativa Southern Light, que busca presentar estos paisajes a otros fotógrafos. Esta vez, el viaje hasta Puerto Williams tomará 10 días y serán cinco personas.
Es el giro que le dio a su carrera hace pocos años, para abordar nuevos mercados desde su fotografía: años, para abordar nuevos mercados desde su fotografía:. LA TRAVESÍA FOTOGRAFÍCA DE Guy Wenborne --Me di cuenta de que tenía un potencial muy grande de conocimiento del territorio y eso lo transformé en hacer los viajes fotográficos a lugares extremos en Chile. --¿ Mezclando la fotografía y el turismo? --Pero es un turismo súper especializado y de nicho.
Son expediciones fotográficas, buscamos un contacto muy cercano e íntimo con la naturaleza durante un período de tiempo importante. ¿Qué tanto cambia el mismo paisaje entre la visión de cada fotógrafo? --Eso es lo más hermoso. Cada uno de los participantes puede ver el mismo escenario, pero la reacción, el encuadre y lo que logran es muy distinto. Ante un mismo estímulo, las visiones pueden ser muy distintas. ¿Y repercute en su propia fotografía? --Me ha enriquecido mucho ver esas diferentes visiones de los viajeros.
Aprendí a ver cosas que antes no veía. a] --Con el tiempo no somos muy conscientes de cuándo la semilla quedó plantada --dice Guy Wenborne cuando piensa en el momento en que la fotografía se volvió su pasión en la infancia. Aunque una escena aparece rápido en la memoria: Tenía 10 años cuando comenzó a viajar con su abuelo paterno, George Wenborne, a lugares poco comunes.
Era piloto privado, así que podían llegar en avioneta, y así aterrizó una vez en Puerto Cárdenas, donde tomaron un bote para entrar al lago Yelcho: Durante el viaje fuimos pescando salmones y luego paramos en una playita, hicimos un fuego pequeño y cocinamos el pescado. En una hora ya estábamos comiendo, pero lo más importante para mí fue documentar en fotografía esos momentos. El registro de las aventuras de mi abuelo quedó marcado en mí. --¿ Era un registro que hacía él? --SÍ, pero yo tengo esa cámara aún.
Su abuelo también tenía una colección de revistas antiguas de National Geographic que terminaron por sellar lo que sería a futuro su vocación: --Para mí, revisar esas páginas fue vital, poder ver mundos exóticos, lugares naturales maravillosos. Aunque mi carrera se la dediqué a Chile. En sus años en el Colegio Saint George, Wenborne ya tenía la fotografía como su pasatiempo preferido, pero no fue su elección al entrar a la universidad. Hijo de padres arquitectos, optó por algo más tradicional, y así legó la Agronomía, aunque solo estuvo dos años en la carrera: --Me di cuenta de que estaba puro perdiendo el tiempo. Fue un drama para mis abuelos, pero tuve el apoyo de mis padres. Eso fue el año 89, cuando tomé esta decisión de buscar el camino de la fotografía.
Wenborne pausa y agrega: --Ya llevo más de 30... ¿cuánto? 36 años entonces, aún probando. ¿Hubo algo que lo hizo apostar por la fotografía en ese momento? --Viajé a Europa con una prima y llevé mi cámara. Ahí me di Cuenta de que quería jugármela por algo, que el taxímetro de la vida estaba corriendo. Si no me la jugaba por algo que realmente me gustaba, sentía que estaba siendo poco honesto conmigo mismo. Así que decidí transformar lo que quizás era un hobby en mi profesión.
En parte, con la cámara, dice, podía comunicarse mejor: --Yo era una persona y sigo siendo una persona muy tímida, de poco hablar, que gusta del silencio, de escuchar más que ser de poco hablar, que gusta del silencio, de escuchar más que ser. LA TRAVESÍA FOTOGRAFÍCA DE Guy Wenborne. LA TRAVESÍA FOTOGRAFÍCA DE Guy Wenborne de se es Bal es Bal es Bal. LA TRAVESÍA FOTOGRAFÍCA DE Guy Wenborne trabajo fotográfico debe hablar por mí, más que yo hablar de mi trabajo.
