Editorial: Alerta laboral en Los Lagos
Editorial: Alerta laboral en Los Lagos U n 6% de desocupación regional en plena temporada estival es una bofetada a la economía local.
Justo cuando el comercio navideño y las faenas agrícolas debieron absorber la mano de obra en Puerto Montt y alrededores, el motor falló durante la medición del INE que incluye el trimestre noviembre 2025 enero 2026.
Un dato que es revelador del escenario actual: la destrucción interanual de 3.494 puestos de trabajo supera el simple ajuste estadístico y da cuenta de una realidad durísima para miles de familias de la Región de Los Lagos. La informalidad escaló al 28%, empujando a más de 115 mil personas a sobrevivir sin red de protección: sin previsión de salud ni tampoco ahorros para su jubilación. El contraste de visiones expuestas en la edición de este sábado de El Llanquihue resulta preocupante. Mientras la autoridad laboral del Gobierno de turno interpreta las cifras como reflejo de un mercado normalizado, la realidad sectorial golpea con crudeza.
La construcción, corazón del encadenamiento productivo regional, cayó un abismante 16%. La agricultura y pesca retrocedieron un 11,4%. El académico Pablo Chandía lee la crisis con precisión al advertir que "es urgente reactivar la inversión privada para evitar que este 6% se convierta en un techo estructural". Por otro lado, la desocupación femenina llegó a un 6,7%. La pérdida de empleos formales asfixia el presupuesto de los hogares sureños. La lectura gubernamental luce complaciente frente a un escenario que exige dinamismo, no contemplación. El gremio de la construcción lo advierte sin matices: cuando la edificación frena, el impacto azota a proveedores, transportistas y pequeños comerciantes locales. La recuperación no llegará mediante subsidios transitorios o declaraciones de intenciones desconectadas de la urbe. El panorama exige desbloquear la inversión privada, agilizar proyectos estancados y ofrecer certezas regulatorias a quienes generan trabajo. Si los responsables políticos no asumen la gravedad del freno productivo, la precariedad se enquistará de forma irreversible en el territorio y volver a echar a andar el motor costará mucho más. Urge que tal diagnóstico lo tengan claro las nuevas autoridades.. La destrucción de casi 3.500 puestos formales empuja a miles de familias de la zona hacia la precaria informalidad. E Editorial