Autor: Leopoldo Pineda Herrera
Cartas: Antigüedad de Monte Verde I
Cartas: Antigüedad de Monte Verde I · En los últimos días se ha amplificado con sorprendente ligereza conclusiones atribuidas a un artículo en la revista Science, liderado por Todd Surovell, que sugiere que el sitio arqueológico de Monte Verde tendría entre 6.000 y 8.000 años de antigüedad. De ser correcto, esto implicaría desestimar más de medio siglo de investigación sistemática que ha situado a Monte Verde en torno a los 14.500 años. Nose necesita ser experto para advertir una inconsistencia evidente: hace unos 10.000 años se extinguió la megafauna del Pleistoceno, incluidos los gonfoterios. En Monte Verde no sólo hay presencia de estos animales, sino evidencia directa de su uso por parte de humanos: cuero en estructuras habitacionales, molares, mandíbulas, defensas e incluso restos de carne. Pretender que el sitio tenga sólo 6.000 u 8.000 años obliga a ignorar o relativizar esta evidencia.
Resulta dificil no cuestionar el peso que se le otorga a conclusiones provenientes de un investigador que no ha excavado el sitio y cuya visita habría sido breve, frente a los más de 50 años de trabajo riguroso encabezado por científicos como Tom Dillehay y Mario Pino. No estamos frente a una diferencia de interpretación, sino frente a una asimetría evidente en el conocimien to acumulado. La ciencia no está exenta de disputas de poder, inercias paradigmáticas ni sesgos geográficos.
Dillehay lo ha dicho con claridad al referirse a la llamada "policía de Clovis": una corriente que por décadas defendió de forma casi dogmática un modelo de poblamiento tardío de América, resistiendo activamente cualquier evidencia que lo pusiera en cuestión. Monte Verde fue uno de los principales blancos de ese escepticismo. Lo paradójico es que esta discusión ya tuvo un momento decisivo. A fines de los 90, un grupo internacional de expertos fue convocado para evaluar la evidencia en terreno. El resultado no se resolvió en un paper ni en redes académicas distantes, sino cara a cara, en el sur de Chile.
En enero de 1997, en el bar Taytao de Pelluco, se produjo un hecho poco común en la historia de la ciencia: cinco científicos que defendían la teoría Clovis y cinco que apoyaban Monte Verde votaron de manera unánime reconociendo la validez y antigüedad del sitio. Ese día no sólo se validó Monte Verde; se quebró un paradigma. Más que aceptar sin cuestionamiento nuevas afirmaciones que parecen desconocer este proceso, lo que corresponde es exigir el mismo estándar: evidencia directa, trabajo de campo y discusión científica seria. No basta con reinterpretar datos a distancia ni con instalar titulares llamativos. Autor: Leopoldo Pineda Herrera.