EL OCASO DEFINITIVO DEL EXPRINCIPE ANDRES
EL OCASO DEFINITIVO DEL EXPRINCIPE ANDRES lejos del Royal Lode ¿ SABÍA CARLOS III LO QUE VENÍA? LA DESCLASIFICACIÓN DEL ARCHIVO EPSTEIN REVELA UNA SUMISIÓN PERSONAL QUE OBLIGA AL DUQUE A UN RETIRO FORZADO, MIENTRAS LA PRESIÓN DE DOWNING STREET ABRE LA PUERTA A UNA DECLARACIÓN INÉDITA EN ESTADOS UNIDOS. POR ROMMY BUCHHOLZ S. EL PASADO 27 DE ENERO, DESPOJADO YA DE SUS TÍTULOS TÍTULOS Y CON EL DESALOJO DE ROYAL LODGE COMO SENTENCIA SENTENCIA FIRME, Andrés Mountbatten-Windsor fue captado cabalgando por Windsor junto a su familia.
Aquella estampa de normalidad doméstica fue el último preludio antes de que la desclasificación de tres millones de documentos del Departamento de Justicia de EE.UU. (DOJ) situara nuevamente al hijo de Isabel II en el epicentro de un escándalo incontenible. La defensa del duque se ha basado en la cronología trazada en su entrevista de 2019 con la BBC. Andrés afirmó entonces que su vínculo con Jeffrey Epstein terminó definitivamente en 2010, tras viajar a Nueva York para romper la amistad personalmente.
Ante la pregunta de si existió contacto posterior, su respuesta fue tajante: “No. 2010 fue el fin, eso fue todo”. Con esa declaración, estableció un límite temporal que la nueva evidencia técnica ha desmantelado por completo. LA EVIDENCIA DE LOS TRES MILLONES DE FOLIOS Aunque Andrés sostuvo que 2010 marcó el cierre de la relación, los registros del DOJ exponen intercambios bajo el alias The Duke con fecha posterior.
En uno de ellos, Epstein le informa de su estancia en Londres junto a un grupo de mujeres y le sugiere una reunión que las incluya, para “añadir algo de vida”. Los archivos confirman que, tras este contacto, Andrés invitó al financiero al Palacio de Buckingham.
A este rastro se suman tarjetas navideñas enviadas en 2011 Y un mensaje donde el duque llega a describirse como alguien que desearía ser “una mascota” en su familia, exponiendo una intimidad que invalida su versión oficial. Sin embargo, el hallazgo más perturbador es una fotografía inédita. En la imagen, Andrés aparece apoyado sobre manos y rodillas, inclinado sobre una mujer recostada en el suelo; una captura de carácter íntimo e inusual, que fractura definitivamente la narrativa de distanciamiento. A esto se añade el testimonio de una segunda mujer que N LIJ -j LIJ. EL OCASO DEFINITIVO DEL EXPRINCIPE ANDRES en Windsor, producto del escándalo. Según fuentes cercanas fue trasladado a Marsh Farm mientras se acondiciona Wood Farm como domicilio definitivo. relaciones con el duque, quien la habría “entretenido” con un recorrido por Buckingham. Según reveló la BBC, la denunciante tenía 20 años en aquel momento, situando por primera vez una agresión dentro de una residencia oficial de la Corona. EL FACTOR FERGUSON: SOMBRAS EN EL CÍRCULO ÍNTIMO El impacto de los archivos también alcanza a Sarah Ferguson. Aunque en 2011 calificó su vínculo con Epstein como un “terrible error de juicio” tras recibir un préstamo de él, los nuevos documentos revelan una realidad distinta. En sus mensajes, lo describe como un “amigo generoso y supremo”; llegando a enviarle frases como “eres una leyenda” o “cósate conmigo” en agradecimiento.
Incluso, en marzo de 2010, condicioné una visita a Nueva York con una frase que hoy incendia los tabloides británicos y la prensa internacional: “Debo esperar a que mi hija regrese de un fin de semana de revolcón”. En ese momento, Eugenia tenía 19 años. Esta lealtad, que llevó a Epstein a registrar que Sarah fue declaró haber sido enviada a Londres por Epstein para mantener. EL OCASO DEFINITIVO DEL EXPRINCIPE ANDRES la primera en celebrar su libertad en 2009, se fracturó en septiembre de 2011.
