"Tarapacá no puede seguir esperando que otros definan su destino": Marcelo Trivelli y su mirada hacia el norte de Chile
"Tarapacá no puede seguir esperando que otros definan su destino": Marcelo Trivelli y su mirada hacia el norte de Chile Entrevista El norte de Chile vive una etapa deciempresarial, financiero, cultural y siva.
Sus ciudades crecen con rapidez, comunicacional se concentra en sus fronteras concentran desafíos cada muy pocas manos y en muy pocos lugares. vez más complejos, la migración ha transformado el rostro de sus barrios y la demanda por vivienda, empleo, Chile ha construido un modelo donseguridad, conectividad y servicios públicos tensiona a territorios que históricamente han sostenido buena parte del desarrollo económico del país. de las regiones son valoradas principalmente por lo que entregan al centro: materias primas, energía, recursos naturales, impuestos, producción y posición estratégica. Pero cuando se trata de devolver capacidades, infraestructura, servicios, inTarapacá es una región clave para Chile. Su ubicación geográfica, su cercanía con los mercados internacionales, su versión pública o poder de decisión, la respuesta siempre es insuficiente. Tarapacá vive esa contradicción de manera muy clara. Es una región fundamental para el comercio exterior, para la seguridad fronteriza, para la minería, para la logística y para la proyección internacional de Chile. Sin embargo, sus habitantes enfrentan problemas profundos de vivienda, conectividad, seguridad, empleo, planificación urbana y acceso a servicios públicos. vocación logística, comercial, minera, energética y fronteriza la convierten en un territorio estratégico.
Sin embargo, al mismo tiempo, buena parte de su población convive con una sensación persistente de abandono, de decisiones tomadas lejos del territorio y de políticas públicas que llegan tarde frente a una realidad que avanza con mayor velocidad que la respuesta del Estado. En este escenario, Marcelo Trivelli mira hacia el norte con una lectura crítica y El problema no es solo administrativo. Es un problema de modelo de país. Las decisiones estratégicas siguen concentradas en el centro y muchas veces se toman sin comprender la realidad territorial. Las regiones terminan subordinadas a intereses económicos y políticos que no nacen en el territorio ni conviven con sus consecuencias. estructural. Su análisis no se queda únicamente en la coyuntura migratoria o en la crisis de seguridad. Va más allá.
Plantea que Tarapacá expresa una tensión histórica del modelo chileno: regiones que generan riqueza, energía, comercio y oportunidades para el país, pero que siguen subordinadas a un poder central que concentra decisiones, recursos, medios, inversión y capacidad estratégica. Por eso digo que no basta con reclamar. Las regiones tienen que construir propuestas, pensamiento estratégico y capacidad de presión política. Nadie entrega poder de manera espontánea. El desarrollo regional requiere organización, liderazgo, conocimiento y una visión compartida de futuro. En conversación con Diario Longino, Trivelli aborda los grandes temas que cruzan hoy al norte de Chile: migración, economía, vivienda, crecimiento demográfico, descentralización, desarrollo urbano, patrimonio, energía, tecnología y soberanía territorial.
Su diagnóstico es claro: Tarapacá no necesita solo más presencia estatal, sino -Desde el poder central muchas veces se habla del norte solo cuando hay crisis migratoria o problemas de seguridad. ¿ Falta una mirada más la propia región. -Tarapacá hoy es una región clave para Chile en temas como frontera, profunda sobre lo que realmente vive la región? una visión de futuro construida desde comercio, minería y seguridad, pero al mismo tiempo muchas personas sienten abandono. ¿ Cómo se explica esa contradicción? -Sí, absolutamente. Desde el centro se mira al norte casi siempre desde la lógica del problema. Se habla del -No es que lo sientan: están abandonorte cuando hay crisis migratoria, nados. Y ese abandono no es casual ni cuando hay delitos violentos, cuancircunstancial. Responde a una estrucdo hay tomas, cuando hay tensión tura histórica de centralismo extremo, en la frontera o cuando aparece una donde el poder político, económico, amenaza para la agenda nacional. Pero esa es una mirada limitada, reactiva y profundamente injusta. Tarapacá no es solo frontera, no es solo migración y no es solo seguridad. Tarapacá es una puerta natural hacia el Asia-Pacífico, un nodo logístico estratégico, una región con enorme potencial energético, comercial, turístico, patrimonial y tecnológico. El problema es que los grandes medios, las élites políticas y los centros de decisión construyen la agenda nacional desde Santiago. Entonces las regiones aparecen solo cuando generan preocupación o conflicto. No aparecen cuando están creando oportunidades, cuando producen riqueza, cuando sostienen procesos económicos fundamentales o cuando advierten anticipadamente problemas que después terminan siendo nacionales. Chile necesita una mirada geopolítica moderna sobre su territorio. El norte no puede seguir siendo entendido como una zona periférica. Es una zona central para el futuro del país.
