JAVIERA QUIROGA
JAVIERA QUIROGA “D1RLO TODO POR MIS PADRES, SUPONGO, ME 1)10 ÑTRÁNQUILIDAD. Ç\Si no, no entiendo. como estoy qui ) UN LADO, EL ASCENSO.
LA PERIODISTA SUMA MILES DE SEGUIDORES EN REDES SOCIALES, SU LIBRO HABLEMOS DE PLATA SE VENDE SOLO, ESTÁ A PUNTO DE LANZAR OTRO Y SU JIIjjE ENTREVISTAS IÁS QUE TITULARES ESTÁ NOMINADO ENTRE LOS MÁS ESCUCHADOS. POROTRO, LOS ÚLTIMOS SEISAÑOS DE SU VIDA LOS HA PASADO CUIDANDO A SUS PADRES CON ALZHÉIMER QUE ACABAN DE PARTIR. AQUÍ JAVIERA QUIROGA HABLA DE SUS TRIUNFOS, DE SUS DOLORES Y DE UN DIAGNÓSTICO QUE CALZÓ LAS PIEZAS DE SU ROMPECABEZAS MENTAL. POR MARISOL OLIVARES FOTOS PEDRO MAGNERE / QUIROGA u. L r. JAVIERA QUIROGA ESTAS TRES HORAS DE ENTREVISTA CON JAVIERA QUIROGA HUNEEUS, INICIALMENTE, DURARÍAN SOLO UNA. Pero este encuentro se hizo en dos tiempos con casi un mes de diferencia, marcados por una llamada telefónica que lo cambió todo. PRIMER TIEMPO Javiera Quiroga escribe varias veces al WhatsApp cambiando el día y horario de esta entrevista. Hace solo un mes se cumplió un año de la muerte de su padre y, durante todo diciembre, su madre estuvo hospitalizada por una fibrosis pulmonar de la que, contra todo pronóstico, se recuperó. Hace menos de seis horas la acaba de reingresar a la Clínica Alemana, pero este 7 de enero no cambia esta cita. Dice que se comprometió a hacer la entrevista, pero solo alcanzaría anIme. Y ahí está, frente al computador, con las mejillas coloradas, un tomate improvisado sobre la coronilla y el rostro transpirado de tanto correr.
Javiera, que tiene 38 años, los últimos seis los ha vivido en dos mundos opuestos: por un lado, un éxito meteórico en su carrera como periodista de educación financiera conocida como “Economina” y entrevistadora de cuánto hay en su podcast Más que titulares. En el otro, el de una hija que debió hacerse cargo al mismo tiempo de cuidar a una madre y un padre con alzhéimer. DE BARBIE PERIODISTA A BLOOMBERG A mediados de los 90 su mamá, militante Demócrata Cristiana, se fue a trabajar como jefa de Gabinete de Genaro Arriagada, entonces embajador en Estados Unidos. Javiera y su hermana se fueron a vivir a Washington, donde adquirió un inglés nativo al que recurre continuamente.
