La fotografía como pasaporte
La fotografía como pasaporte C omo buen fotógrafo, Marcelo Montecino Slaughter (1943) comienza esta entrevista advirtiendo que habla poco, que hay que sacarle las palabras con tirabuzón. Pese a ello, se toma el tiempo para relatar su historia, lo bueno que le ha pasado y también los pasajes duros, a veces con crudeza, otras con ternura, humor e ironía. Está sentado en el estudio de su casa, un lugar cálido y luminoso. Resaltan sus ojos azules y su expresión seria. Vive allí con su mujer, la estadounidense Lucy Alexander llevan casi "50 años de casados formalmente, y juntos, como 54", desde 2015, cuando regresaron de manera definitiva a Chile. Desde los 11 años, Montecino ha vivido entre Washington D.C. y Santiago, y desde esa misma edad, o casi, mira el mundo a través de una cámara. Primero fue una especie de juego en la secundaria era el fotógrafo del anuario y del periódico de su escuela; luego lo hizo como reportero gráfico profesional. Su fotografía autoral incluye innumerables registros urbanos, en especial de Santiago.
Por eso hoy Factoría Santa Rosa (@factoriasantarosa) presenta "Barrios Franklin y Bío Bío: una mirada sobre su historia", una exposición de Montecino curada por Andrea Aguad, que reúne imágenes de ese sector de la ciudad tomadas en distintas épocas, incluido el año 62, cuando volvió a Chile por primera vez después de haber partido con su mamá y su hermano a la capital de Estados Unidos en 1954. Sus padres se habían separado, y ella recibió una oferta de trabajo en la OEA.
El fotógrafo chileno Marcelo Montecino vuelve a los barrios Franklin y Bío Bío a través de una exposición que presenta desde hoy en Factoría Santa Rosa, imágenes que componen un retrato urbano emotivo y poético de ese sector de Santiago.
Es lo que ha caracterizado su trabajo de más de sesenta años, una fotografía en la que abundan la belleza, la melancolía y también la rudeza de la realidad cotidiana, y que para él ha sido "un pasaporte para acercarme y comprender". Texto, Mireya Díaz Soto. Retrato, Carla Pinilla G. Fotografías, gentileza Marcelo Montecino. ENTREVISTA La vida cotidiana y sus símbolos. Franklin, 1989. Un vestido de novia en venta, una de las fotos que le encantan. 1991. El recorrido por Franklin da cuenta de una memoria urbana. Imagen de 1989. La fotografía como pasaporte. La fotografía como pasaporte Í 1 1. 4 \. JÍ r Los espejos son recurrentes en su obra. Captura en Franklin, 1991. “Nunca consideré, hasta muy tarde, que la fotografía era un trabajo digno, interesante, importante. Yo siempre pensé que sería, no sé, profesor profesor de Literatura”, dice Montecino.
Tradicional vista del persa, 1990. -... S Llegamos en invierno, y me acuerdo de haber encontrado un Santiago pobre y triste que no recordaba, porque yo era un niño de clase más o menos alta, del Saint George, que vivía en Pedro de Valdivia, en la burbuja de Providencia. Llegamos a la casona inmensa de mi abuelo en la esquina de Bustamante con Av. Providencia; era vieja y helada, y nos quedamos en el segundo piso, que no tenía muebles. Llovía, y yo no conocía a nadie. Para salir de ahí, me dediqué a recorrer Santiago con la cámara, y tuve varios encuentros muy decisivos. En una de mis primeras salidas vi un rayado con tiza que decía “Los obreros no deben deben tener hijos porque serán pobres fijos”. Me llamó tanto la atención eso.
Creo que fue mi primer encuentro con el marxismo dice entre risas, Así conoció el entonces llamado barrio Matadero, que en ese momento retrató casi como un extranjero, y por donde solía deambular deambular décadas más tarde. ¿Por qué vuelves a ese sector? Desde el 88 hasta antes de la pandemia que estuve yendo. Voy a empezar por lo más banal. Me encantaba llevar a mis hijos, lo pasábamos pasábamos muy bien. Ya quién no le gusta cachurear. cachurear. A quién no le gusta ir a ver esta especie de.. . ¿cómo llamarlo? Lugar arqueológico, donde uno encuentra cosas del pasado que son a veces muy emotivas.
Me daba una pena cuando veía un álbum de fotografías, toda la vida de una familia ahí, botada dice y recuerda recuerda una de sus imágenes, la de una máquina minutera con pequeñas fotos viejas pegadas por el costado: “Qué cosa más triste que eso”. Sus primeros pasos en la fotografía documental documental pese a que no veía su futuro en ese mundo los dio mientras estudiaba Relacio: Relacio: a.. El encuentro con objetos como esta cámara minutera lo conmovían. Franklin, 1991. “lntersection”, “lntersection”, ig8g. :4. La fotografía como pasaporte nes Internacionales y luego Literatura en la Universidad George Washington, siendo testigo de las primeras manifestaciones contra la guerra de Vietnam. Contagiado con esa efervescencia, se vino en febrero de 1973 a documentar lo que se vivía en Chile durante la UP. Unos meses más tarde llegó su hermano Christian, también fotógrafo, con quien tuvo la posibilidad de capturar los días previos y posteriores al 11 de septiembre.
Hasta que en octubre fue asesinado por una patrulla militar a partir de una denuncia falsa en su contra y de otras cinco personas, hecha por la administradora de una de las torres San Borja, donde el joven de 27 años se quedaba con su papá.
