Autor: PROFESOR ALFREDO SOTO ORTEGA
Columnas de Opinión: Marinos de a caballo
Columnas de Opinión: Marinos de a caballo D e acuerdo a como se ilustra en la historia, relatos y escritos que versan de la penetración descubridora del distrito lacustre preandino de la comarca de Ultima Esperanza, pero más bien en los territorios de corresponden a lo que hoy dia es la comuna de Torres del Paine, considerada la @Patagonia Profundali y todas sus complejidades lacustres e hidrográficas, el pasado 28 de febrero se cumplieron nada menos que 147 años de estas curiosas excursiones de marineros chilenos.
Dejando de laclo el trincado, la popa y la proa o la driza y el ancla, estos marineros tuvieron que vérselas con monturas, estribos, riendas y rebenques en una misión muy particular y que sus resultados nos permiten tener la sensación de que su sacrificio fue gloriosamente meritorio por determinar en esos años los albores de las delimitaciones y fronteras compartidas con la Republica Argentina. Los marinos de a caballo fueron exploradores de la Armada de Chile que, entre 1877 y 1879, llevaron a cabo trascendentales expediciones terrestres en la Patagonia Austral y la Tierra del Fuego. Su labor fue fundamental para el reconocimiento geográfico y la soberania chilena en territorios que entonces eran prácticamente desconocidos para el Estado. Entre sus objetivos y a partir de 1876, el gobierno de Chile encomendo a la Armada la responsabilidad de explorar estas zonas aisladas. Bajo el liderazgo de oficiales como Tomás Rogers y Ramón Serrano Montaner, estos marinos intercambiaron temporalmente sus embarcaciones por caballos para internarse en la estepa y los bosques patagónicos. Sus expediciones fueron separadas, considerando lo extenso del territorio que malamente podría haber sido absorbido por un solo lider o grupo. Entre sus funciones estaban realizar levantamientos hidrográficos y geográficos, construir bosquejos y mapas de todo accidente geográfico en el territorio.
Llevar la cuenta de elevaciones importantes y crear toponimia al respecto (hoy dia vivo al pie de la Sierra Rogers) y por sobre todo estas actividades exploratorias le darian un realce soberano de la presencia de Chile en tan complejas redes de valles y montañas.
Siempre fue notorio en el caso de la toponimia de hitos geográficos que llevan nombres de embarcaciones (Monte Chacabuco) o de personajes propios de la historia naval chilena [Sierra Prat) o de gobemantes de la época (monte Jorge Montt, Sierra Contreras y Monte Donoso). Tanto así que hoy dia nuestros guias de turismo en sus periplos y labores se encuentran en el desarrollo de estos relatos los que los obliga a estar en constante estudio e ir aprendiendo mucho mas del desarrollo y evolución de nuestro territorio.
En cuanto a lo que sabemos, existen maravillosos relatos en sus bitácoras que confirman hasta los dias de hoy lo mágico que es recorrer los parajes en donde las sorpresas no se ocultaron para nada, algunas de ellas timidas porque eran las primeras veces que especies autóctonas podían apreciar a la distancias extraños seres que se aproximaban montados, con carga en sus alforjas, con sonidos extraños en su lenguaje: lo más probable es que guanacos y ñandúes arrancaban espantados por la presencia de estos seres que incluso vestian su uniforme institucional.
Sorpresa fue para estos marineros apreciar en los territorios de más al norte, grandes cantidades de caballos, que los mismos baqueanos que los acompañaban les denominaban "baguales", refiriéndose a estos corceles salvajes que en todas sus descripciones destacaban el largo crin desde su cogote como asi también la cola arrastrando al suelo, aumentando la expansión del polvo en sus alocados galopes.
Tomas Rogers tuvo dos expediciones, la primera suspendida sin poder lograr todos los objetivos y la segunda realmente la más importante en cuanto a interiorizarse de los grandes lagos que se ubicaban al pie de las grandes montañas del Paine.
Cabe señalar que nos gustaria y a muchos, tener la posibilidad de continuar con el legado de Rogers, que muy poco se habla de este marinero en la Patagonia, e indagar y materializar quizás en un futuro cercano la posibilidad de recurrir a pronunciar en la toponimia un rescate ancestral de los hitos geográficos y acompañar a los nombres dado por Rogers, agregando nombres nativos del pueblo que habitaban estos parajes: Los Aonikenk. Autor: PROFESOR ALFREDO SOTO ORTEGA.