"Espero que quede Gabriel Boric para rato"
"Espero que quede Gabriel Boric para rato" De Simón Boric sabemos, con suerte, algunos pocos datos.
Sabemos, por ejemplo, que es el hermano del Presidente de la República, que nació en Punta Arenas y que es hijo de Luis Boric y María Soledad Font, un matrimonio que hace un cuarto de siglo se dedica a ser familia de acogida.
Sabemos además que es periodista de la Universidad de Chile, donde hoy trabaja como jefe de gabinete de la rectora Rosa Devés, que está casado con Fiona Bonati --también periodista-y que es padre de León (3 años) y Josefa (11), hija de una relación anterior de su esposa. Un dato que no sabemos es que hoy, en sus ratos libres, estudia chino mandarín con una profesora particular.
Tampoco sabemos, o tal vez sí, que fue el segundo mejor de su generación en Periodismo y que estudió posgrados en distintos momentos en las universidades de Georgetown y Washington, ciudad donde, además, realizó una pasantía en la OEA y cubrió para medios chilenos la muerte de Osama Bin Laden.
Y el resto de lo que sabemos son fragmentos esparcidos en redes sociales, opiniones sueltas, reacciones políticas y escenas cotidianas, piezas que hay que unir para hacerse una idea más o menos cercana de quién es y qué piensa, porque Simón Boric, 37 años, pese a vivir tan cerca del poder y a la sobreexposición que ha tenido por ser "el hermano de", nunca ha dado una entrevista. No son pocos los medios que le han solicitado una durante estos años. El periodista ha dicho que no a todas. "Sábado", de hecho, lo intentó varias veces. --¿ Por qué ahora sí? --Dudé en dar esta entrevista, porque tengo muy claro mi rol. No ejerzo un cargo público.
Ese anonimato, al final, también es un refugio y ayuda a lo que uno cree, que es acompañar a mi hermano como familia. --¿ Le molesta la exposición? La ha tenido de todos modos. --Sí, esa exposición venía desde que Gabriel era diputado y creció cuando llegó a la presidencia. El día en que asumió fue la única vez que di una entrevista. Yo quería aportar para que la gente lo conociera, humanizarlo. Luego, nunca quise dar otra, hasta hoy.
Acepto esta porque ya se definió quién será el próximo Presidente. --Ha hablado públicamente del odio en redes sociales, amenazas e incluso de la exposición de su dirección y de su familia. ¿Cómo convive con eso? --Uno aprende a vivir con ello. Al inicio me costó, me generó angustia. Pero hay que ser autocrítico.
No ejercí la odiosidad, pero sin duda me inmiscuí en alguna pelea que no correspondía y aprendí tempranamente que cualquier opinión que uno diga puede ser considerada como lo que opina también el Presidente, y eso no era prudente. Si ves mi cuenta hoy, principalmente me limito a dar retuits o compartir cosas del trabajo. Soy periodista y tengo opinión, pero no es importante darla. Aprendí que es conveniente guardarse ante el gran desafío que tiene el Presidente. --Lo aprendió a punta de tropiezos. --Me mandé alguna embarrada, pero no tantas. Además que yo no quería una exposición mayor.
Dentro de los aprendizajes y durezas que puede tener esto, prima el orgullo, un deber ser y, si bien pasaron algunas cosas, hay personas que viven situaciones más terribles. --¿ A qué se refiere con "pasaron algunas cosas"? --Organizaron protestas fuera de mi casa, donde decían, aquí vive el hermano con sus hijos y su señora. Vinieron dos veces. No fue tan grave. Me hizo reflexionar y tener más convicción de algo que falta en el país, que es volver al sentido de la vida en común. Lo hemos perdido, y no en el gobierno de Piñera o en el de Boric, ni en el futuro gobierno. Se perdió este valor de entender que el disenso puede ser un gran acuerdo. Podemos discrepar en algo, pero tener todo el resto en común. Si eres de derecha o izquierda, me importa bastante poco, pero nos interesa la educación pública y podemos trabajar por ella, nos interesa la infancia y podemos trabajar por ella. Me importan más las trayectorias de las personas, qué están haciendo y cómo podemos confluir. "La funa, la cancelación, es una cosa que no me puede acomodar, indistintamente de dónde venga. Encuentro terrible que cancelen a personas por pensar distinto, es muy nocivo. Si yo solamente me hubiese juntado estos cuatro años con personas que piensan como yo, viviría en una burbuja. No es mi manera de ver la política.
