Columnas de Opinión: Demasiada tolerancia
Columnas de Opinión: Demasiada tolerancia CRÓNICAS DE CIUDAD V algunas. Demasiadas personas, muchos ambulantes, ruido excesivo, conductores de micro que tocan la bocina como si se fuera a acabar el mundo. Tantos estímulos me sobrepasan. Pero en los últimos años ha surgido otro fenómeno que espanta a los peatones que disfrutan del "callejeo". Ya es habitual ver a personas tomando cerveza en cualquier parte. Tienen calor, se compran un tarro y se lo toman mientras van a su destino. Les da sed, optan por una pilsen en vez de una botella de agua. Y no me refiero a quienes viven en situación de calle, sino a personas comunes y corrientes que no tienen vergüenza ni miedo de andar bebiendo alcohol frente a todos. Hay de todas las edades, también de distintos estratos sociales, si hasta los turistas se dan esa licencia. Hace poco vi a una joven de no más de veinte años, bien vestida, con pinta de estudiante, que abrió un envase de estos tragos preparados que venden ahora. Tomó un sorbo largo y luego otro. Seguro pensó que pasaba piola, como son tarros de diseño más "aesthetic" -como diría una de mis alumnassolo los observadores más preparados como yo saben que no se trata de un juguito inofensivo. Me dio pena esa necesidad urgente de beber y me pregunté si la chica será alcohólica o sufrirá de ansiedad y el gin berries la tranquiliza. Lo más usual, en todo caso, es ver hombres y mujeres tomando cerveza. La más popular es esa que viene en latones de medio litro. La consumen mientras van caminando con un amigo; sentados en un banco de plaza o mientras esperan la micro.
Recuerdo que cuando era joven quienes osaban tomar en la vía pública lo hacían en la parte oscura del barrio, en la plaza debajo de un árbol, en la playa o en una escalera con poca luz.
Y siempre con el miedo a ser atrapados por los carabinearias veces les he comentado que intento caminar por las calles menos concurridas de Valparaíso; le hago el quite a Pedro Montt, Uruguay y Bellavista, por nombrar ros. Si tenían suerte, les quitaban la botella, la vaciaban frente a sus ojos y los mandaban a sus casas. Si no, los trasladaban a la comisaría y debían soportar la humillación de que los fueran a buscar sus padres. Peor era si los apresaban un viernes, porque era muy probable que los mandaran al calabozo hasta el lunes siguiente. Ese miedo hoy no existe, porque está la creencia de que en Valparaíso se puede hacer de todo. Fumar marihuana sin importar que el olor moleste al resto, sentarse en el "no pasto" a compartir una chela. Los expertos, -tampoco hay que serlo tanto la verdaddicen que si un espacio público está descuidado o abandonado no es respetado por sus habitantes y sienten que da lo mismo lo que ahí se haga. Si la Plaza O'Higgins no tiene césped, vamos, ahí podemos carretear. Si una muralla está rayada, voy y hago un tag encima, total, a quién le importa.
El rector de una universidad local en una ocasión me dijo que la única manera de evitar que los estudiantes escribieran en los baños era borrar o pintar cada vez que apareciera un garabato o dibujo. Hacerlo todas las veces que fuera necesario, hasta que entendieran que era un lugar común que debían cuidar por respeto a los demás. La estrategia funcionó al poco tiempo. Me pregunto si seré la única porteña a quien le molesta este libertinaje en las calles.
No es por ser moralista, pero ¿ por qué debemos presenciar una actividad que corresponde al ámbito de lo privado? ¿ En qué momento lo que se hacía en una casa, en un bar o restaurante ahora se permite en cualquier parte? El ministro de Seguridad, Luis Cordero, dijo que de acuerdo a estudios y encuestas que han realizado en el Gobierno, la sensación de inseguridad -de la que tanto se habla en la actualidadestá más asociada a las denominadas incivilidades que a las estadísticas de homicidios. Ver a un grupo tomando en la esquina nos pone nerviosos, entonces no pasamos por ahí. Si en tu camino hay un edificio abandonado, mejor ándate por la vereda del frente; si te cruzas en Condell con una persona tomando cerveza no la mires y pasa rapidito. Así no se puede. Caminar por Valparaíso no debiera ser algo incómodo y desagradable. Tengo derecho a perderme por la ciudad, andar sin rumbo fijo, disfrutar la cotidianidad, los detalles, observar a sus habitantes, sus costumbres. Esa es la gracia de esta ciudad, que siempre tiene algo nuevo por descubrir. POR ROSARIO LABARCA.
No es por ser moralista, pero ¿ por qué debemos presenciar una actividad que corresponde al ámbito de lo privado? ¿ En qué momento lo que se hacía en una casa, en un bar o restaurante ahora se permite en cualquier parte?