COLUMNAS DE OPINIÓN: Prevención situacional: cuando el diagnóstico llega tarde y el barrio ya se rindió
COLUMNAS DE OPINIÓN: Prevención situacional: cuando el diagnóstico llega tarde y el barrio ya se rindió Hay una costumbre peligrosa en cómo estamos estamos “levantando” la información sobre prevención situacional: llegamos cuando el daño ya se instaló y lo tratamos como si fuera fuera una sorpresa. Se hace una visita, se toma nota, se llena una planilla, se anuncia una coordinación, y luego el entorno sigue igual. Una luminaria mala continúa mala. El sitio baldío sigue siendo una invitación abierta. La basura se vuelve paisaje. Los semáforos fallan y el cruce se transforma en tierra de nadie. Y, mientras tanto, la gente aprende una lección silenciosa: aquí nadie manda, aquí nadie cuida, aquí cualquiera puede hacer hacer lo que quiera. La prevención situacional no es un concepto elegante para seminarios, es el arte práctico de administrar el espacio para reducir oportunidades oportunidades del delito. Yeso parte por reconocer reconocer una verdad incómoda: el crimen no solo se combate con patrullajes, también se combate con orden. El entorno habla. Si el barrio luce abandonado, el mensaje es claro claro para el delincuente y para la víctima: la vigilancia comunitaría está rota y el Estado no está presente. Esa “sensación” de inseguridad inseguridad no es histeria; es lectura racional del territorio. Por eso sorprende lo liviano que suele ser el levantamiento. Muchas veces se reduce a un listado de problemas sin jerarquía, sin responsables, sin plazos y, sobre todo, sin comprensión de cómo se conectan entre sí. Una luminaria mala no es solo un foco apagado: es un multiplicador de riesgo. Un sitio eriazo no es solo falta de aseo: es un escenario para esconderse, para consumir, para reducir visibilidad y aumentar impunidad. impunidad.
Un semáforo desregulado no es solo un problema de tránsito: es un punto donde el desorden normaliza lo irregular y la gente se acostumbra a cruzar “como se pueda a resolver a la mala, a vivir con la tensión constante. Ese aprendizaje colectivo colectivo es corrosivo: la comunidad internaliza que la regla no rige. Y aquí aparece el gran punto ciego de muchos muchos diagnósticos: la situación de calle. Se habla de seguridad como si el fenómeno fuera un accesorio, un asunto “social” ajeno a la prevención. No lo es. La gente en situación situación de calle personas que han caído en el desamparo por rutas durisímas vive en la primera línea del abandono urbano. Cuando Cuando ese abandono se cruza con alcoholismo y drogadicción, el problema no es moral, es estructural. Se forman microzonas donde el consumo es permanente, donde el control social se debilita, donde el espacio público deja de ser de todos. Y entonces el barrio se reconfigura: las familias evitan pasar, los negocios cierran temprano, el parque pierde pierde niños, la plaza deja de ser plaza. Lo que casi nadie se atreve a decir con claridad claridad es que las organizaciones criminales no solo “aprovechan” estos entornos: los administran. administran. Hacen uso y abuso de personas vulnerables para tareas de bajo costo y alto reemplazo: vigías, delivery del microtráfio, “custodios” de puntos, intermediarios. Por qué? Porque es un engranaje eficiente: baja exposición del cabecilla, alta rotación, mínima mínima inversión. Y porque el entorno ya está degradado: nadie se sorprende si alguien merodea, si alguien ofrece, si alguien grita, si alguien pelea. En un lugar ordenado, todo eso salta a la vista. En un lugar abandonado, se mimetiza. Aquí conviene ser justos: las policías hacen su trabajo, y muchas veces más de lo que se ve. Pero exigirles que resuelvan lo que es, en el fondo, un problema de gestión urbana y social es empujarlas a un fracaso anunciado. anunciado. Carabineros y PDI pueden sacar a un vendedor, detener a un receptor, incautar droga, levantar una investigación. Pero si el punto sigue oscuro, sucio, sin control de comercio comercio ambulante, con basura acumulada y con ocupación irregular tolerada, el sistema se rearrna. El delito, como el agua, vuelve a llenar el espacio que se le deja. El debate se enreda porque confundimos compasión con permisividad, y orden con “mano dura”. No es lo mismo.
Abordar la situación situación de calle con seriedad implica empadronamiento empadronamiento real, seguimiento, derivación, coordinación de salud mental, consumo problemático, afecta de albergue, rutas de atención y, sí, límites claros sobre el uso del espacio público. No por castigo, sino por protección: protección para quienes viven en calle y para quienes viven alrededor. Sin empadronamiento, todo es discurso, Sin datos, datos, todo es intuición. Sin ruta institucional, todo es parche.
Lo mismo ocurre con el comercio ambulante ambulante cuando se desregula y se toma calles completas: no se trata de demonizar al que busca sobrevivir, se trata de entender que el desorden es un caldo de cultivo para delitos aneoos: receptación, contrabando, extorsión, puntos de venta camuflados, cobros informales por “seguridad”. Cuando el espacio se privatiza de facto, aparecen administradores de facto. Y ahí la comunidad comunidad pierde., Entonces, ué falla en los levantamientos? Falla el enfoque. Se mira el síntoma, no el ecosistema. Se fotografía el problema, pero no se diseña la intervención con secuencia y control. Se convoca a mesas, pero no se ejecuta con métricas. Se promete coordinación, coordinación, pero cada institución opera con su calendario, su presupuesto, su urgencia política. política. Y la calle, mientras tanto, no espera. La prevención situacional requiere algo simple y casi revolucionario: gestión. Una matriz territorial con prioridades, responsables, responsables, tiempos y verificacin pública.
Si una luminaria está mala, uién la arregla arregla y cuápdo? Si el sitio baldío es foco de riesgo, uin limpia, Si hay semáforos sin funcionar, uál es el plan de mantenci4n y respuesta? Si hay basura acumulada, uál es la frecuencia real de retiro y el control de rnicrobasrales? Si hay ocupaciones irregulares, uál es el protocolo? Y si hay personas en situción de calle con consumo problemático, uál es el circuito de atención atención y el equipo de calle que interviene, sin romantizar y sin abandonar? La crítica de fondo es esta: estamos al debe en el manejo de los espacios. Y eso no es un detalle urbano, es seguridad. Los barrios barrios no se pierden de un día para otro; se pierden cuando el Estado y la comunidad se Patricio Meza García, Administrador en Seguridad Pública acostumbran a que lo básico no funcione. Cuando lo básico falla, lo ilegal prospera. Cuando lo ilegal prospera, la gente decente se repliega. Y cuando la gente decente se repliega, el barrio se rinde. No necesitamos más diagnósticos que terminan en un archivador. Necesitamos levantamientos que sean un contrato con la realidad: intervenir, mantener y sostener. Porque la prevención situacional no es una campaña, es una disciplina cotidiana. Y hoy, en demasiados sectores, esa disciplina está ausente. Sino recuperamos el orden mínimo mínimo del espacio, cualquier estrategia contra el delito seguirá siendo una carrera cuesta arriba, con la comunidad mirando desde la vereda y preguntándose, con razón, por qué siempre llegamos tarde. Prevención situacional: cuando el diagnóstico llega tarde y el barrio ya se rindió.