Autor: ELENA IRARRÁZABAL SÁNCHEZ
“Yo situaría al Presidente Kast EN UNA SINTONÍA CONSERVADORA”
“Yo situaría al Presidente Kast EN UNA SINTONÍA CONSERVADORA” ZEÁBEPILEF ELENA IRARRÁZABAL SÁNCHEZ H ace solo algunos años, había que buscar con lupa a alguien en Chile que se definiera como “conservador”. “Durante décadas, la voz conservador se restringió a los anaqueles de la bibliotecas, pocos se atrevían a autodefinirse así.
Pero creo que el estallido social rompió ese silencio”, comenta Cristián Garay, doctor en Estudios Americanos y profesor titular del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile La evolución del conservadurismo ha sido analizada por distintos historiadores chilenos, pero no siempre su trayectoria completa. “En general, no se ha abordado como un conjunto, sino por fases, episodios, temas o ideas. Pero autores como Sofía Correa, Enrique Brahm, Teresa Pereira y el mismo Ricardo Krebs, que fue mi profesor, han dilucidado dimensiones importantes del Partido Conservador”, comenta Cristián Garay. El actual director del Magíster en Estudios Internacionales de la Usach recorre en su nuevo libro la historia y aconteceres del partido, pero también sus conceptos matrices.
“Creo que uno de los factores que distorsionaron la mirada analítica del Partido Conservador fue analizarlo en función del auge y crecimiento de la Falange y la Democracia Cristiana (DC) y no en sí mismo”, explica.
Como historiador, Garay se centra en su publicación en los hechos del pasado (incluidas abundantes notas y documentos), pero también se allana a responder preguntas más actuales, en la mismísima semana del cambio de mando presidencial. José Antonio Kast se ha definido como un católico político y no un político católico. De alguna forma, ¿se le puede considerar como una continuación del pensamiento conservador, pero adecuado al siglo XXI? “Al Presidente yo lo situaría en una sintonía conservadora, más que nacionalpopulista o de extrema derecha radical. A él se le puede adjudicar, sin descrédito alguno, lo de Dios-Patria-Familia, propio del conservantismo. En Kast persisten temas conservadores anteriores a 1966, cuando la confianza de las derechas chilenas pasó desde la Iglesia al Estado nación y sus instituciones armadas.
La idea de que la sociedad se construye histórica y no conceptualmente, así como el pesimismo acerca de la naturaleza humana y la necesidad de leyes y correctivos, son plenamente conservadoras”. Algunos hablan de un revival portaliano, que llega con Kast. “Las ideas son más que los estilos políticos. En ese sentido, Portales importa más como símbolo o interpretación del orden. Las llamadas ideas de Portales o su decálogo se emparentan con una generación y con el empirismo, sus ideas eran sólidas, pero reducidas y funcionales, entre ellas la majestad del Estado. Ciertamente, su distancia a la Iglesia no es la del Presidente Kast. Su visión civilista no está tampoco en relación con las ideas que hoy se tienen sobre la actuación de las Fuerzas Armadas. También hay que recordar que el régimen portaliano fue un régimen de leyes que proporcionaron Egaña y Bello. Tal vez la idea del orden y el gradualismo, de cierta templanza en nuestro desarrollo político, a lo Burke, puede que esté más de actualidad.
Y los temas de la identidad”. Las obviedades ¿ No es Kast, más bien, parte de una corriente internacional, de derecha o “extrema derecha”, como dicen algunos? “Veo cierto desajuste en situar procesos que son mundiales sin ninguna cortapisa empírica hacia Chile, sin entender las especificidades de nuestro modo de ser. Se le aplica el marco conceptual y analítico de las derechas populistas europeas y no se consideran las especificidades idiosincrásicas del chileno o su experiencia histórica concreta.
Kast no solo estil í s t i c a m e n t e n o e s Milei ni Trump, sino que hay ciertos condicionamientos surgidos desde la historia y la sociedad chilena que son diferentes”. Carlos Peña ha criticado la pobreza intelectual de los discursos del Presidente Kast, que estarían “plagados de lugares comunes”. ¿Concuerda? ¿ Percibe alg ú n r a s g o d e desconfianza Próceres Entre los “patriarcas” del partido y del pensamiento conservador, Cristián Garay cita a Manuel José Irarrázaval, “a quien podríamos calificar como exponente del catolicismo liberal, junto con Zorobabel Rodríguez, otro importante intelectual”. También menciona a Eduardo Cruz-Coke, “senador, científico, hombre de temas del futuro y socialcristiano”. Según Garay, en el partido hubo una “cohorte de personalidades y pensadores, como Abdón Cifuentes, que buscan ser políticos católicos en la sociedad de fines del XIX y en el XX. Era gente de muchas lecturas y viajes, eso matizaba su pensamiento, además del contacto estrecho con el pensamiento católico mundial.
