EDITORIAL: Violencia y agresiones en los colegios
EDITORIAL: Violencia y agresiones en los colegios La violencia y las agresiones contra profesores e inspectores se han transformado en un problema creciente, ya que los ataques se multiplican, tanto de parte de los estudiantes como de los apoderados, lo que genera un mayor deterioro del proceso educativo. Se manifiesta a través de agresiones físicas, amenazas con arma, maltrato, hostigamiento y acoso. Repudio y consternación ha generado el lamentable ataque ocurrido en un colegio de Calama, donde un alumno de 18 años asesinó a una inspectora y dejó heridos a alumnos. Este hecho aberrante y violento conmociona a la comunidad y acentúa la urgencia de abordar la creciente violencia en los establecimientos educacionales.
Hasta hace unos años, la violencia escolar se manifestaba en ataques de palabra, sobrenombres, publicaciones ofensivas en las redes sociales, entre otras, pero ahora son frecuentes las informaciones que dan cuenta que algunos estudiantes llevan a los colegios drogas, armas blancas o de fuego, con las que amenazan a sus compañeros, a profesores o inspectores. Esto tiene consecuencias en su salud mental y física, así como en la calidad de vida y desempeño del profesorado. Representa también un deterioro de la convivencia en la comunidad escolar y en el clima laboral. La Ley General de Educación establece que los docentes tienen derecho a que se respete su integridad física, psicológica y moral, prohibiendo los tratos vejatorios y el maltrato. Por ello, el reglamento interno de cada establecimiento educativo debe incluir protocolos para enfrentar situaciones de violencia, incluyendo la denuncia y el seguimiento de los casos. En el primer semestre de 2025, la Superintendencia de Educación recibió 731 denuncias escolares en la Región del Biobío, de las cuales 530 (72,5% ) correspondieron a situaciones de convivencia entre los alumnos. En paralelo, se observa un incremento en las denuncias por maltrato a adultos dentro de la comunidad educativa. Es fundamental implementar estrategias de prevención, como la formación en convivencia escolar, el desarrollo de protocolos de actuación, y la instalación de pórticos detectores de metales a la entrada de los planteles. Se requiere aplicar medidas efectivas para prevenir la violencia, crear instancias para separar a los alumnos violentos de la comunidad educativa que quiere desarrollarse en armonía y se debe investigar y sancionar a los responsables. Cada vez con mayor frecuencia los medios de comunicación dan a conocer informaciones referidas a amenazas verbales o con armas que reciben los docentes. Pero los profesores señalan que los casos son más de los que se publicitan, ya que muchos no llegan a registrarse como denuncia formal. Y como consecuencia del clima hostil que deben enfrentar en algunos establecimientos, aumentan las licencias médicas fundadas en situaciones de violencia que afectan la salud mental.
El magisterio argumenta que loscasos conocidos son los de golpes o amenazas con armas, pero más frecuentes son la violencia psicológica de parte de alumnos o de padres que amenazan con "yo sé dónde vives" o "yo sé cuál es tu auto", todo lo cual provoca temor y frustración.
A la vez, lleva a pensar que las autoridades no han tomado el peso a lo que está ocurriendo y más bien se comienza a considerar como parte de una "normalidad". Se tiende a mirar el colegio como un mundo aparte, pero hay un entorno que hoy es más violento, en la casa, en el barrio, en las calles, y esto se refleja también en las escuelas. Los padres son los primeros responsables de la conducta de sus hijos y, por lo tanto, deben controlarlos. La tolerancia cero a la violencia es un imperativo que no podemos seguir postergando. No podemos seguir lamentando la pérdida de vidas y la afectación de la integridad física y emocional de estudiantes y funcionarios. Abordar la violencia escolar es un problema urgente que sigue en ascenso y no podemos soslayar. El hecho aberrante y violento del homicidio de una inspectora de un colegio en Calama, conmociona a la comunidad y acentúa la urgencia de abordar la creciente violencia en los establecimientos..