Columnas de Opinión: Simce 2025: El aprendizaje se recupera, la ansiedad crece
Columnas de Opinión: Simce 2025: El aprendizaje se recupera, la ansiedad crece Juan Pablo Catalán Académico e investigador de Educación UNAB Los resultados del Simce 2025 entregan una señal que merece ser leída con serenidad, pero también con honestidad intelectual. Tras años de retrocesos provocados por la pandemia, el sistema educativo chileno muestra signos de estabilización y recuperación de los aprendizajes. Es una buena noticia. Pero también es una advertencia: Chile ha logrado volver al punto donde estaba antes de la crisis sanitaria, no mucho más allá.
La Agencia de Calidad de la Educación informó que la medición aplicada entre octubre y noviembre de 2025 alcanzó una cobertura superior al 98% en 4 básico, 8 básico y Il medio, permitiendo observar con claridad el estado actual de los aprendizajes del país.
Según las autoridades, el sistema ha entrado en una etapa de consolidación tras el proceso de recuperación postpandemia, lo que abre la puerta a un nuevo ciclo de mejora educativa (Agencia de Calidad de la Educación, 2026). Sin embargo, detrás de esa aparente estabilidad se esconden tensiones profundas.
Matemática continúa siendo el principal desafío del sistema educativo, particularmente en II medio, donde persisten brechas significativas en los resultados y donde, además, se amplían las diferencias de género que ya existían antes de la pandemia.
Esta situación no es menor: la OCDE ha advertido reiteradamente que las debilidades en el aprendizaje matemático limitan el desarrollo de competencias clave para la participación social y económica en el siglo XXI (OECD, 2023). Pero quizás el dato más inquietante del Simce 2025 no está solo en los puntajes, sino en lo que ocurre en la mente y en las emociones de los estudiantes. Los Indicadores de Desarrollo Personal y Social revelan que la ansiedad académica se ha transformado en un fenómeno transversal en el sistema escolar chileno.
El propio informe señala que los establecimientos que implementan estrategias para disminuirla logran hasta 23 puntos más en Matemática en 4 básico y hasta 18 puntos en II medio (Agencia de Calidad de la Educación, 2026). Este hallazgo es revelador. Durante décadas se pensó que mejorar los resultados dependía principalmente de currículos, pruebas o metodologías. Hoy sabemos que también depende de algo mucho más humano: el bienestar emocional de quienes aprenden. Aprender bajo ansiedad es como intentar leer mientras tiembla la tierra. La mente se defiende, se bloquea, se cierra. Y cuando la escuela se convierte en un espacio de presión constante, el conocimiento deja de ser una aventura intelectual y pasa a ser una carga emocional. Por eso, si el sistema educativo chileno realmente ha superado la etapa de recuperación postpandemia, el desafío que viene no es solo académico: es profundamente humano. Chile necesita iniciar un nuevo ciclo educativo que no solo recupere aprendizajes, sino que transforme la manera en que se aprende. Esto implica fortalecer metodologías activas, promover habilidades del siglo XXI y, sobre todo, integrar la salud mental como un componente estructural de la enseñanza. No como un programa aislado ni como un taller ocasional, sino como una dimensión cotidiana del aula. Para ello será clave fortalecer las capacidades de docentes y equipos directivos, quienes hoy enfrentan el desafío de enseñar contenidos y, al mismo tiempo, acompañar emocionalmente a sus estudiantes. Si algo nos enseñó la pandemia es que la educación no ocurre solo en los cuadernos ni en las pruebas estandarizadas. Ocurre, sobre todo, en la confianza que un estudiante siente cuando aprende. Tal vez el verdadero desafío del Simce 2025 no sea subir algunos puntos más en Matemática. Tal vez el desafío sea más profundo: construir escuelas donde aprender no duela. Porque cuando la escuela cuida la mente de sus estudiantes, el aprendizaje -simplementevuelve a florecer.. Opinión