En un último intercambio registrado, Sarah le recrimina haberse enterado por The Duke del nacimiento de su hijo, un dato que los investigadores analizan como una posible palabra clave al no existir registros de descendencia del financiero. “Me quedó clarísimo que solo eras mi amigo para llegar a Andrés. Y eso realmente me dolió profundamente”. La secuencia no solo expone que los tres seguían conectados, sino que confirma que Sarah era plenamente consciente de su rol como puente hacia el entorno de Windsor. La lectura de los especialistas apunta a que el impacto para Sarah no se proyecta, al menos por ahora, en el plano judicial, sino en un deterioro profundo de su posición pública. Mirko Suzarte Skarica, historiador y abogado, experto en monarquismos contemporáneos y creador de @elmonarquista, sostiene que mientras no surjan pruebas que la sitúen como cómplice activa de los delitos, el escenario legal permanece estable. Sin embargo, para el también académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, la familiaridad y el respaldo constante que Ferguson brindó a Epstein a través de los años han destruido cualquier margen de confianza institucional. A su juicio, el mensaje institucional ya habría sido transmitido con claridad desde la jefatura de la Corona. “Con la degradación nobiliaria de Andrés, Carlos III ha dejado claro que su hermano y Sarah no tienen espacio alguno en la Familia Real. La pregunta queda abierta para sus hijas, Beatriz y Eugenia, que si bien no son working royals, llevan una agenda propia con causas que patrocinan. Su cercanía y conexión con el monarca y el príncipe de Gales parece que aún no se ha quebrado”. EL EFECTO INSTITUCIONAL INMEDIATO La filtración detonó una respuesta inmediata.
El 3 de febrero, el príncipe Eduardo rompió el hermetismo real al ser consultado y señalar que es “importante recordar a las víctimas”. Mientras, ese mismo día, se anunciaba el cierre de Sarahs Trust, la fundación de Ferguson. Esta decisión se suma a la pérdida de patrocinios que la exduquesa enfrenta desde fines de 2025, tras revelarse nuevos nexos con el financiero. La presión sobre Andrés también terminó por sellar su destino habitacional. Carlos III aceleró su salida de Royal Lodge. Según fuentes cercanas, el duque fue trasladado de madrugada a Marsh Farm mientras se acondiciona Wood Farm, en Sandringham, como su domicilio definitivo. Este traslado nocturno y la pérdida de privilegios han llevado a diversos analistas a cuestionar si la Corona actuó con información privilegiada.
Para Suzarte Skarica, la vehemencia de Carlos III al despojar a Andrés de sus títulos a finales del año pasado sugiere que el monarca se anticipé al escándalo: “Me parece ingenuo pensar que la Casa Real no haya contado con información previa; las decisiones se adoptaron sabiendo lo que venía.
Los británicos son conocidos por sus servicios de inteligencia y uno podría especular que el monarca fue alertado de la tormenta que venía”. Bajo esta lectura, la degradación del duque no fue una reacción al azar, sino una maniobra de contención diseñada antes de que los tres millones de folios vieran la luz. ¿EXILIO O REPLIEGUE DEFINITIVO? En paralelo al reordenamiento interno, ha comenzado a instalarse la hipótesis de que Andrés podría abandonar el Reino Unido para establecerse en Oriente Medio ante un escrutinio mediático insostenible.
El historiador ve posible este escenario solo si existe una presión directa del monarca, pues el duque representa un flanco abierto que desvía la atención del trabajo real y genero una contradicción con las causas que patrocino la Casa Real.
“La presencia de Andrés permite la especulación constante sobre su aparición en actividades oficiales como el Trooping the Colour o Ascot Sin embargo, no lo imagino partiendo por cuenta propia; sus acciones muestran que es reacio a alejarse de los círculos monárquicos y salir del país sería, de algún modo, reconocer finalmente su conexión con Epstein”, señala el académico.
LA PRESIÓN POLíTICA PARA COLABORAR La dimensión del caso ha escalado hasta el 10 de Downing Street en Londres, donde el primer ministro Keir Starmer sugirió que Andrés debería prestar declaración ante el Congreso de Estados Unidos. Para el abogado, este movimiento sería inédito. El académico sostiene que el duque solo asistiría bajo presión del gobierno laborista. “Conociendo la torpeza de Andrés, sería un acto muy coreografiado donde probablemente negociaría su inmunidad diplomática. Habría incluso una ironía histórica en el hecho de que un expríncipe británico se presente ante el Congreso de un territorio que alguna vez estuvo bajo la soberanía de la Corona”, concluye el analista. Más allá de los hitos recientes, el caso ha entrado en una fase de revisión permanente que trasciende los titulares inmediatos. La publicación de los tres millones de documentos es solo el inicio de un escrutinio mayor. Mientras el entorno de Andrés lo insta a cooperar con las autoridades estadounidenses por una cuestión de conciencia personal, la crisis para la monarquía británica está lejos de concluir. La posibilidad de que nuevos correos electrónicos y testimonios vean la luz asegura que el destino del expríncipe seguirá ligado, de forma inevitable y prolongada, a las sombras de Jeffrey Epstein...