No es extraño que hayan desembocado en temas educativos y en la constitución de la Universidad Católica de Chile, la gran obra que deja la mirada conservadora en Chile, como muchos señalan”. “También fue relevante Héctor Rodríguez de la Sotta el más heterodoxo de los conservadores y Sergio Fernández Larraín, quien impulsó el retorno a las raíces hispanas”, dice Garay.
“El conservadurismo chileno tuvo una relación ambivalente con España, por conflictos como la Independencia y la Guerra contra España (186566). El hispanismo se insertó en la colectividad desde 1890 y se consolida con personajes como Jaime Eyzaguirre, Osvaldo Lira y Mario Góngora, que posiblemente habrían discutido el calificativo de conservadores. Pero no Sergio Fernández Larraín, inconmovible en sus convicciones”. Garay escribió muy joven un estudio sobre el Partido Agrario Laborista.
“Ahí pensaba que el Partido Conservador necesitaba una nueva historia en base a su evolución y capacidad de sobrellevar crisis”. ELIHCNOTA / SANRETSICNÁITSABES OTOSNÁITSIRC hacia el mundo de las ideas, que se refleja en los discursos de Kast? “Bueno, entiendo que el campo de discusión de Peña es otro. Pero creo que hay cierto prejuicio analítico al señalar que el ambiente intelectual conservador es un campo vacío, de eso nos hemos alimentado por décadas. Razonar teóricamente es una forma, pero también hay un razonamiento práctico. La política a veces es el lugar de la obviedad, porque la poesía no alcanza para la vida diaria. Hay presidentes intelectuales y otros poco intelectuales, lo que importa es que sean eficaces.
La figura del rey filósofo es encomiable, tal como la del rey santo, pero a veces queremos simplemente un presidente que gobierne, sea obedecido y sea mesurado y práctico gobernando de acuerdo a ciertos cánones de moralidad”. Ese “despertar” tras el estallido, ¿no es más bien un rechazo a algo, antes que la adherencia a cierto pensamiento conservador? “Creo que la conmoción de poner en cuestión la identidad de Chile fue lo suficientemente fuerte para que se iniciara una revalorización teórica de qué era la chilenidad, de que Chile ni se crea ni se inventa.
Antes del estallido domina una reflexión tecnocrática o liberal, que ha sido desplazada, en algunos entornos, por discusiones más esencialistas, en centros de estudios, grupos y editoriales que se definen en la búsqueda de nuevas perspectivas acerca de cómo nos organizamos y definimos.
Y hoy planteamientos conservadores han pasado de sectores de clase media alta y alta a sectores medios y bajos, que tienen otros arraigos, tanto en el mundo rural y de regiones, como en el ambiente evangélico.
Dejó de ser un planteamiento asociado per se al catolicismo”. Anglosajones y franceses En la trayectoria del Partido Conservador aparecen distintas tendencias o facciones. ¿Hay algunos “mínimos comunes” en su evolución histórica? “El Partido Conservador es un sujeto histórico colectivo y complejo, pero sigue una línea maestra que es su inspiración católica. Y hay elementos profundos o ideas que subyacen, quizás por influencia francesa y, más lejana, británica.
El conservadurismo cree en la imperfectibilidad de la persona, en la existencia de un orden sobrenatural, en un paso progresivo y gradual hacia el orden, en la idea de que la sociedad se estatuye por un conjunto de sociedades menores. Como dice Roger Scruton, implica centrarse más en el nosotros, porque es en lo concreto donde la sociedad se construye, en el tiempo y en la tradición, y no se inventa una y otra vez. Y un conservador valorará siempre la tríada Dios-PatriaFamilia, en distintos contextos y desafíos, como hoy, cuando se desintegra la familia clásica”. Usted habla de una influencia anglosajona y luego francesa en el Partido Conservador. “El período de gestación del pensamiento del partido, antes de su constitución concreta, tiene mucha influencia anglosajona. La fase de madurez del partido es, en cambio, tributaria del pensamiento católico francés, no solo político, sino también teológico. De ahí nace su catolicismo social, su crítica ambivalente a la economía liberal, su alianza con los liberales al final.
El conservadurismo a lo Burke se cuela desde la experiencia estanquera, y eso hace del conservadurismo chileno que también apueste por el progreso ideal liberal y el orden”. La “buena prensa” Los distintos debates que experimenta el Partido Conservador a través del tiempo son tratados en el libro de Garay.
Se abordan corrientes como el ultramontanismo, la Falange, el modernismo, el americanismo, el socialcristianismo y el hispanismo, y sus principales figuras. ¿Influyen estos conflictos en el ocaso del partido? ¿ Y cuánto le pesa su identificación con la clase alta? “El Partido Conservador no fue solo una montonera de liderazgos, porque siempre estaba la Iglesia ahí ejerciendo su rol inspirador. Tampoco fue solo un partido de notables.