Entonces, ver que hay un país tan diverso es demasiado importante; si te quedas en tu trinchera y no tratas de buscar el acuerdo, estamos fregados". --¿ Cuál cree que será el legado de este gobierno? --A ver, yo te podría hacer una lista. Si me pides tres: la política nacional del litio, la reforma de pensiones y el plan de búsqueda. Pero me quedo con dos cosas. La primera, la convicción sobre la defensa de la democracia y los derechos humanos. El poder llamarle dictadura a lo que ocurrió en Chile, pero también a lo que ocurre en Venezuela. Creo que va a ser algo que va a marcar profundamente a las próximas generaciones y, para mí, es un gran legado. Y el segundo se relaciona con lo que muchas personas, de una manera nociva, llamaron voltereta. Conozco a mi hermano y sé que lo suyo nunca fue un cambio de opinión por conveniencia. Es el ejercicio de la escucha, que es parte de lo que tiene que hacer un presidente: reconocer que otra idea puede ser mejor o escuchar a quien piensa distinto. Si el país se beneficia de eso, mejor. Ejemplo: la reforma de pensiones. No es la que el Frente Amplio quería, pero aprobarla era más importante. Ese pragmatismo, ese ejercicio del diálogo, me parece necesario.
Hay gente que lo llama voltereta y fue un foco de crítica, pero para mí es una virtud y un legado no solo para el ejercicio de la política, sino que para el liderazgo, el trabajo, la vida familiar, etc. --¿ Esa virtud, como la llama, se aplica a Ximena Rincón, por ejemplo? --No me gustaría opinar de eso. No quiero meterme allí. Hay que ver lo que hace y cómo contribuye. Ella se ha defendido muchas veces de que no es de derecha, pero está en un gobierno de derecha. Si ella va a representar valores progresistas y de centroizquierda, como ha dicho, enhorabuena.
Veamos cómo va a ejercer su cargo. --¿ Cómo ve el país que viene con José Antonio Kast? --Es demasiado temprano para decirlo, pero he visto gestos que aplaudo totalmente, como cuando el Presidente Boric y el Presidente electo dejan de lado la minucia política y juntos, ante la catástrofe de los incendios, deciden colaborar y trabajar para que las personas reciban la ayuda que requieren. Es una señal que, si continúa, es muy esperanzadora.
Evidentemente, discrepo muchísimo con muchos de los planteamientos (del equipo de Kast), pero hay que darles una oportunidad y deseo de corazón que les vaya muy bien, de que puedan incluir estas ideas progresistas y hay que confiar en que no va a haber retrocesos en temas de derechos sociales. --¿ Cuáles diría que fueron los principales errores de este gobierno? --No quiero hacer una defensa corporativa del Gobierno, pero es el período en que más se invirtió en seguridad pública, en Carabineros, se creó el Ministerio de Seguridad, pero eso no logró comunicarse. Las personas siguen sintiéndose inseguras y, a pesar de lo que dicen los datos, se angustian y lo pasan mal. Faltó conectar y comunicar este tipo de cosas.
Eso también explica la derrota del progresismo en las elecciones. --¿ Y explica el triunfo de Kast? --Creo que ellos lograron comunicar, entender, conectar con los dolores y preocupaciones de la gente con un discurso y un programa que hay que ver cómo lo van a ejercer. El diagnóstico era común, el `cómo' era distinto. Fueron más performáticos y tuvieron una estrategia comunicacional que logró conectar. --¿ Tiene pretensiones de una carrera política? --Me lo han planteado en más de una ocasión, para diputado. Siempre lo converso con Fiona, y he concluido que no. Primero, no me parecía correcto incursionar en una carrera política mientras el Presidente estuviera en ejercicio. Por otro lado, tengo un compromiso con mi trabajo, que termina con el mandato de la actual rectora.
Y luego llegué a la convicción de que me interesa mucho el tema del diálogo... me encantaría ir al Congreso para poder hablar con la derecha, tender puentes y no caer en la lógica de atrincherarme, pelearme y acusar constitucionalmente, pero llegué a la convicción de que para trabajar por Chile, donde mejor lo hago no es desde la política, sino que hoy es desde el espacio público y, en el futuro, puede ser desde la sociedad civil o el sector privado. --¿ No milita en el Frente Amplio? --Me defino progresista. Nunca milité en el Frente Amplio. Quiero ser súper claro: yo firmé por mi hermano y seguramente en el papel estoy militando en el partido, pero no milito.
