La historia viva del teniente Hernán Merino Correa
La historia viva del teniente Hernán Merino Correa Nació lejos del ruido de la historia, pero no de su destino. Un 17 de julio de 1936, en Antofagasta, mientras su padre oficial de Carabineros cumplía funciones en la zona, comenzaba la vida de quien sería, años más tarde, símbolo de deber y soberanía. Hijo de Carlos Merino Charpentier y Ana Correa De la Fuente, su infancia transcurrió entre Valparaíso y Limache, donde se forjó en la sencillez, el deporte y la disciplina. No fue un joven excepcional en lo académico, pero sí en carácter: arquero de fútbol, abanderado escolar y, sobre todo, alguien que entendió temprano que el deber no se negocia. Tras iniciar sus estudios de Mecánica Industrial en la Universidad Técnica del Estado, decidió congelar su futuro civil para prepararse e ingresar en 1956 a la Escuela de Carabineros. Un año después, producto de su esfuerzo y constancia, consiguió su objetivo de egresar como oficial. Su camino, su destino, ya estaba trazado. Teniente, han pasado décadas desde aquel 6 de noviembre de 1965 en Laguna del Desierto. ¿Cómo recuerda ese día? “No lo recuerdo como un final, sino como una consecuencia. En la frontera, uno no duda. La soberanía no es un concepto abstracto, sino que su resguardo es una responsabilidad concreta.
Ese día actué como fui formado: con convicción, con profesionalismo, con disciplina y con la certeza de que retroceder no era una opción”. Usted enfrentó una situación crítica en ese momento... ¿Hubo miedo? “El miedo siempre está, pero se domina. No por valentía ciega, sino por formación y amor a la patria. Uno no actúa solo por ELIHCEDSORENIBARAC sí mismo, sino por quienes representa.
En ese momento, lo importante era sostener la posición, proteger a los propios y al territorio nacional”. Más allá de su último acto, su carrera estuvo marcada por acciones concretas de servicio. ¿Qué recuerda de esa etapa? “Recuerdo el servicio real, ese que ocurre en terreno, con el contacto con la gente y sus necesidades de seguridad y ayuda. En Santa Bárbara, por ejemplo, enfrentamos situaciones límite. Me acuerdo de que un camión cayó al río Mininco cerca de 1960, al llegar a caballo notamos que una madre y su hijo de meses sobrevivían aferrados a un tronco. No había tiempo para esperar, así que fuimos a buscarlos y logramos rescatarlos kilómetros más abajo de donde fue el accidente. Luego en Aysén, entendí aún más el sentido del verde uniforme y la importancia del trabajo que realizamos los carabineros. En Puerto Aysén cuando un avión de la Fuerza Aérea se accidentó en 1963, organizamos patrullas de rescate y logramos llegar primero y rescatar al único sobreviviente. Y en Cochrane, donde asumí la Tenencia en 1965, el desafío era otro: hacer patria en lo cotidiano. Impulsamos iniciativas para integrar a la comunidad, desde fortalecer la identidad nacional como la creación de un club de cueca hasta mejorar la conectividad en una zona aislada.
Ahí uno entiende que ser carabinero no es solo resguardar el orden, sino ayudar a construir el país”. Hoy se le reconoce como héroe nacional y mártir de Carabineros de Chile. ¿Qué significa para usted? “Debo recalcar que el mártir no busca serlo. Yo no actué para la historia, actué por deber y sentido de servicio público a la comunidad y mi país.
Si mi nombre sirve para recordar lo que significa servir a un bien mayor, entonces el acto adquiere sentido y cumple su propósito”. ¿Qué le diría a un carabinero de hoy? “Que entienda que el uniforme no es un símbolo vacío, sino que representa historia, sacrificio y responsabilidad.
Que encarna a todo el país, a toda una institución y a la historia que la respalda, y que, llegado el momento, deberá decidir con la convicción que esto te entrega”. Si pudiera resumir su legado en una frase “Cumplir, incluso cuando el costo sea todo.
Hasta rendir la vida si fuese necesario es parte del juramento que realizamos no solo a nuestro país, su Constitución y sus leyes, sino a cada ciudadano y ciudadana que día a día pone su seguridad y su descanso en nuestras manos”. El 6 de noviembre de 1965, en medio de un conflicto limítrofe, un disparo en Laguna del Desierto terminó con la vida del teniente Merino a sus 29 años.
Hoy sus restos descansan al interior de la Escuela de Carabineros.. En el mes aniversario de Carabineros, se reconstruye —en una entrevista imaginaria— la voz, el pensamiento, la convicción y el legado del héroe nacional, cuya historia sigue moldeando la doctrina, los valores y el espíritu de servicio público en la policía uniformada. LA FRONTERA DEL DEBER: