Editorial: Una violencia que permea en el país
Editorial: Una violencia que permea en el país a sociedad chilena evidencia estar inmersa en una grave espiral de violencia que está permeando diversos espacios de convivencia cotidiana.
Los recientes episodios registrados al interior de los L recintos escolares, marcados por serias amenazas de tiroteos y riñas a partir del homicidio de una inspectora en la comuna de Calama, sumados a la inaceptable agresión sufrida por la ministra de Ciencia en Valdivia, dan cuenta de un clima álgido y preocupante. Estos hechos configuran un escenario crítico que altera la paz del país entero. Si bien la violencia de hoy responde a un fenómeno netamente multicausal, resulta del todo imposible analizar este complejo escenario sin remontarse a hechos que marcaron un punto de inflexión estructural. En este sentido, no se puede dejar de lado aquel recordado episodio del año 2008, cuando una estudiante le arrojó un jarrón con agua a la entonces ministra de Educación. Aquel acto, que en su momento generó un extenso debate, operó como una fractura visible en el respeto básico que se debe mantener hacia las autoridades de turno. Desde esa época en adelante, el país transitó por un proceso de deterioro institucional paulatino.
En medio de discursos que fueron relativizando el uso de la fuerza física y la intimidación, validando estas prácticas incluso como un método legítimo de acción política, el cerco del mutuo respeto se fue corriendo de manera sostenida. La condena a la violencia dejó de ser una convicción transversal para condicionarse al contexto, instalando la perniciosa idea de que agredir a otro resulta justificable bajo ciertas consignas de corte ideológico. Hoy, los síntomas cotidianos indican de forma indesmentible que la sociedad está enferma. Por ello, ya es el momento de frenar la violencia con total determinación desde todas las instituciones del Estado. Se debe sentenciar, mediante la aplicación estricta de las normas vigentes, que toda acción tiene consecuencias ineludibles para quien la comete. Recuperar la paz social requiere de voluntad política. De lo contrario, si persiste la impunidad, el cerco se seguirá corriendo hasta dañar nuestra democracia. El país exige límites hoy mismo.. Los episodios que se repiten en los colegios y el ataque a una ministra dan cuenta de un fenómeno mayor en la sociedad. Editorial