Wenborne se define como autodidacta, pero una vez que había decidido seguir fotografiando, hizo cursos de extensión en la Universidad Católica --blanco y negro, luego colorcon Patricia Novoa, y teoría del color con Eduardo Vilches: Ahí me quedó clarísimo que yo veo mi entorno en colores, no lo veo en blanco y negro. Decidió en un comienzo centrarse en fotografiar obras arquitectónicas, siguiendo la cercanía que tenía por la profesión de sus padres.
Además de una oportunidad laboral, terminó por dejarle una lección de artista: --Me fue muy bien, fue una tremenda buena escuela por el hecho de poner mi fotografía al servicio de otro, mi talento o mi visión al servicio de otro artista, que es el arquitecto. El ego del fotógrafo me lo tenía que guardar y poner en importancia a ese otro. Fue un ejercicio muy interesante.
Recuerdo conversar por horas con el arquitecto Germán del Sol y aprendí mucho con él. ¿Qué aprendió? --Mirar a través de un encuadre cerrado, que a veces lo importante está en los bordes o en los encuentros, más que en el big picture. A veces los detalles hablan mucho más, cómo los colores vibran, cómo las texturas se encuentran. Y lo otro muy importante fue el aprender a limpiar, limpiar todo lo que no aporta al mensaje que queremos transmitir.
Esa ética del encuadre luego migró al paisaje. --A veces trato de buscar fotos más silenciosas, de menos elementos, pero que logren una conexión más profunda con la esencia del lugar. *k* La Antártica lo cambió todo para Guy Wenborne. Llegó allí a comienzos de los 90 en un viaje junto a la Armada mientras trabajaba para una agencia. Fueron casi 30 días junto a un grupo de militares y civiles. Esa fue también la única vez que escribió un diario de viaje: --Me marcó la belleza del territorio.
Fue una sorpresa, me trató muy bien la luz y el entorno. ¿Aunque es un entorno complicado para fotografiar con los blancos y reflejos del hielo? --Más allá de si es difícil o no, tiene que ver con el estado emocional con que uno se encuentra. A mí me impresionó, hubo momentos realmente increíbles de luz y emoción. Ese lugar me confirmó que estaba haciendo lo que quería. El Guy Wenborne que volvió de ese viaje fue otra persona. La emoción también alcanzó para una decisión más íntima: --Decidí regalarle un anillo a mi polola de entonces, mi actual mujer, para pedirle matrimonio --recuerda riendo--. Aunque, como anécdota, ese anillo me lo devolvió. No era el momento, pero la seguí persiguiendo, conquistándola, durante dos años más.
El anillo que regalé después ya merecía un sí... y estoy con ella ya hace casi 32 años. --¿ Cómo puede un viaje provocar eso? --Volví demasiado emocionado, quería reafirmar que estaba en el camino correcto, con quien quería estar y prolongar los viajes, la naturaleza, Chile y ojalá casado con esa persona. Es medio siútica la historia, pero es verdad. x. * Ver los paisajes desde el cielo es algo que cambió la percepción de Guy Wenborne. Comenzó desde la infancia, no solo su abuelo era piloto privado, también su padre y él mismo llegó a pilotear en algún momento. Parte de eso ha quedado en sus libros como "Santiago desde el aire": --El hecho de poder observar nuestro entorno desde una dimensión aérea me permite entender cómo los seres humanos. LA TRAVESÍA FOTOGRAFÍCA DE Guy Wenborne que estamos habitando un animal que está crudo. En un trabajo que hice con Miguel Laborde, el arquitecto escritor, él hablaba de que Chile está crudo, "Chile is raw". Porque está en proceso de ser creado. Lo que más lo alarma, asegura, no son necesariamente los hechos más comentados como el retroceso de los glaciares: --Encuentro mucho más dramático la pérdida de espacios naturales. Ahí donde antes había un bosque, ahora hay una población, ese avance humano y retroceso natural me da susto, sobre todo a la velocidad que se hace. Lo natural es finito y la sed de desarrollo del ser humano es infinita.
Pero el choque entre naturaleza y humanidad es grave, porque las consecuencias son a largo plazo. --¿ Y por qué es más preocupante que los glaciares? --El agua está, se vuelve líquida, se evapora, llueve, se congela, los glaciares van y vienen, aunque obviamente altera el clima. Pero el agua está. En cambio, construir o poner una plantación de paltas convierte el territorio. Eso da susto.
