Autor: Joaquín Trujillo Investigador CEP
Columnas de Opinión: Morbo gótico
Columnas de Opinión: Morbo gótico E n 1904, el médico Nicolás Palacios (1854-1911) publicó "Raza chilena", bajo el seudónimo de "un roto chileno", rarísimo libro que defendió con argumentos extravagantes la superioridad del mestizo local, considerándolo una mezcla extraordinaria del hosco godo europeo y el rudo mapuche, dos etnias eminentemente guerreras, de connotación espartana. Lector de Ercilla, Darwin y Spencer, Palacios se quedó pasmado ante las imágenes de los santos medievales del pórtico de la catedral de León en los que identificó el fenotipo del chileno.
Propuso que los chilenos hablábamos desde tiempos de la conquista un dialecto gótico del castellano, el mismo que hablaba Pedro de Valdivia y Miguel de Cervantes, quien tuvo que escribir la versión estándar prestigiosa en su Quijote.
Las oleadas de godos que gobernaron parte de la península ibérica habrían sido las primeras de los embarcados en la suicida expedición de Colón y, luego, las que concurrieron a Chile durante décadas para participar de la guerra más famosa de aquellos tiempos. En el intertanto, habrían practicado su inveterada poligamia, vinculándose cada uno de ellos a decenas y decenas de indias.
La plaza de Chillán, por ejemplo, se habría perdido según un cronista porque los "guzmanes" estaban más dedicados a "Venus que a Marte" y el fuerte permanecía convertido en una inmensa maternidad, amén de cientos de partos por semana. Para el siglo XVIII, el 80% de la población procedía de esta mezcla. Así, Chile no era un país latinoamericano del montón, era el reino gótico de los rotos, la cazuela silenciosa, fome, de pocas palabras, de humor monosilábico y de natalidad explosiva. Palacios escribió sus textos furioso por la ignorancia de la élite chilena, la cual menospreciaba a los rotos, considerándolos vagos, pillos, rateros. Ella intentaba "reemplazarlos" por migrantes europeos mediterráneos, cuando esos rotos acababan de duplicar el territorio de Chile en la reciente Guerra del Pacífico.
Qué élite más ruin, decía, y celebraba la ley de servicio militar obligatorio de 1900 que obligaría a todos los hombres chilenos, ricos y pobres, a reencontrarse en los cantones de reclutamiento, como primos lejanos en torno al consomé original. Y ojo: Diego Portales también pertenecía a esta étnia. Sí, el mismo que puso con mano de hierro reglas a la zamacueca.
Con todo, menos atención daba Palacios al "morbo gótico", expresión que popularizó Gregorio de Tours (c. 538-594), la que refería a las conspiraciones políticas que derrocaron a muchos de los reyes visigodos durante la primera Edad Media en España. Los godos destituían a cuchillo a sus reyes, ponían otros nuevos y los sacaban de nuevo. Si se me permite la conjetura, los juicios de residencia de los gobernadores españoles en Chile durante la colonia, casi llegaban a eso, aunque, habría que admitir, respetaron algún plazo. Porque tal vez el "morbo gótico", cuya importancia descuidó Palacios en esta suerte de novela de formación nacional, habría experimentado una feliz evolución, haciendo carne de los períodos establecidos que reafirmó el legado de Portales. Y no digamos que esta es ya prueba superada. A buen entendedor, godas palabras. Autor: Joaquín Trujillo Investigador CEP.