Autor: Carlos González Mufdi Presidente Asociación de Agricultores de Ñuble
Columnas de Opinión: El amargo adiós de la remolacha
Columnas de Opinión: El amargo adiós de la remolacha a decisión de Empresas Iansa de no suscribir contratos de remolacha para la temporada 2026-2027 no es un hecho menor y L marca el fin de más de siete décadas que moldearon la identidad productiva, impulsaron la innovación y sostuvieron a miles de familias. La noticia ha caído como un balde de agua fría sobre el sector agrícola de la zona centro-sur de Chile. No asistimos solo al cierre de una actividad, sino a la desaparición de un cultivo clave en el desarrollo de la agricultura moderna del país.
La remolacha azucarera permitió la incorporación de avances significativos en mecanización, riego tecnificado y manejo agronómico, y consolidó una cultura productiva basada en la eficiencia, la asociatividad y la agricultura de contrato, elementos que hoy siguen siendo fundamentales para la competitividad del sector. Su impacto trasciende ampliamente lo productivo. Durante décadas, el negocio del azúcar articuló una extensa cadena de valor que generó ingresos estables para agricultores, transportistas, prestadores de servicios y el comercio local. Esta actividad tuvo una incidencia directa tanto en el empleo rural como urbano, dinamizando economías territoriales completas. En diversas zonas se alcanzaron niveles de producción de excelencia, reflejo no solo de condiciones naturales favorables, sino también del compromiso, la inversión y la capacidad técnica de los agricultores y sus equipos. Hoy, sin embargo, las dinámicas del mercado internacional parecen sellar el destino de este cultivo.
Si bien se ha planteado la idea de una transición ordenada, en el mundo agrícola predomina una sensación de pérdida profunda: la de una actividad estratégica que, a juicio de muchos, no debió quedar expuesta exclusivamente a las reglas del mercado global, sin mecanismos efectivos de resguardo. Frente a este escenario, el llamado a las autoridades es claro y urgente. Se requiere asumir un rol más activo en la protección de la agricultura nacional y en el resguardo de la soberanía agroalimentaria. No basta con reaccionar ante las crisis; es indispensable anticiparse a ellas, diseñando e implementando políticas públicas que reconozcan el carácter estratégico de la producción de alimentos y su impacto en el desarrollo. El golpe en el empleo será significativo. Miles de puestos de trabajo, tanto directos como indirectos, se verán afectados, afectando con especial fuerza a zonas donde las alternativas laborales son limitadas. No solo quedan campos sin cultivo, sino también familias enfrentadas a la incertidumbre y economías locales que verán debilitada su base productiva. Chile necesita avanzar hacia una mirada estratégica de su desarrollo agrícola. Detrás de cada cultivo hay historia, conocimiento acumulado, comunidad y proyección de futuro. Ignorar esa dimensión es un error que puede tener consecuencias difíciles de revertir. El fin de la remolacha debe entenderse como un punto de inflexión. Cuando se pierde una actividad de esta magnitud, no solo se pierde producción. También se diluye parte de la identidad territorial, se frena el desarrollo y se debilita la soberanía alimentaria del país. Autor: Carlos González Mufdi Presidente Asociación de Agricultores de Ñuble. Opinión