Autor: Marco Aurelio Reyes Coca Historiador
Columnas de Opinión: El lado desconocido de Prat
Columnas de Opinión: El lado desconocido de Prat N uestro insigne mártir de Iquique, Arturo Prat, tuvo algunas facetas oscuras en su breve existencia de 31 años de edad. Según los historiadores anglosajones W. Sater y S. Colliers, junto a los héroes de La Concepción, "son los héroes máximos de las guerras nacionales del siglo XIX", lo cual se ha incubado en el imaginario social chileno. Antes del sublime episodio de Iquique, realizó algunas actividades ajenas a la cotidianeidad, una de las cuales está desarrollada en la obra de Jorge Baradit: la práctica del espiritismo.
Sin duda que fue la reacción paternal por el desconsuelo que le provocó la muerte de su pequeña Carmela de la Concepción, llevándolo a conectarse con ella, en sesiones espiritista buscando una respuesta para su alma herida, tal como creía la creencia popular y la elite de la época. Dicha experiencia era la búsqueda de un Dios bondadoso en las almas sufrientes, según lo explican historiadores como Manuel Vicuña y Cristóbal Huidobro. Era un padre ejemplar.
Más allá de esta experiencia personal, el héroe debió realizar una trascendente misión diplomática secreta en los momentos previos y tormentosos de la Guerra del Pacífico, cuando pendía sobre nuestro país una aguzada Espada de Damocles como eran los tratados secretos peruano-boliviano (1873) y las sibilianas negociaciones para incorporar a la Argentina a esa posible entente, generando alarmantes reacciones en nuestro país, ante la débil posición chilena para ingresar al conflicto bélico. En la guerra marítima, Chile estaba desprovisto. Prat, imbuido del espíritu cívico en su alma, deberá cumplir una misión diplomática secreta para elaborar una imagen del balance del poder en Sudamérica.
La diplomacia chilena se reducía a la legación en Francia (Alberto Blest Gana) y pequeñas misiones en Lima y Washington, mientras Argentina "daba zarpazos en nuestra Patagonia". En ese contexto Prat es enviado a Montevideo (Uruguay) para observar movimientos militares argentinos, encomendado por el canciller Alejandro Fierro (noviembre, 1878), con escuálidos recursos monetarios y un mapa de la Patagonia chilena (llegaba hasta el atlántico). La diplomacia chilena era lamentable.
En medio de esas tormentosas circunstancias Prat informaba sobre todo movimiento militar en el rio de La Plata y al sur argentino, investido por el canciller Fierro, "en virtud de su discreción, la sagacidad y la incesante observación de usted": En Buenos Aires, se palpaba un desorden administrativo, pero su agudeza lo hacía observar peligrosamente como Argentina realizaba fortificaciones navales al sur del río Santa Cruz, con concesiones a diversos europeos. Comprobó que "efectivamente Argentina se preparaba para la guerra", ante la debilidad diplomática chilena de mantener en Buenos Aires cónsules extranjeros.
Veía con preocupación la debilidad chilena ante el avance argentino en la Patagonia para la explotación económica de ese territorio nacional que era "considerado como maldito". Prat observaba la agresividad antichilena de nuestra vecindad, y que el balance del poder en Sudamérica solo se lograría con una alianza de Brasil y Chile. Realmente resulta un desvarío no haber escuchado los juiciosos informes de Prat. Su inmolación en la rada de Iquique privó a Chile de una de las más esclarecidas y visionarias mentes. Autor: Marco Aurelio Reyes Coca Historiador. Opinión