A los diez años estuvo en tres colegios públicos de Washington, aprendió a cocinar, lavar la ropa, tener compañeros de distintas nacionalidades, hacerse amiga de las hijas Clinton, conocer la Casa Blanca y desarraigarse de Chile. En segundo medio llegó de vuelta al Grange, y su única expectativa era irse a vivir a Nueva York. Al egresar vino la confusión y el ascenso: estudió Hotelería y Turismo para viajar, pero no. Estudió Teatro en la Universidad Finis Terrae, pero tampoco. “Un profesor me hizo sentir que nunca sería parte de ese mundo por cómo me veía”, recuerda. Te encontraron cuica Sí, y me discriminaron. Pero mi profesora de Historia del Arte me hizo ver lo buena que era con la escritura. Empecé a hilar. Se me vinieron fotos a la cabeza de mi obsesión con el periodismo, CNN, los eventos importantes en el mundo. Me podía pasar conectada tres días a la televisión viendo noticias internacionales sin que me pararan. En periodismo me encontré con mi pasión y me fui como Mario Bros, por un tubito verde. Pero a los 20 años me sentía vieja recién empezando una carrera, sentía el tic-tac. Pero el cerebro de Javiera no sabe perder el tiempo. “Para las vacaciones me fui a trabajar al Miami Herald, el principal diario de Florida. Empecé haciendo el obituario y terminé haciendo portadas. Querían que me quedara, pero para el terremoto de 2010 mi hermana tuvo un accidente y me vine altiro a Chile”. Llegó a El Mercurio en 2013. Aunque ella quería hacer su práctica en el área Internacional, le impusieron trabajar en Economía y Negocios. Ahí partió su carrera como periodista financiera, estuvo un año. Luego pasó al equipo fundador del diario de finanzas Pulso y se le metió en la cabeza trabajar en Bloornberg. Cuando reporteaba, sus pares descalificaban con un sobrenombre. “Yo era la Barbie periodista para ellos. Pero dentro del mundo financiero diría que rápidamente la gente me tuvo mucho respeto porque demostré creo que muy inmediatamente que era bastante buena. Tengo mucha personalidad, súper fuerte y eso creo que es muy bueno porque con menos perso te comen con zapatos”, dice. Con esos zapatos, para los cinco días de feriado deI 18 de septiembre de 2013, Javiera se fue a parar por horas afuera de las oficinas de Bloomberg, en Nueva York. Había un cupo para trabajar en Chile y, aunque escribía mails para que la consideraran en el proceso de selección, nadie le respondía. No lo tomó como un no. Se fue directo a tocar la puerta de la CEO Laurie Hays. “Entré y le dije a la recepcionista: Vine a hablar con Laurie. Me dijo que no estaba en la lista de appointments. Dije: Qué raro, revisa de nuevo, qué curioso, vengo hablando con ella. Mira (le mostré el teléfono). Ella nunca me había respondido ni un mail. Me dijeron: No podemos hacer nada”. Entonces? Apelé la emoción y dije la verdad: no tengo cita, no he hablado con ella. Estoy postulando a una pega en la oficina de Santiago y, en verdad, tengo muchas ganas de que me llamen para que me entrevisten. El guardia me miró con ojos de huevo frito y me dijo: “No. No hay nada que pueda hacer por ti”. Me fui caminando y sentía como hablaban de mí.
Qué decían? Él les decía impresionado: “Se pegó el pique desde el tercer mundo y no estaba anotada, qué podemos hacer, expliquemos la situación”. Al rato me fueron a buscar y me dijeron: “Te va a recibir”. Laurie me habló 15 segundos. Me miró de arriba para abajo y me dijo: “Pensé que eras hombre. He visto pasar tus mails.
No hay nada que pueda hacer por ti, nada, salvo llamar a la oficina en Santiago y pedir que te entrevisten para ver si calificas para entrar al proceso”. Le di las gracias, mi visita se pagó. Y te llamaron... Dos semanas después me llamó el que fue mi jefe, Phillip Sanders.
Me dijo: “Estoy obligado a entrevistarte, creo que no reúnes las cualidades para este puesto, pero el llamado viene de Nueva York y tengo que hacerlo”. Pasé a una prueba de evaluación y ahí ya me metí formalmente en el proceso, que duró un año. Postulamos 16 personas y fui la que quedó. Javiera trabajó en el epicentro del periodismo económico por seis años. Se entrenó en un bootcamp en NY con otros periodistas de Bloomberg que en su mayoría venían de Harvard y Yale y se dio cuenta de que era una ciudad fría donde no quería vivir. Viajó por todo el mundo y sintió que ya le tocaba profesionalmente irse a trabajar fuera de Chile. Pero ahí entra el otro mundo de Javiera Quiroga. MADRE DE TUS PADRES Cree que la pandemia lo aceleró todo.