En su cúspide estaba, por cierto, la élite social, pero no solo ella: estaba el mundo católico, aquello que una autora con agudeza describió como el mundo parroquial, católicos que estimaban necesario proyectar eso en la vida pública. Otros prefirieron la distancia al Estado y su inmersión en las sociedades intermedias como sindicatos, mutuales, sociedades.
Y hubo algunos que abandonaron el partido para ser católicos públicos fuera de la organización partidaria”. ¿Qué rol juega El Diario Ilustrado en el desarrollo del partido? “En un principio, no había departamento de propaganda en el partido, pues se estimaba que las personas que nacían en un ambiente conservador iban a adherir a ese pensamiento. Los cambios del siglo XX pusieron en cuestión este aserto y se empezó a hacer difusión de los ideales. Ahí la prensa tuvo una gran importancia, existía la idea de la buena prensa católica. En ese marco, El Diario Ilustrado fue un medio de prensa importante, que innovó en términos de diagramación e imágenes.
Constituyó una escuela de periodistas conservadores y fue parte de una red de periódicos, entre ellos el diario La Unión de Valparaíso, otro foco intelectual”. 1966-1973-2020 “El conservadurismo político chileno aceptó tesis liberales, convivió con ellas, pero también, en la medida de lo posible, rechazó los aspectos anticatólicos. Fue un partido moderado, republicano, civilista, legalista y que aceptó los ideales de democracia representativa.
Si bien en los años 30 temió la democracia de masas, lo compensa, en cambio, con su discurso sobre la participación política de la mujer”, explica. ¿Fue un partido antimilitarista? “Dada la importancia de la ley en el ordenamiento conservador, el objetivo de inhibir revueltas militares fue un eje que venía desde Portales. Había respeto por las Fuerzas Armadas, pero el eje de la sociedad era la Iglesia. Ahora, desde fines del 69 en las derechas chilenas predomina la exaltación de las Fuerzas Armadas y el rechazo al marxismo, en ese período el único tema conservador fue el rechazo de la ENU. Tras el 73, tampoco las ideas conservadoras son relevantes. Más bien se integran en el discurso antipartidos. En realidad, la voz conservadora se recupera desde 2020”. El partido superó varias crisis, pero no sobrevivió cuando la Iglesia Católica le quita su apoyo y se lo da a la DC. “Como partido, la organización conservadora demostró que podía superar las crisis una y otra vez, hasta que la Iglesia definitivamente favorece a la Democracia Cristiana. Un partido fundado por la Iglesia perdía su razón de fe si el estamento eclesiástico cambiaba su teología y prefería otro. Algo que no ocurrió en otras crisis, como la controversia por la Ley de Defensa de la Democracia de González Videla, que erosiona la disciplina y base partidaria, pero no acaba con el partido. El partido se fue extinguiendo de a poco cuando dejó de ser útil a la Iglesia Católica en la defensa de sus ideales”. En Kast persisten ciertos temas conservadores. Ideas como que la sociedad se construye históricamente, el pesimismo sobre la naturaleza humana y la necesidad de leyes y correctivos, son plenamente conservadoras”. Como dice Scruton, el conservantismo implica centrarse más en el nosotros. Es en lo concreto donde la sociedad se construye, en el tiempo y en la tradición. No se inventa una y otra vez”. El Partido Conservador chileno, 1857-1966 Resiliencia organizativa, tendencias internas y conflictos doctrinarios Cristián Garay Editorial Bicentenario 450 páginas, $23.000. Autor: ELENA IRARRÁZABAL SÁNCHEZ. La travesía del partido conservador chileno —desde 1857 a 1966— es abordada en el nuevo libro del investigador y profesor de la Usach, quien analiza desde sus tendencias internas hasta su resiliencia. También el sustrato de ideas que lo sustenta y su actualidad. ¿Se puede hablar hoy de un resurgimiento del pensamiento conservador en Chile? ENTREVISTA Cristián Garay, historiador y académico: ‘‘En Kast persisten ciertos temas conservadores.
Ideas como que la sociedad se construye históricamente, el pesimismo sobre la naturaleza humana y la necesidad de leyes y correctivos, son plenamente conservadoras”. ‘‘Como dice Scruton, el conservantismo implica centrarse más en el ‘nosotros’. Es en lo concreto donde la sociedad se construye, en el tiempo y en la tradición. No se inventa una y otra vez”. El Partido Conservador chileno, 1857-1966 Resiliencia organizativa, tendencias internas y conflictos doctrinarios Cristián Garay Editorial Bicentenario 450 páginas, $23.000.
“La figura del rey filósofo es encomiable, tal como la del rey santo, pero a veces queremos un presidente que gobierne, sea obedecido y sea mesurado y práctico, gobernando bajo ciertos cánones de moralidad”. “La figura del rey filósofo es encomiable, tal como la del rey santo, pero a veces queremos un presidente que gobierne, sea obedecido y sea mesurado y práctico, gobernando bajo ciertos cánones de moralidad”. Celebración de los 50 años del Diario Ilustrado, con una portada especial.