Estaba registrado como corresponsal de prensa igual que Marcelo y no era militante. "Fue una de esas masacres absurdas", recuerda, y agrega que el material recabado entonces lo incluyó en dos libros: Irredimible (Ocholibros, 2011) y Miedo (LOM, 2025). En noviembre del 73, tras el dolor de haber retirado el cuerpo de su hermano de la morgue, además del temor de ser también perseguido, partió otra vez a Estados Unidos. Allá trabajó como intérprete para organismos internacionales, y con lo que ganaba comenzó a viajar por Latinoamérica, interesado en los convulsos fenómenos políticos que la región experimentó durante los 70 y 80. Presenció las primeras insurrecciones en Nicaragua, El Salvador, Guatemala, y su trabajo llamó la atención de Newsweek, The Washington Post Magazine, The Financial Times. Su ojo logró retratar tensiones, contradicciones humanas, la esencia de las personas y paisajes sociales diversos, coloridos y sorprendentes, cruzando lo íntimo con lo histórico. Imágenes suyas se han expuesto en el New York State Museum, en la Biblioteca del Congreso de EE.UU. y en otros tantos espacios en ese país, Francia y España, además de Santiago. Mientras, el vínculo con Chile continuaba. Esto de ir y volver de Estados Unidos fue lo que me dio una ventaja sobre otros fotógrafos. Todo lo encontraba nuevo, allá y acá. Aquí yo notaba cosas que otros chilenos no, y allá notaba cosas que los gringos no. Dijiste en una entrevista: "Viajar entre un país y otro, y jamás sentirme cómodo en ninguno, me ayudó mucho en la fotografía". ¿Por qué? No sé cómo explicarlo. La fotografía me ayudó a aprender. Esa es la única respuesta El documental "Montecino", del periodista Camilo Casanova y estrenado en noviembre pasado, recorre la vida del fotógrafo desde su época "amateur". Estará disponible en blurrr. tv. Santiago, 1962.. La fotografía como pasaporte Los Ángeles, EE.UU., 1970. Trabajó como intérprete para los invitados del Departamento de Estado de ese país, y pudo recorrer recorrer buena parte de su territorio. Vista de la Plaza de la Constitución Constitución en 1989. que puedo dar en este momento.
Era un pasaporte pasaporte para acercarme y comprender (la realidad). En cuanto a las incomodidades.. , es raro, pero hay una cierta dualidad cuando uno es bilingüe y binacional y uno no sabe si es gringo, si es chileno, un conflicto que duró harto tiempo, dicho sea de paso. Me empecé asentir chileno... (hace una pausa) quizás con el Golpe. De hecho, estoy haciendo un libro que se llamará Amateur, que es mi fotografía del 62 hasta justo antes del Golpe. Yo me consideraba un amateur. Como André Kertész Kertész (Hungría, 1894 Nueva York, 1985), un cabro con cámara que tuvo la posibilidad de vivir en varios ambientes y registró todo eso. Pero para el Golpe me di cuenta de que podía ser profesional, y me dediqué de frentón a una fotografía seria. En otra oportunidad dijiste que la fotoNemesio Antúnez en ig88. Entre otros de sus retratados retratados figuran Frei Montalva, García Márquez, Vargas Llosa, Fidel Castro, José Donoso y Orlando Letelier. Esta imagen de la calle Lira refleja el Santiago con que se encontró en 1962. “En esa época, yo era bastante tímido, y a veces fotografiaba fotografiaba con un pequeño tele, para no acercarme. acercarme. Para mí era todo nuevo”, recuerda. recuerda. “The kiss by the Mapocho”, 1964. grafía es un proceso intuitivo. Hay veces en que uno pone la cabeza en la almohada en la noche y dice: “Voy a sacar esto mañana”. Y muy pocas veces sucede. Así que en general, sí, soy un fotógrafo intuitivo. Siempre les digo a los jóvenes que las mejores mejores fotos se sacan con el corazón, no con la cabeza.
No creo que la fotografía sea muy buena para indicar o explicar ideas, es mejor para interpretarlas. ¿Cómo fue quedarte en Chile de manera manera definitiva? Una época de bastante alegría, porque tuve tuve un pago de Chile real. Mucho reconocimiento, reconocimiento, mucha gente que nos quería, la familia de mis primas. Fue muy importante. Además, desde que volví he hecho como cinco o seis libros, ya no me acuerdo de cuántos, recibí el Premio Antonio Quintana (a la Trayectoria en Fotografía, 2017) de manos de la presidenta Bachelet. Estoy muy agradecido con Chile. Fue una nueva etapa de creación. Sí. Se me están ocurriendo cosas curiosas curiosas que yo pensaba que después de cierta edad no se te ocurren. Por ejemplo, hay mendigos mendigos que vienen regularmente a esta casa, porque se han dado cuenta de que hay una gringa generosa, y un viejo malhumorado, y aprovecho de fotografiarlos en la puerta. Son fotos muy emocionantes. Hasta bellas, en cierto modo, Mirando hacia atrás, ¿qué ha sido lo mejor mejor de ser fotógrafo? Como dije antes, la excusa de salir a ver lo que uno quiere. El pasaporte para todo. Para hacerfotos buenas hay que tener una vida interesante; interesante; creo que la fotografía me dio la posibilidad posibilidad de tener una vida interesante (@marcelo. montecino). VD, 1 /, ---.