Yo no tengo una relación con el partido, nunca he militado en ninguno, ni siquiera cuando estudiaba en la universidad. --¿ Y su hermano no influyó para que militara? --Bueno, hay muchas cosas en las cuales siento gran sintonía con él y hay otras en que no. Siento gran sintonía con el proyecto político, pero tuve mi propio aprendizaje. Estudié en una facultad donde se hablaba de política y fui conociendo distintas posturas y trayectorias que me hicieron sentido. Ambos fuimos parte de una generación que compartió un diagnóstico sobre lo que había pasado con la clase gobernante de centroizquierda. Yo sabía que cuando saliera de la universidad iba a partir mi vida sin una deuda, pero estaba consciente de que había compañeros que hasta los 40,45 años, iban a seguir pagando. Y eso era algo que me movía. Se ve que su hijo León anduvo por el living antes de comenzar esta entrevista. El televisor estaba encendido en un canal infantil y había varios juguetes repartidos por la sala, mientras Simón Boric terminaba una reunión online en otra habitación. Cuando aparece, dice que acaba de cumplir más años viviendo en Santiago que en Punta Arenas, lo que para un magallánico es un punto de inflexión. A él, al menos, le activa de inmediato una cadena de recuerdos. Dice que allá la luminosidad es distinta, que el viento lo hace sentir vivo y que lo primero que hace apenas llega es respirar bien fuerte. Luego habla de su infancia en bicicleta, del Fuerte Bulnes, de Porvenir, de Última Esperanza. Menciona a Gabriela Mistral, que escribió Desolación mientras vivió en la zona. Nombra el muelle Mardones, el parque María Behety, el estrecho y el frío, hasta que inevitablemente su hermano Gabriel entra en el relato. --Compartimos pieza en Punta Arenas por mucho tiempo.
Tengo una relación de cariño, de amistad, de mucha admiración, es una persona muy correcta, muy... la palabra no es idealista, pero de convicciones, con claridad de lo que le interesa y lo que no, súper claro respecto hacia dónde va. De chico hubo complicidad en las embarradas que uno se mandaba, pero también fue un confidente. Cuando vine a estudiar a Santiago viví con él, compartimos un departamento mientras estuvimos en la universidad. Es muy generoso. --¿ Cree que va a volver a ser Presidente? --Él ha dicho que su vocación es el servicio público y la política, y buscará el espacio desde donde ejercerla. Pero conozco a mi hermano: nunca antepondría una aventura personal a una decisión colectiva. Dependerá de muchos factores, no solo de él. "Estos años lo he visto poco, pero hemos estructurado una forma de vernos, lo que ha sido muy bonito. Tiene una relación hermosa con León, Josefa y Fiona. Ahora vamos a poder aprovecharlo más, así como también a Violeta y Paula.
Espero que quede Gabriel Boric para rato, porque quiero que mi hermano viva mucho y poder compartir con él". --¿ Tuvo costos personales tener un hermano Presidente? --Sería injusto que yo hable de costos personales, porque también ha traído gratitud, admiración, orgullo. Yo admiro mucho lo que está haciendo mi hermano.
Esta misión tan grande de dirigir un país... Obviamente, hubo momentos difíciles, como la exposición pública, que también les pasó a otras personas, como Magdalena Piñera, a quien conocí por trabajo y con quien forjé una amistad. Pero también hay un respeto profundo por quien ejerce el servicio público. "Mi único rol es seguir siendo familia: es cariño, es escucharse, es construir un espacio protegido donde no se habla de política. Eso lo entendimos temprano con mis padres y con mi hermano Tomás.
El ejercicio de la política para nosotros era ajeno, en el sentido de que no nos correspondía y que había que separarlo". --Mirando estos cuatro años, ¿qué lecciones le deja haber vivido tan de cerca el poder? --Nosotros no tocamos el poder, no lo ejercemos. Pero la gente tiene expectativas: se acerca, quiere saber cómo llegar al Presidente, entregar recomendaciones, pasar mensajes, saltarse la fila. Para mí eso siempre fue muy claro: no doy recados. Cuando antes Después de evitar dar entrevistas durante cuatro años, el periodista y hermano del Presidente asegura que recién ahora es prudente hablar. Reconoce que al inicio le afectó el odio en redes sociales y que incluso enfrentó protestas frente a su edificio. Defiende el diálogo como uno de los legados de este gobierno --una virtud que "algunos llamaron voltereta"-y sostiene que una eventual repostulación de su hermano no será una decisión personal, sino colectiva. Además, afirma que desea que le vaya bien a José Antonio Kast y lamenta que en Chile se haya perdido el sentido de la vida en común. POR GAZI JALIL F. "Espero que quede Gabriel Boric para rato" FELIPE B ÁE Z "Desde que Gabriel era parlamentario, dicen que estoy apitutado.
