COLUMNAS DE OPINIÓN: Humos en el horizonte del Biobío
COLUMNAS DE OPINIÓN: Humos en el horizonte del Biobío Opinión Humos en el horizonte del Biobío Tras la tragedia de los incendios que golpearon a varias comunas de las regiones de Biobío y Nuble, en medio de la estrechez fiscal que enfrenta el gobierno entrante y las medidas adoptadas en torno a las tarifas de los combustibles, nuevos humos ensombrecen el futuro del Biobío.
La guerra en Irán no es un conflicto distante que se observa en la televisión tal como una serie de Netflix; sus efectos comienzan a sentirse con crudeza en las calles, puertos y fábricas de la región.
Cuando el precio del petróleo se dispara y los fletes se encarecen, no hablamos de cifras abstractas: hablamos de familias que pagan más por movilizarse, de pequeñas empresas que ven comprimidos sus márgenes y de trabajadores portuarios y pesqueros que enfrentan mayor incertidumbre. El Biobío, por su condición de polo industrial y logístico, es particularmente vulnerable a estas turbulencias globales. En lo inmediato, el alza del crudo encarece los combustibles, incrementando los costos de transporte terrestre y marítimo. Para la industria forestal y la agroindustrial significa fletes más caros y márgenes más estrechos. Los puertos del Biobío -arterias vitales de la producción regionalsienten el impacto en cada contenedor cuyo traslado se vuelve más oneroso. Al mismo tiempo, la presión sobre la matriz energética se traduce en tarifas más altas para hogares y empresas, debido a que la generación térmica comple mentaria sube de precio. Este escenario golpea con mayor fuerza a las familias de menores ingresos, que dependen del transporte público y destinan gran parte de su presupuesto a movilidad y alimentos. En una región ya castigada, la pérdida de poder adquisitivo puede agudizar tensiones sociales y aumentar la demanda por medidas de alivio inmediato. El riesgo es claro: deterioro de la competitividad, caída del empleo en sectores clave y un efecto multiplicador negativo en la economía local. La amenaza desnuda una verdad incómoda: nuestra dependencia de combustibles importados nos vuelve frágiles. El Biobío puede y debe liderar una transición que combine respuestas inmediatas con inversiones de largo plazo que refuercen su resiliencia.
En lo inmediato, el ajuste al precio de los combustibles decretado por el gobierno, hacen necesario mantener el Mepco, pero con ajustes que reduzcan su impacto fiscal y focalicen el apoyo en quienes más lo necesitan. Las empresas, por su parte, deben renegociar cláusulas de combustible y explorar coberturas que mitiguen la volatilidad de precios. En el mediano plazo, la región tiene una oportunidad estratégica: acelerar la eficiencia energética en plantas industriales e impulsar la generación renovable local, disminuyendo así la exposición a choques externos. Esta realidad exige coordinación entre autoridades regionales, municipios, empresas, sindicatos y ciudadanía.
No es solo un desafío técnico; es una decisión política y moral sobre el tipo de región que queremos ser: una que improvisa con parches, o una que invierte hoy para proteger empleos y bienestar mañana. La Región del Biobío tiene talento, infraestructura, logística y capital social para transformar esta crisis en una palanca de cambio. La pregunta es si actuaremos con la urgencia, la visión estratégica y la ambición que la situación demanda.
PEDRO SILVA director de Vinculación con el Medio, Universidad del Desarrollo sede Concepción La Región del Biobío, por su condición de polo industrial y logístico, es muy vulnerable a turbulencias globales, como cuando el precio del petróleo se dispara y se encarecen los fletes..