Mientras Javiera renunciaba a Bloomberg y se lanzaba como la principal mujer influencer en materia de educación financiera con el podcast Economina, que crecía de a más de mil seguidores por día, su madre perdía la memoria en lo que terminó siendo un alzhéimer. A medida que lidiaba con el proceso, la memoria de su padre también falló abruptamente y el diagnóstico fue el mismo. A los 32 años, Javiera se vio convertida en una suerte de mamá de sus padres. (. JAVIERA QUIROGA Pero de ese lado, Javiera no quería hablar en el primer tiempo de esta entrevista. Pidió que esta historia no se centrara en el infarto que se llevó a su padre hace un año y un mes, que la dejó encerrada en su casa por cinco meses. Tampoco en su mamá, recién reingresada a la clínica. Como sobrevivió a un diagnóstico lapidario, en esta nueva hospitalización los médicos le dijeron que este tratamiento prometía ser mucho más fácil que el anterior. Y eso decía, recién acomodándose frente a la pantalla, que la tenía tranquila. Su hermana recién la había reemplazado en el turno de cuidado, a su perro Simón le hacía cariños y a Julián, su hijo de diez años, le pedía que no comiera más doritos. GEstás preparada para que tu madre te olvide? Eso ya no pasó, mi papá tampoco se olvidó de mí. Pero para lo que no estoy preparada es para que mi mamá se muera. Minutos después sonó el teléfono. “Me está llamando la enfermera, dame un segundo”, dice. La enfermera le dice que debe ir a la clínica porque la doctora está pidiendo que un familiar tome una decisión importante. Tres días después, la madre de Javiera murió. SEGUNDO TIEMPO 4 de febrero. Javiera está con Simón en su casa en Vitacura. El perro revolotea y ella muestra que la casa de al lado es la de su mamá, que la está desocupando de a poco. Delgada. Lleva un vestido largo rojo con blanco sin espalda. Maquillaje perfecto, y bucles castaño oscuro caen sobre su pecho. Sabe que cambió el sentido de esta entrevista. GCómo han sido estos días? Es raro. No sé si todavía no me pego el “conchazo”. Me escapé altiro, me fui a la playa con mi hijo. Ver la casa de al lado me pegó muy duro. Estuve muy mal el domingo y me fui al Parque del Recuerdo al toque. He ido mucho. Todos los días estaba con mi mamá, quizás estoy remplazando ir a su casa por ir al cementerio, es algo que se me tiene que pasar. Pero creo que estoy con paz, tranquilidad y serenidad. Estoy entera y firme. Obviamente con altos y bajos. Pero estoy así de bien porque, cuando tú sabes que lo diste absolutamente todo, por ambos, hasta su último suspiro, creo que eso te da una tranquilidad. Si no, yo no me explico cómo estoy así. CTe pudiste preparar para la muerte de tu madre entonces? Cuando hablamos no estaba preparada, pero esto iba a pasar luego. La internación de diciembre fue un ensayo general. No pensé que iba a ser tan rápido. Dije un añito más, dos añitos. No pensé que, literalmente, al día siguiente se iba a enredar todo. ALTAS CAPACIDADES Recién llegada a Santiago Javiera intentó grabar en un día todos los podcasts que había reagendado por la muerte de su madre.
Tuvo que editar el libro que está próximo a publicar con prólogo de Pilar Sordo, llamó al veterinario, les escribió a las excuidadoras de su madre para apoyarlas a armar una Pyme con una estructura de negocios formal.
También les escribió a dos trabajadores del Parque del Recuerdo con los que armaron el grupo “Los ejecutivos de la muerte”, porque la ayudaron a organizar todo el proceso administrativo que implica enterrar a un cercano. Además, hizo la sesión de fotos y terminó de dar esta entrevista.
Para la muerte de su padre le pasó algo similar con su exigencia por cumplir: tuvo el funeral en la mañana y en la tarde fue a grabar con Pancho Saavedra, pero él se negó a hacerlo. “Tienes que ocuparte de lo tuyo”, le dijo. Pareciera que Javiera se disocia con el temor ylo suple con cosas que hacer. Pero no es eso.