Si Chile quiere proyectarse al mundo, fortalecer su comercio exterior, desarrollar nuevas energías, enfrentar de manera inteligente los desafíos migratorios y consolidar soberanía efectiva, tiene que mirar a Tarapacá de otra manera. -Iquique y Alto Hospicio han crecido muchísimo en los últimos años, pero también aparece una sensación de desorden y desgaste. ¿ Qué cree que le falta al desarrollo del norte para que avance junto a su gente? -Les falta proyecto. Les falta propósito común. Y eso no se decreta desde Santiago. Se construye desde la propia región, con sus autoridades, sus universidades, sus comunidades, sus empresarios, sus trabajadores y sus organizaciones sociales. Chile confundió durante demasiado tiempo crecimiento económico con desarrollo humano. Que una ciudad crezca no significa necesariamente que mejore la vida de las personas. Se pueden construir más viviendas, abrir más comercios, aumentar la actividad económica y, al mismo tiempo, deteriorar la calidad de vida si no existe planificación, infraestructura, seguridad, transporte, áreas verdes, servicios públicos y cohesión social. Iquique y Alto Hospicio son un ejemplo muy claro de las tensiones del Chile actual. Han experimentado una expansión urbana acelerada, presión migratoria, segregación territorial, aumento de demandas sociales, déficit habitacional, servicios sobrepasados y una sensación creciente de abandono institucional. Cuando las ciudades crecen sin planificación territorial seria, aparece el desgaste. Aparece la frustración. Aparece la percepción de que cada familia debe resolver sola problemas que deberían tener respuesta pública. Y eso debilita el tejido social. El desarrollo del norte no puede medirse solamente por inversión o crecimiento económico. Debe medirse por la capacidad de mejorar la vida cotidiana de las personas. Por cuánto se demora alguien en llegar a su trabajo. Por la seguridad del barrio. Por la calidad de la vivienda.
Por la posibilidad de acceder a salud, educación, transporte, cultura y espacios públicos dignos. -Usted lleva años hablando de descentralización, pero para muchas regiones sigue siendo más un discurso que una realidad. ¿ Por qué cuesta tanto avanzar en eso en Chile? -Porque descentralizar significa redistribuir poder real. Y en Chile las élites históricamente han defendido la concentración del poder como mecanismo de control político, económico y cultural. Se habla mucho de descentralización, pero en la práctica las decisiones estratégicas siguen estando centralizadas. La inversión pública, los medios de comunicación, el sistema financiero, la capacidad empresarial, las grandes políticas nacionales y buena parte de la discusión pública se concentran en Santiago. Descentralizar no es solo crear cargos regionales o trasladar algunas competencias administrativas. Descentralizar significa permitir que las regiones puedan decidir sobre su desarrollo, sus recursos, sus prioridades y su futuro. Y eso implica incomodar a quienes se han beneficiado durante décadas de un país organizado desde el centro hacia la periferia. Además, Chile carece de una mirada geopolítica moderna. Tarapacá no puede seguir siendo entendida únicamente desde la minería o desde la emergencia fronteriza. Estamos hablando de una región estratégica en términos energéticos, logísticos, comerciales, patrimoniales y de seguridad hemisférica. Fortalecer el norte requiere mucho más que.
En entrevista con Diario Longino, Marcelo Trivelli analiza el momento que vive Tarapacá y plantea que el norte del país enfrenta una paradoja profunda: es estratégico para Chile, pero sigue postergado por el centralismo político, económico y cultural. "Tarapacá no puede seguir esperando que otros definan su destino": Marcelo Trivelli y su mirada hacia el norte de Chile presencia militar o controles fronterizos. Se necesita infraestructura, conectividad, universidades fuertes, investigación, inversión tecnológica, desarrollo humano y capacidad de planificación. La soberanía no se construye solo con vigilancia.