Donde he estado, dicen que estoy apitutado". SIMÓN BORIC:. "Espero que quede Gabriel Boric para rato" SÁBADO SÁBADO 5 alguien me preguntaba, "¿tú eres el hermano del diputado?", yo, tal vez pesado, respondía: "No, él es mi hermano". Eso levantaba una muralla que me permitía mantener esa separación total de lo que es el ejercicio del poder. Así, las personas no insistían.
Era mi manera de establecer que mi hermano era Gabriel, no el diputado. --¿ Ha sentido prejuicio por su apellido? --Después de hacer mi tesis postulé, a través de la Fundación Moustakis, a una beca en la Universidad de Georgetown para un programa de políticas públicas. Cuando terminó, quienes evaluaron los currículos se me acercaron y me confesaron que dudaron si elegirme o no por ser Boric. Gabriel en ese momento había sido presidente de la FECh y tenían ciertos prejuicios. Finalmente, decidieron evaluar por mérito. Ahí empecé a ser consciente de que mi apellido empezaba a generar resquemores. "Tiempo después trabajé en Bío Bío TV. Gabriel ya era parlamentario y sentí que mi apellido estaba demasiado marcado. Así que yo mismo me marginé, porque tenía la sensación de que la gente iba a pensar que informaba con sesgo. Distinto es el caso de Mónica Rincón, por ejemplo. Ella tenía una vasta trayectoria antes de que su hermana fuera una figura pública. En mi caso, todo vino después". --Y en lo más íntimo, ¿cómo tomó que su esposa tuviera que renunciar a la Secom por el caso de las licencias médicas? --Fue duro. Más allá de la exposición, se la metió en el mismo saco que a quienes hicieron un uso fraudulento de licencias. Acá hubo un error nuestro; digo nuestro, porque somos familia: no conocíamos bien la norma y, como funcionario público, uno tiene que saberlo. Pensamos que esto era un posnatal, cuando en realidad era otro tipo de licencia por la alergia de mi hijo, y cometimos el error de viajar en septiembre. Y por ser cuñada, tuvo que salir. Me dio mucha pena. Pero creo que ella también entendió que el estándar que teníamos que dar era otro. No estaba obligada, no era personal de confianza, venía de la Secom del Presidente Piñera, pero aun así concluyó que debía dar un paso al costado. Fue una decisión difícil, se cerraron puertas, pero siento un orgullo profundo por lo que hizo. Fue parte de nuestros aprendizajes y de vivir de acuerdo con nuestras convicciones. Simón Boric no fue un adolescente fácil. Él mismo lo dice. Sus padres, recuerda, debían prestarle más atención a él que a sus hermanos. En el colegio destacaba, porque pasaba seguido por inspectoría. --Yo era más rebelde que Gabriel. Siempre fui muy hiperquinético. Distraía al resto del curso. Hiperactivo. No fui fácil para mis padres. Cuando entré a la media estaba condicional, pero me iba muy bien, eso me salvó. Estudió en el British School, un colegio privado de Punta Arenas. Ahí menciona al escritor Óscar Barrientos como uno de los profesores que más influyeron en su decisión de estudiar periodismo. También nombra a su tío Roque Tomás Scarpa, director de Radio Presidente Ibáñez durante la dictadura y primer intendente de Magallanes tras el retorno a la democracia. Desde que tenía 10 años, en su casa comenzaron a ser familia de acogida, una decisión impulsada por su madre. --Tuve muchos hermanos de acogida. Evitamos ponerles número, porque no son cifras: son historias. Son hermanos momentáneos que formaron parte de nuestro día a día desde que yo iba en quinto básico hasta hoy. Es algo poderoso, porque enseña que para amar no se necesita una familia convencional. El niño que es acogido es un niño salvado: le cambia la vida, le cambia el rostro. Sé que la vocera del Presidente electo también es familia de acogida. Hoy Boric colabora con la fundación ProAcogida para promover que más familias se sumen a este sistema. Se calcula que hay un déficit de unas 700 familias de acogida, dice.
