Editorial: Plan Invierno en la Región del Biobío
Editorial: Plan Invierno en la Región del Biobío Cada año, cuando el calendario se acerca a los meses fríos, la Región del Biobío repite un ritual institucional que ya se ha vuelto tan predecible como los sistemas frontales que azotan su territorio: reuniones del Comité de Riesgos Preventivos de Desastres, anuncios de inversión, compromisos interinstitucionales y llamados a la ciudadanía a prepararse.
Con una inversión regional de $2.270 millones y un total de 45 planes de contingencia presentados por las empresas eléctricas, la Re gión del Biobío avanza en su preparación para enfrentar de forma anticipada el invierno. Esta es una de las regiones más vulnerables del país ante emergencias climáticas.
Las provincias de Concepción, Arauco y Biobío concentran realidades diversas: zonas costeras expuestas a marejadas, vallesinteriores donde los ríos se desbordan con regularidad, y sectores rurales de cordillera donde la interrupción del suministro eléctrico puede durar días. Los principales riesgos identificados para esta temporada incluyen sistemas frontales intensos, inundaciones, vientos fuertes y eventuales cortes de suministro eléctrico, además de la afectación de infraestruc tura crítica. Y sobre todo, deslizamientos de tierra y barro en comunas como Penco y Tomé, donde los incendios forestales de enero arrasaron con la capa vegetal. Lo que diferencia este año, al menos en el discurso oficial, es el énfasis en la anticipación.
Desde febrero, Senapred inició el desarrollo del programa de invierno con un rol protagónico de los municipios, incorporando además el trabajo del sector energía con la Superintendencia de Electricidad y Combustibles y las empresas eléctricas presentes en la región. Esa temprana activación es una señal positiva que merece reconocimiento.
También lo es la coor dinación explícita entre la Seremi de Energía y Senapred, que apunta a reducir los tiempos de respuesta ante cortes y a proteger con especial énfasis a los pacientes electrodependientes, un grupo cuya seguridad no admite improvisación. Sin embargo, hay elementos que no pueden ser ignorados. La experiencia de los últimos inviernos ha demostrado que la principal debilidad no está únicamente en la infraestructura, sino en la capacidad de respuesta coordinada y en anticiparse a los escenarios de riesgo. No basta con tener planes sobre el papel si la ejecución en terreno falla cuando más se necesita. La inversión anunciada contempla mejoramiento de infraestructura eléctrica y labores de poda y despeje de fajas, medidas consideradas clave para reducir interrupciones por caída de árboles sobre el tendido. Pero la efectividad real de esas acciones se medirá en los sectores más expuestos, y no en los salones donde se presentan los informes.
El cambio climático no es ya una proyección lejana: es una variable activa que modifica la intensidad de los temporales, altera los ciclos de lluvia y pone bajo presión a la infraestructu ra eléctrica, al sistema de agua potable rural y a las comunidades que dependen de ambos. Cualquier plan de invierno que no incorpore esta dimensión estructural está resolviendo el síntoma sin atender la enfermedad. El Biobío merece algo más que una respuesta estacional. La gestión del riesgo debe asumir un carácter permanente, con financiamiento sostenido, fiscalización exigente y rendición de cuentas clara. Las familias de Arauco, de los sectores rurales del interior, de las riberas del Biobío y del Laja no pueden seguir siendo rehenes de cada temporada invernal. La coordinación institucional que se anuncia debe probarse en la práctica: en la velocidad de reposición del suministro, en la protección efectiva de los más vulnerables y en la ausencia de tragedias evitables.
No se trata de escenarios hipotéticos: son situaciones que la región ya ha vivido y sufrido, y que han dejado en evidencia que la coordinación entre instituciones-cuando llega tarde o funciona malcobra un precio que pagan las familias más vulnerables.
Ésta es una de las regiones más vulnerables ante emergencias climáticas, con realidades diversas: zonas costeras expuestas a marejadas, y valles interiores donde los ríos se desbordan.. Editorial Ésta es una de las regiones más vulnerables ante emergencias climáticas, con realidades diversas: zonas costeras expuestas a marejadas, y valles interiores donde los ríos se desbordan.