Autor: R. RIGOTER
Columnas de Opinión: Vacuna
Columnas de Opinión: Vacuna DÍAADÍA Vamos con el Prócer a vacunarnos, cumpliendo así nuestros deberes con la salud del cuerpo. El lugar de vacunación está ubicado en el Parque Bicentenario, en las dependencias de un recinto municipal para adultos mayores. Para llegar debemos pasar por salas destinadas a ejerc i c i o s, c h a r l a s y hasta una cafetería, todo ello densamente poblado por “triedistas” mayoritariamente de sexo femenino. “Es que las muj e r e s s o n m á s gregarias que los hombres”, aventura el Prócer. “O quizás más longevas”, le retruco.
Llegamos finalmente al sitio de vacunación y la enfermera a cargo inicia el trato en diminutivo: “descúbrase el bracito”, “quédese tranquilito”, “el pinchacito no duele”. Veo que el Prócer extiende su brazo desnudo estoicamente, pero que cierra los ojos y aprieta los dientes cuando la aguja se le introduce en la piel. Ya vacunados, me comenta al salir : “Estimular el sistema inmunológico introduciendo dosis inofensivas de enfermedades es muy ingenioso. Mira, creo que en política también existen vacunas.
Los incidentes que ocurrieron con la ministra Lincolao activaron la defensa cívica contra la violencia y la intolerancia, y creo que ahora estamos más preparados que antes para rechazar esas conductas. ¡Fue una verdadera vacuna social! ”, concluye, apurando el paso para volver a su casa, donde nos espera una botella de tempranillo, siguiendo el consejo de la enfermera de que hay que ingerir harto líquido. Autor: R. RIGOTER.