Autor: JUAN PABLO TORO
El costo de la indiferencia: El futuro de Europa se sigue jugando en Ucrania
El costo de la indiferencia: El futuro de Europa se sigue jugando en Ucrania A punto de cumplirse cuatro años de la invasióna gran escala de Rusia a Ucra y les capitales europeas revela una realidad preocupante: en Londres, Madrid, París y Roma, la guerra ha desaparecido de las portadas de los diarios y de los noticieros.
AUNQUE ES POSIBLE reconocer la Tía, un recorrido por las principafatiga que produce una situación en apariencia estancada ciertamente no para los ucranianos bajo una lluvia constante de misiles y drones rusos, es necesario recordar que se trata, en esencia, de un conflicto sobre el futuro del orden mundial basado en reglas. Después de todo, Rusia, el país con mayor superficie del mundo, no necesita más territorio. El Presidente Vladimir Putin jamás ha dejado dudas de que busca elevar el estatus de su país mediante la destrucción de la arquitectura de seguridad europea. Por eso, la invasión desatada el 24 de febrero de 2022 se asumió, en su momento, como una amenaza existencial al pacífico e institucional modo de vida del Viejo Continente. SI BIEN EL APOYO de los gobiernos europeos a Kiev persiste, hoy se profundizan las divergencias: la determinación de polacos y bálticos choca con las críticas húngaras.
Esto, a pesar de la evidencia sobre sabotajes rusos en territorio de la Unión Europea (UE) y el Reino Unido, que incluyen ciberataques, cortes de cables submarinos, incendios intencionales, uso de drones para interrumpir el tráfico aéreo y daños a infraestructuras críticas. También existen distintas apro4 OPINIÓN j ximaciones hacia Estados Unidos. Mientras Alemania e Italia apuestan por mantener una relación de trabajo con la administración Trump, Francia insiste en empujar a la UE hacia una razonable, pero lejana, autonomía estratégica.
Todo esto sucede justo cuando se profundizan las dudas sobre la voluntad de Washington de ir a la batalla por un socio de la Alianza Atlántica, a menos que ocurra un ataque descarado, distinto a la guerra híbrida que actualmente libra el Kremlin. EN EL FONDO, parece haber un cambio en los objetivos del apoyo a Ucrania.
Si en principio se buscaba ayudarla a liberar el territorio ocupado y destruir la capacidad militar rusa para eliminar la amenaza sobre Europa, ahora la ambición parece limitarse a que el país resista otro invierno hasta alcanzar un acuerdo de paz digerible.
El problema es que, bajo este escenario, Putin se saldría con la suya a costa de Ucrania y tendría un incentivo para su próxima incursión (¿ Groenlandia?). Europa aún necesita tiempo suficiente para convertirse en un actor geopolítico sustancial, ya que las capacidades militares no se adquieren de la noche a la mañana (ni ejército común ni industria). Hoy, el bloque observa desde afuera la discusión sobre las esferas de influencia que redibujan EE.UU., China y la propia Rusia. LA SITUACIÓN ES DOBLEMENTE PREOCUPANTE: Por el futuro de Ucrania, como bastión de resistencia en sí mismo y ante la arremetida de Rusia contra las democracias. Y por el proyecto europeo, cuyo debilitamiento por presiones externas y divisiones internas degrada a Occidente en su conjunto. Un lugar al cual América Latina pertenece por historia, lenguaje, instituciones y cultura. Frente a este complejo escenario, países como Chile deben redoblar la apuesta por sus socios europeos y mantener el respaldo a Kiev como una política de Estado inquebrantable en materia de relaciones exteriores. Si las olvidamos, es más probable que las guerras se repitan. Juan Pablo Toro es analista geopolítico Autor: JUAN PABLO TORO. EN LAS ÚLTIMAS SEMANAS, Rusia ha redoblado sus ataques sobre Ucrania.