No porque se acabe la naturaleza, sino porque dependemos de ella para filtrar el aire, para beber agua, y nos comportamos como si fuese infinito. ¿Qué rol tiene su fotografía en ese discurso? Algunos de mis libros hablan de esto, de cómo habitamos el planeta, cómo habitamos los territorios. Wenborne pausa al otro lado del teléfono y sigue:. LA TRAVESÍA FOTOGRAFÍCA DE Guy Wenborne --El tema es que antiguamente la fotografía era una prueba de veracidad. Actualmente ya no sé si es una prueba de veracidad, porque está muy manipulada y se vuelve todo relativo. Hay tanta desinformación y manipulación de imágenes, porque los fotógrafos buscan ser reconocidos más que transmitir un mensaje de verdad. RU Una buena fotografía está 90 por ciento en el clic de la cámara. Esa es la regla de Guy Wenborne: --Después solo tienes que hacerle algunos ajustes de un 10 por ciento, si no, para mí eso es un artista digital, no es un fotógrafo.
Yo me he puesto más que nada como un transmisor de belleza, y la persona que ve mi foto va a estar segura de que lo que yo le estoy mostrando es real. ¿Dónde está la línea de la edición? --Depende de cada persona, pero yo creo que si editas demasiado, eres un generador de imágenes, la fotografía ahí pasa a segundo plano en términos reales. Pero ahí entra el ego de las personas.
Una vez escuché a alguien decir que la mayoría del trabajo estaba en la edición, para mí eso es una falta de respeto al oficio, es valorar la mediocridad de un mal fotógrafo que espera arreglar todo después en Lightroom y Photoshop. Parte de esto, dice, está vinculado a las redes sociales: --Los fotógrafos hoy buscan el like. No importa si lo que estás mostrando es igual a lo que fotografiaron. Pasa mucho con la astrofotografía actual, que manipula con software superponiendo imágenes y terminas mostrando la Vía Láctea como una herradura, cuando realmente se ve recta. Aunque bueno, está de moda y les gusta, a mí no. ¿Cómo aborda la entrada de las fotografías alteradas con inteligencia artificial? --No comulgo con estas cosas.
Quizás yo estoy obsoleto con este discurso, pero feliz de estarlo, porque, ¿de qué vivimos? ¿ Qué somos y a qué le estamos mintiendo con esto? ¿ A nosotros mismos? Es terrible la desinformación... pero son los tiem¡ pos que nos toca habitar. Aunque la tecnología tampoco queda completamente fuera de la fotografía de Wenborne. Hoy, la mayoría de su fotografía aérea no es en avioneta ni helicóptero, sino con drones: --Sigue siendo mi forma de mirar la honestidad de la captura. Cuando hago una captura con dron... no estoy haciendo una manipulación, sigo siendo fiel a la captura única. Lo único fome del dron es que no puedo ir volando allá arriba, que es lo que más me gusta. Hoy sucede poco, porque es mucho más caro. *kk Desde el momento que decidió dedicarse a la fotografía, Guy Wenborne ha acumulado cajas de diapositivas y teras de archivos digitales. Pero siempre está pensando en el siguiente proyecto, así que el tiempo para revisar su trabajo es escaso: --Lo que más me gusta es el viaje, ir a la expedición.
La fotografía pasa a ser una excusa para hacer estas expediciones e ir a buscar los territorios. --¿ No ha pensado en cómo se manejará su archivo a futuro? Quizás cuando esté más viejito y me calme, si es que eso pasa. Y si me desaparezco antes, que lo vean mis hijos si es que les interesa. Aunque eso es lo bonito, estamos solo un rato en la vida. Lo bonito es desaparecer, que en un par de generaciones nadie se acuerde de ti. ¿No le gusta la idea del legado? --Me da lo mismo, no es que no me guste. Es importante hacer un trabajo que quizás sea destacado, pero es mucho más potente haber hecho ese trabajo al legado que deja. Si algo me molesta son los egos. No me considero un fotógrafo artista, soy un artesano de la fotografía de naturaleza. Hay una sutil diferencia, yo transmito la belleza que observo. Solo soy un transmisor. Lo que sí queda pendiente aún son más destinos. Aunque, tal como ha sido desde que tomó una cámara por primera vez, esos destinos están en el país: --Siempre quise dedicar mi carrera a Chile. Fue una opción de vida, aquí es donde quiero desarrollarme y siempre tuve claro que quería profundizar en mi territorio. Todos quieren ir a Islandia. A mí no me interesa ir a Islandia, prefiero destinos aquí.