También se construye con ciudades fuertes, comunidades cohesionadas y regiones con oportunidades reales. -¿ Cree que el país ha entendido realmente el valor estratégico que tiene Tarapacá para el futuro de Chile? -Lo entendió en el pasado mucho más que ahora. Ahí están la Junta de Adelanto de Arica y la creación de la ZOFRI en Iquique. Esos fueron ejemplos de una mirada estratégica sobre el territorio. Había una comprensión de que el norte necesitaba instrumentos especiales para desarrollarse, integrarse y proyectarse. Hoy esa visión se debilitó y fue reemplazada por una mirada más bien extractivista. Se mira al norte por lo que puede producir, no necesariamente por lo que puede llegar a ser. Tarapacá tiene uno de los patrimonios arqueológicos más relevantes de América Latina. Sus geoglifos, sus rutas ancestrales, su historia salitrera, su identidad multicultural y su paisaje desértico constituyen una riqueza cultural y turística gigantesca, pero todavía subutilizada y muchas veces abandonada. Además, la región tiene condiciones extraordinarias para transformarse en un polo energético y tecnológico de escala continental. El mundo actual demanda energía limpia, conectividad, procesamiento de datos e infraestructura digital. Los data centers buscan territorios con disponibilidad energética, estabilidad, suelo, conectividad internacional y condiciones adecuadas para operar. Tarapacá podría ser parte de esa conversación global. Pero eso no ocurrirá solo. Requiere una estrategia agresiva de atracción de capitales, innovación, formación de capital humano, infraestructura y articulación público-privada.
Y en ese proceso, ZOFRI podría volver a jugar un rol central, no solo como plataforma comercial, sino como un instrumento estratégico para la integración económica y tecnológica del norte. -Cuando se habla del desarrollo del norte, ¿qué tan importante es escuchar más a las comunidades y actores locales, y no solo tomar decisiones desde el nivel central? -Es fundamental. Escuchar a las comunidades no puede ser un trámite ni una formalidad. Tiene que ser parte real del proceso de construcción de desarrollo. Muchas veces las decisiones se toman desde oficinas lejanas, con información incompleta zxzzz xvzy sin comprender las dinámicas locales. Eso genera desconfianza, rechazo y políticas mal diseñadas. Pero escuchar no significa simplemente preguntar. Significa dialogar, incorporar conocimiento territorial, construir consensos y reconocer que quienes viven en la región conocen problemas que desde el centro muchas veces ni siquiera se ven. Ahora bien, también creo que las regiones deben fortalecer su capacidad de propuesta. No basta con decir "no" o con reclamar abandono. Es necesario construir alternativas, modelos de desarrollo, proyectos de largo plazo y una agenda regional propia. Ahí las universidades públicas y regionales tienen un rol fundamental. Las regiones necesitan producir conocimien to, investigación, pensamiento crítico e innovación. Si las regiones no generan su propio pensamiento estratégico, seguirán dependiendo de diagnósticos elaborados por otros. El desarrollo regional no puede ser solo una suma de proyectos. Tiene que ser una visión compartida.
Y esa visión debe surgir desde el territorio. -En materia migratoria, Tarapacá ha estado en el centro del debate nacional. ¿ Cómo se puede abordar este fenómeno sin caer solo en el discurso de crisis o amenaza? -La migración debe abordarse con seriedad, con orden y con humanidad. No se puede negar que ha generado tensiones reales en las ciudades del norte, especialmente cuando se combina con déficit habitacional, empleo informal, servicios públicos sobrepasados y falta de control efectivo del Estado. Pero tampoco se puede reducir todo el fenómeno migratorio a una amenaza. Eso es simplista y peligroso. La migración es un proceso humano, económico, social y político. Cuando el Estado no tiene capacidad de anticipación, planificación ni gestión, el impacto cae sobre las comunidades locales, sobre los municipios, sobre los barrios y sobre los propios migrantes. Tarapacá ha vivido esa presión de manera directa. Por eso el país debe entender que una política migratoria seria no se puede diseñar solo desde Santiago. Tiene que considerar la realidad fronteriza, la capacidad de los servicios públicos, la vivienda, el empleo, la seguridad y la integración social. El Estado debe ordenar, fiscalizar y controlar, pero también debe integrar cuando corresponde. El abandono estatal genera informalidad, y la informalidad genera vulnerabilidad, abusos y conflictos. La respuesta no puede ser solo policial.
Tiene que ser institucional, social, urbana y laboral. -La vivienda aparece como uno de los temas más sensibles en el norte. ¿ Cómo observa la relación entre crecimiento demográfico, déficit habitacional y expansión urbana? -La vivienda es uno de los grandes dolores del Chile actual, y en el norte ese problema se expresa con mucha fuerza. Cuando una región crece demográficamente más rápido que su capacidad de planificación, el resultado es evidente: campamentos, hacinamiento, arriendos elevados, expansión desordenada, presión sobre los servicios y deterioro de la calidad de vida. El déficit habitacional no puede mirarse solo como un problema de construcción de casas. Es un problema de ciudad. De suelo. De transporte. De equipamiento. De empleo. De integración. Una vivienda sin entorno adecuado puede terminar reproduciendo segregación y frustración. En Iquique y Alto Hospicio esto es especialmente evidente. No basta con levantar conjuntos habitacionales si no existe conectividad, salud, educación, seguridad, comercio, espacios públicos y oportunidades laborales cerca. La vivienda debe ser parte de una estrategia urbana integral. Además, el crecimiento demográfico obliga a anticiparse. No se puede planificar con datos atrasados ni con políticas reactivas.