Macarena Macchiavelo, educadora y fundadora de Mihijoexcepcional escuchó en un podcast a Javiera: su forma de hablar, de ir de una idea a otra, su pensamiento arborescente, la hicieron sospechar que tenía altas capacidades y le escribió. Esta neurodivergencia, explica Javiera, “más que ser un activo o un diagnóstico en que te dicen que eres muy inteligente te complica la vida. Chernobyl estalla en mi cabeza”, cuenta mientras apunta una caja de quetiapina, clonazepam, alprazolam y magnesio. “Todo ese cóctel es para que pueda dormir, mi cerebro no se apaga”. Psicólogos y test corroboraron el ojo de Macchiavelo. La educadora explica que las altas capacidades son “un espectro que implica una forma distinta y menos común de pensar, procesar la información y sentir. Si bien uno de sus rasgos objetivos es poseer un cociente intelectual dentro del 10 % más alto de la población, esto no se traduce automáticamente en talento visible. En contextos normativos que reprimen las necesidades emocionales, puede derivar en consecuencias graves como ansiedad, depresión, fracaso académico y conductas de riesgo”. Javiera lo dice de otro modo: “Me cuesta tremendamente vivir en el presente. Hay muy pocas cosas que me traen al presente y a no estar sobre pensando. Mi mente no logra desconectarse del futuro, de lo que viene, de que se puede hacer más, de que se puede mejorar. Es una batalla muy grande vivir en el presente. Soy insegura, tengo dismorfia corporal, mi peor enemiga soy yo”. Te hace sentido el diagnóstico? Sí, en todo. Me calzaron las piezas en mi cabeza. En el colegio era una pendeja de mierda que no estudiaba, pasaba raspando porque sabía que iba a pasar. No sé cuánto puntaje saqué en la PSU, porque no me importó. Es terrible estar en un lugar, hacer una sola cosa, tener pareja. Todo me parece lento. No duermo. Con el periodismo me resulté porque me enamoré. El tema de la eficiencia y la eficacia es algo muy propio de este trastorno. Corre por carril paralelo. Te ha costado emparejarte? He sido muy exitosa en lo laboral y tremendamente fracasada en el amor. Ya lo acepté. Y estoy súper bien con eso. Tengo a mi perro Simón que lo adoro y duerme conmigo. Tengo a Julián que es mi hijo, mi todo, mi marido, por él lo doy todo. Y ya como que acepté que lo mío, en la vida, no fue el amor. CTe da pena? No. Veo tanta gente infeliz en sus matrimonios que a. JAVIERA QUIROGA. 1 veces digo: quizás me salvé de todo eso. Amo mi casa, mi espacio, mi cama, mis timings. Quizás no es para mí no más. Un amigo dice que el amor de tu vida no es con quien tienes hijos. No sé. Tengo un ritmo súper heavy también. Ahora quizás va a cambiar un poco la cosa. Vas a trabajar menos2 -No, voy a tener menos responsabilidad, porque ya no tengo la casa al lado. Antes tenía dos casas, dos hijos más, que ya no los tengo. Y esos espacios los voy a tener que ir llenando. Siento el duelo hasta de no ir a la clínica ni ver a las enfermeras. Son parte de mi vida hace años. Se me puede haber muerto la mamá hace 20 días, pero estoy muy optimista, positiva, agradecida y con mucha esperanza para lo que viene este año. No estoy en condición de calidad de bulto. Tuve un tiempo, mucho tiempo para prepararme. Se puede vivir el duelo antes? Mis papás no estaban. Hace mucho tiempo. Si tú me preguntas: ¿ No te da pena no haberte casado? No.
Pero sí me da pena no haber tenido papás activos muchos años, no haber podido tener conversaciones coherentes con mi mamá los últimos años o que mi hijo no haya podido hacer paseos a la playa o a la esquina con sus abuelos. Tus padres tuvieron alzhéimer, para los periodistas la memoria es importante, ¿cómo es tu relación con eso? Sé que es algo hereditario. Todo el mundo me pregunta si me he hecho test. No quiero saber. Si me va a tocar, me va a tocar. No creo que me toque. Sería muy injusto. Ya me tocó vivir el alzhéimer. Y cómo imaginas tu vejez con tu hijo? Lo tengo súper decidido. A los 70 años me voy a tomar un vuelo a Suiza y me voy a hacer una eutanasia. Si es que llego bien lo voy a pensar un poco más, pero a mi hijo no le voy a dejar esta responsabilidad por el amor que le tengo.. 1 A ji.. L 1.