Isla Madre de Dios, volver a Campos de Hielo Sur, volver al altiplano, volver a la isla Alejandro Selkirk, la lista de Wenborne podría ser eterna: --Yo cierro los ojos, pienso dónde quiero ir y se me ocurren puros lugares en Chile.. LA TRAVESÍA FOTOGRAFÍCA DE Guy Wenborne MATÍAS LIZAMA Maira Ramos, ondera y talentosa cocinera argentina de 34 años, conocida en Instagram como Gislapelicano, chef ejecutiva y gerente de experiencias en Rayuela --el restaurante de la Viña Viu Manent, de Santa Cruz--, ceramista y cocreadora del proyecto gastronómico itinerante Isla, tiene un look que es ya una marca registrada: pañuelo colorido en la cabeza, aros grandes y llamativos, y dos trenzas prolijas que caen, perfectas, una a cada lado.
Siempre me vestí como medio antigua --dice ella, tímidamente--. Le sacaba la ropa a mi mamá o ibamos a la feria que se ponía en la iglesia de Santa Ana, en Mendoza, y ahí me compraba mi ropa. Mi mamá era recosturera, siempre cosía. A mí me ha hecho muchas cosas, pero en casa no había ese gusto por la ropa. En cambio, una vez que vi a mi abuela por parte de padre, lo entendí. Se vestía muy bien la señora. Creo que mi gusto por la ropa venía de ahí. Actualmente, Maira Ramos vive en Pichilemu y demora una hora y media en llegar hasta Santa Cruz, a la Viña Viu Manent, una de las más premiadas del valle de Colchagua.
El paisaje hace que el viaje valga la pena: una gran casona de estilo colonial, amplios corredores y patio central con hornos de barro, parrilla a leña, higueras y parras, se suman los carruajes tirados por caballos que recorren los viñedos, mientras los visitantes descansan tendidos en las reposeras. Fue en febrero de 2021 cuando Maira Ramos llegó a hacerse cargo del restaurante Rayuela en la tradicional ciudad de Santa Cruz. Aún estábamos en pandemia y lo que buscaban los dueños era hacer un cambio. No solo de la Carta, sino de cómo funcionaba el restaurante. Y la transformación fue radical. --Rayuela, básicamente, tenía una carta fija todo el año. Se usaban algunos productos de temporada, pero también bastante congelado, hasta verduras congeladas. Era como un restaurante de care con acompañamiento y, a lo más, una entradita. En cambio, mi forma de trabajar es con productos de temporada, buscando lo que haya alrededor --explica Maira.
Cuando nos juntamos con José Miguel Viu (gerente general de la viña), le dije que cuando había venido antes a comer a Rayuela no podía creer que con la cantidad de higueras que había --porque uno siempre se sentaba ahí, debajono se hiciera nada con higos. Así es que ahora, cuando están en temporada, siempre tenemos una entrada y un postre con higos, y en la cafetería se usa higo para dulces y pasteles. La idea es siempre ocupar lo que hay alrededor. En Rayuela, casi todos los platos tienen hierbas y cítricos. Ese es el sello de la cocina de Maira Ramos.
Le gusta utilizar ingredientes que crecen en la huerta de la casa patronal o comprar a productores locales, como los famosos "hermanos Lechuga" (Luis y Manuel Vergara, de Cunaco), que los proveen de hojas y hierbas. --Me gustan mucho las hierbas: huacatay, menta, cilantro, perejil, shiso, ruda. Los cítricos también son reimportantes en mi cocina. El limón sutil chileno me gusta mucho, las mandarinas, el pomelo. Mi cocina es como un popurrí de los viajes que he hecho, siempre voy tomando cositas de los sabores de los viajes --dice. Aunque las empanadas son las reinas de la carta, otro plato que "sale" bastante y que no han podido eliminar es el de hongos ostra, una preparación vegana que lleva shiltakes.