Autor: Iván Olguín, Periodista y Cientista Político
Cartas: Cuando el estado estorba la construcción de nuevos estadios
Cartas: Cuando el estado estorba la construcción de nuevos estadios Señor Director: Las recientes declaraciones del Presidente José Antonio Kast sobre la necesidad de que los grandes clubes de fútbol cuenten con “su campo deportivo propio” reabrieron un debate que Chile lleva décadas evitando: la incapacidad del país para construir infraestructura deportiva moderna. El caso del Club Universidad de Chile es el símbolo más evidente de ese fracaso.
Un equipo con más de cuatro millones de hinchas sigue viviendo de allegado no por falta de interés privado ni por ausencia de financiamiento, sino por una permisología interminable, municipios paralizados por el cálculo electoral y autoridades que muchas veces parecen ver un estadio como una amenaza en vez de una oportunidad de desarrollo. Lo más absurdo es que hoy existen fórmulas ampliamente utilizadas en Norteamérica, Europa y Asia para levantar estadios sin comprometer recursos públicos. El sistema de naming rights permite que empresas privadas financien gran parte de estas obras a cambio de derechos comerciales, transformando los recintos en polos de actividad económica, cultural y urbana. El problema, entonces, no es económico: es político y burocrático. En Chile, un grupo reducido de vecinos o algunos concejales preocupados de su reelección pueden bloquear durante años proyectos que beneficiarían a ciudades completas, generarían empleo y modernizarían la infraestructura deportiva nacional. Por eso resulta urgente avanzar hacia una reforma legal seria.
Mi propuesta es que si un municipio rechaza una iniciativa deportiva relevante, debería existir una instancia superior de apelación integrada por el Ministerio del Deporte, el Ministerio de Obras Públicas y el Ministerio de Bienes Nacionales, con una mirada de Estado y no de corto plazo. Esto no favorecería solo a la U, sino también a clubes de regiones que llevan años intentando modernizar sus recintos. El Estado no tiene que edificar nuevos estadios; lo que debe hacer es dejar de impedir que se construyan. Porque un estadio moderno no destruye una ciudad. La revitaliza, la conecta y la proyecta hacia el futuro. Autor: Iván Olguín, Periodista y Cientista Político.