Las regiones del norte requieren instrumentos especiales, porque enfrentan dinámicas distintas a las del centro del país: migración, frontera, minería, comercio internacional, presión por suelo, campamentos y una geografía compleja. -Desde el punto de vista económico, ¿qué oportunidades ve para Tarapacá más allá de sus actividades tradicionales? -Tarapacá tiene oportunidades enormes. La minería seguirá siendo importante, por supuesto, pero la región no puede depender únicamente de una lógica extractiva. Tiene que diversificar su matriz productiva. Veo oportunidades en logística internacional, energías renovables, tecnología, economía digital, turismo patrimonial, servicios especializados, comercio exterior, formación técnica avanzada e industrias vinculadas a la transición energética. Tarapacá tiene ubicación, tiene historia comercial, tiene condiciones naturales y tiene una identidad regional potente. Pero necesita articular esas ventajas en una estrategia de desarrollo. Las oportunidades no se concretan solas. Requieren planificación, inversión, infraestructura, talento humano y coordinación. El norte podría transformarse en una plataforma de conexión entre Chile, Sudamérica y el Asia-Pacífico. Pero para eso se necesita mirar más allá del corto plazo. Se necesita pensar en puertos, corredores bioceánicos, conectividad digital, energía, formación profesional, innovación y valor agregado.
La pregunta es si Chile quiere que Tarapacá siga siendo solo una región funcional al centro o si está dispuesto a reconocerla como un motor estratégico de desarrollo nacional. -Pensando en los próximos años, ¿qué tendría que pasar para que regiones como Tarapacá dejen de sentirse postergadas y comiencen a mirar el futuro con más oportunidades? -Lo primero es reconocer que no se trata de una sensación. Existe una postergación real. Y reconocer eso es fundamental para dejar de tratar el problema como una queja regional y comenzar a abordarlo como una deuda nacional. Pero también las propias regiones deben asumir un rol más activo. Tarapacá tiene demasiadas capacidades para seguir esperando que otros definan su destino. Tiene energía, patrimonio, comercio internacional, posición geográfica, historia, identidad, universidades, capital humano Entrevista y una ubicación estratégica. Lo que falta es construir una visión compartida de futuro y defenderla políticamente. Las regiones deben dejar de bailar al son de la música que tocan quienes concentran el poder. Tienen que definir sus propias prioridades estratégicas. Eso exige liderazgo regional, unidad, conocimiento, capacidad técnica y presión política. Exige también una ciudadanía más consciente del valor de su territorio. Porque cuando una región comprende su verdadero valor, deja de pedir permiso para desarrollarse. Tarapacá no puede seguir esperando. Tiene que pensarse a sí misma como una región estratégica, no como una zona abandonada. Y desde ahí exigir al país el trato, la inversión y el poder de decisión que le corresponden. La entrevista con Marcelo Trivelli deja instalada una reflexión de fondo: Tarapacá no es una región secundaria en el mapa nacional. Es frontera, comercio, minería, energía, patrimonio, logística, migración, ciudad y futuro. Sin embargo, esa condición estratégica contrasta con una realidad marcada por el centralismo, la postergación y la falta de una política de Estado que mire al norte con profundidad y no solo desde la emergencia. Durante años, las regiones del norte han sostenido buena parte del desarrollo económico de Chile, pero han debido enfrentar con recursos limitados problemas que muchas veces son consecuencia de decisiones nacionales. La migración, la seguridad, la vivienda, el crecimiento urbano, la conectividad y la presión sobre los servicios públicos no pueden seguir siendo tratados como asuntos aislados ni como simples episodios de crisis. La mirada de Trivelli apunta a un desafío mayor: pasar del diagnóstico al proyecto. Tarapacá requiere más que discursos de descentralización. Necesita poder real, inversión estratégica, planificación territorial, universidades fortalecidas, participación local y una visión de largo plazo que reconozca su verdadero peso en el futuro del país. El norte no solo debe ser mirado cuando duele, cuando preocupa o cuando aparece en la agenda nacional por una crisis. Debe ser mirado por lo que representa: una oportunidad histórica para repensar el desarrollo de Chile desde sus territorios. Porque una región que genera riqueza abre fronteras, conecta mercados y sostiene soberanía no puede seguir sintiéndose abandonada por el mismo país al que tanto aporta..