También es fundador y miembro del directorio de Tenemos que hablar de Chile y asesor comunicacional de Enseña Chile. --¿ Cómo ha sido con sus amigos estos cuatro años, especialmente los más críticos con el gobierno? --Al inicio les contestaba, "oye, pero esto no es así, infórmate, me parece injusto". Pero después entendí algo que tiene que ver con la formación periodística: si yo coartaba lo que otros legítimamente pensaban, más allá de las desinformaciones, estaba ejerciendo un acto de censura. Y al final iban a terminar por no contarme. Terminé aceptando todas las opiniones y entiendo que grandes amigos que son muy críticos puedan tener su pensamiento. No me molesta. Fue un aprendizaje muy importante. --Es inevitable recordar el episodio en que le pegaron en la calle, afuera de la Casa Central de la U. de Chile. --Sí. Se descartó el móvil político. Me tocó a mí, pero le podría haber pasado a cualquiera. Fui impulsivo, imprudente y temerario. Estaban tratando de saquear un local pequeño al lado de la universidad y eso me generó mucha rabia. Fui a encararlos. No lo pensé. Les quité un palo. Después un señor me sacó de ahí y me dijo que me calmara. Pero vi que estaban intentando abrir el negocio de unos trabajadores que conocía, personas honestas, muchos de ellos inmigrantes. No había otro propósito que hacer daño. Les quité el palo y menos mal quedó grabado, pero una chica gritó que yo había agredido. Me escupieron y llegó un grupo a golpearme. Yo nunca en mi vida me había peleado a combos, nunca, y solo después de mucho tiempo fui capaz de ver el video. Ahí vi que me defendí y, bueno, me caí, perdí el conocimiento por la adrenalina. Me salvó una compañera de trabajo que se tiró encima mío para protegerme.
Quedé con tres facturas en las costillas. --A eso me refería cuando le preguntaba al inicio por la violencia cotidiana que enfrentó, en la calle y redes sociales. --Son personas anónimas, encapuchados de las redes sociales. Eso solamente lo puedes llevar bien si es que tienes la convicción de que ese no es el camino.
Lo que sucede es que hay gente que está en la trinchera y que desea estar ahí, pero yo creo que hay muchas más personas que creen en la vida en común y trabajan por eso. Y al final del día, ¿qué tan grave es que te digan por Twitter una cosa? Desde que Gabriel era parlamentario, dicen que estoy apitutado. Donde he estado, dicen que estoy apitutado. --¿ No le cansa tener que dar explicaciones? --Tal vez la gente tiene las legítimas dudas, porque hay un desprestigio de las instituciones.
Es 100% falso lo que dicen, pero entiendo que la gente lo invente o que pregunte, "oye, cuando termine el gobierno de tu hermano, ¿vas a salir de la universidad?". ¿Cómo les explicas que llevo 12 años en la universidad no por un apellido, sino porque hay una autonomía universitaria y el Presidente de turno no pone a ningún funcionario en la Chile? Pero si me detengo a angustiarme, no avanza mi convicción, que es harto más grande, porque, más allá de Twitter, tenemos mucho en común. "No entendería el sentido de la vida si es que no buscara estar en entornos diversos y complejos.
En la Universidad de Chile, que es un ambiente muy diverso y plural, me toca trabajar con una gran cantidad de personas de instituciones, territorios, empresas muy diversas, muy plurales, que tal vez pueden tener un prejuicio cuando escuchan el nombre, pero después se dan cuenta de que si estamos en la trinchera, no vamos a progresar, y eso es tanto para la vida en común como para el bienestar del país, desde la educación pública al desarrollo de la ciencia". Sobre la renuncia de su señora a la Secom por el caso licencias médicas, dice: "Hubo un error nuestro. No conocíamos bien la norma. Pensamos era un posnatal, cuando era otro tipo de licencia por la alergia de mi hijo, y cometimos el error de viajar. Y por ser cuñada, tuvo que salir. Me dio pena". "Tuve muchos hermanos de acogida (... ). Es algo muy poderoso, porque enseña que para amar no se necesita una familia convencional". De izquierda a derecha, Gabriel, Tomás, Luis Boric y Simón. JOS ÉM IG UEL C ÁRD ENA S "Yo era más rebelde que Gabriel. Siempre fui muy hiperquinético. No fui fácil para mis padres. Cuando entré a la media estaba condicional, pero me iba muy bien, eso me salvó". A R CHIV O FA M ILIAR.